Literatura

RECUERDOS


 

RECUERDOS

 

 

Los amigos, la Quintana, o Galo ‘Ouro, la juventud en demasía, la vida en clara evolución por aquellas calles de tenue luz y niebla. Así recuerdo Santiago, la lluvia melancólica que abrazaba las rudas piedras de la catedral, los ojos azules de ella.

Aquellos amigos de la Quintana, con sus guitarras en ristre, con sus melenas al viento, porque éramos los progres de la ciudad, hacíamos de la realidad un cúmulo de hechos y circunstancias para adaptarla a nosotros mismo y eso estaba bien, éramos felices por ello, “al menos así lo creíamos”.

Recuerdo tantas y tantas horas, las que pasamos sentados en los bancales de la plaza, cantando, en la dulce agonía del invierno, las canciones revolucionarias de Víctor Jara, de Paco Ibáñez, e incluso, de mi ahora amigo, Amancio Prada: “Campanas de Bastabales, cando vos oio tocar, mórrome de soidades”.

Una lágrima era un mundo donde anochecía el amor. Un beso era el otro mundo, donde amanecía.

¡Ay, aquellos amigos de la Quintana! Todo era vida, allí venía ella, allí venía el mundo, que pasaba lento sobre los calendarios de Santiago en aquellos años de los 70. ¡Qué recuerdos!


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