Literatura

COLEGIO JUVENTUD


 

COLEGIO JUVENTUD

 

En aquella época el colegio Juventud era de nueva construcción, tenía en su primera planta un gran cocherón donde jugaban los niños en días de lluvia, en el segundo piso te encontrabas de frente las clases y, a la izquierda, tenía la dirección. Todas las mañanas salía de mi casa hasta llegar a al centro educativo. No estaba muy lejos, 250 metros, calculo yo, aunque llegar hasta el colegio lo podía hacer por dos lugares, una por la cuesta del Vedor, calles antiguas con casas de grandes cristaleras muy típicas de Galicia en aquella época, la otra más moderna llena de fábricas y edificios recientes. Cuando dabas la vuelta a una esquina lo advertías; no llamaba la atención apenas por nada, fachada simple y típica, salvo por el gran cartelón que anunciaba su nombre: Colegio juventud.

 

Entrar en clase por primera vez, recuerdo una luz blanca entrando por las ventanas que se posaba en los pupitres del fondo, alumnos que te miraban con curiosidad, mi paseo hacía el pupitre vacío que me indicaba el maestro. Siéntate, José, y yo, avergonzado, tomaba mi asiento en el mismo centro de la clase.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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