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Se pasa de creer en El Ratoncito Pérez a Creer en Cofidis.

viernes, 1 de junio de 2018

 

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Siempre os digo que una de las principales características de la adolescencia es que viven en una perpetúa paradoja, un “sí pero no” continúo. Los adolescentes se creen mayores e intentan vivir como tales, pero en el fondo son “niños”. Niños que necesitan de sus padres, de las reglas y de un control, porque en muchas ocasiones las cosas se le van de las manos.

Os voy a contar una historia para que entendáis esto de que esos adolecentes, que a veces os parecen tan adultos, son unos niños.

Esta es la historia de una  adolescente, que va por la vida diciendo que es mayor y adulta ,  insiste en que es más madura que sus compañeros, que sabe lo que hace y lo que quiere. Vamos, el típico discurso de adolescente “rebelde sin causa”, que vuelve locos a sus padres.  Bueno, pues a esta adolescente, que es tan madura, el otro día no se le ocurrió otra cosa que llamar a Cofidis y pedir un minicrédito , para hacer una compra en AliExpress.

Lo mejor fue la llamada en si, , no os creáis que fue una llamada de esas de hacerse pasar por una persona mayor de edad, o algo similar.  Si no que fue una llamada, en serio, en la que expuso clara y directamente sus intenciones, que no eran otras que pedir 500 euros para gastar a lo loco la web de Ali Express , y llenar “a tope” ese carrito de los deseos., que te dan en dicha página para hacer tu compra. Pero lo mejor fue la contestación de la teleoperadora de Cofidis que sin anestesia, le dijo que por muy madura, que fuera, , no dejaba  de ser menor de edad y que para esto de pedir dinero , pues lo mismo que para beber o fumar hay que tener 18 años. Ella lo cuenta indignada, y alega a su favor que cuando quiere fumar, pues fuma, aunque sólo tenga 16 años y si necesita 500 euros, porque no se los va a dejar Cofidis , si en su publicidad  dice que deja dinero,

Mientras ella me contaba esto, llena de indignación y de razón , yo sólo podía pensar :  “¡Ay, adolescente mía!, no sabes cuan engañosa es la publicidad, y dura la vida”, mientras me reía hacía dentro, en plan “sexo tántrico”.

 

Este es sólo un ejemplo de lo que os digo siempre:  “No os dejéis engañar por esa aparente madurez de nuestros hijos adolescentes”, porque en el fondo siguen siendo niños que ahora ya no creen en el Ratoncito Pérez pero si en Cofidis.

Marta Está Harta

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