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Archivo para junio, 2018
miércoles, 27 de junio de 2018

¡Pues sí , no sé cocinar!

Pues sí señores, ¡no sé cocinar!. Tengo que reconocerlo , los fogones no son lo mío y esto es todo un problema en estos tiempos que corren. Porque hoy en día si en tu lista de “aficiones” no está la de cocinar, entre por lo menos las cinco primeras, no eres nadie. Si en tu RRSS no presumes de recetas fáciles y vistosas y si no sabes que es el cilantro , entonces eres una rara y una desfasada.

Cansada estoy de oír frases tipo : ” si esta receta es facilísima” , “si esto lo haces en 15 minutos”, ” ¿sigues comprando el caldo de pollo en tetra brick ? “. Frases, que van acompañadas e caras de estupefacción , como si no saber hacer unas croquetas fuera algo gravísimo , casi tan grave como no saber leer. Y es que a día de hoy el “arte de la gastronomía” es tan popular , que todo el mundo ha descubierto que como poco lleva un Arguiñano dentro , aunque los hay que se vienen arriba y se creen Ferrá Adriá. En fin,  confesar que no sabes cocinar , o más bien que no te interesa la cocina es muy poco cool, y hasta me atrevería a decir que esta muy mal visto. Hay que cocinar , hay que ver MasterChef , hay que tener un cocinero Estrella Michelin de cabecera y hay que probar de todo, ese es el laitmotiv de la “cocinofilia”.

Pero , seamos francos ,  no puede ser que a todos nos guste cocinar, como en todo habrá muchos amantes de la cocina y otros tantos amantes de las fotos molonas de platos de comida . A mi nunca se me ha dado bien la cocina ,  ni de hija, ni de estudiante , ni de soltera estupenda, y no iba a obrarse el milagro el día que me hice madre y más aún siendo una madre cuarentañera, que no está para mucho aprendizaje. Así que ese karma , que colocó una adolescente rebelde en mi vida para que supiera lo que era ser madre y lo que mi pobre madre había sufrido conmigo. Ese mismo puso un cocinero en mi vida para que mi hija pudiera comer sopa y guisos caseros. Y es que el karma, igual que la naturaleza,  es sabio y sabe muy lo que se hace.

 

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Marta Está Harta

jueves, 14 de junio de 2018

¡Mamá todos pueden menos yo!

 

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No hace falta que os cuente que cuando tienes hijos eso de la rutina y el orden desaparecen de tu vida , a cambio inicias una vida llena de emociones y si tus hijos están en la franja de edad de entre 12 y 18 años , ya ni os cuento. Porque vivir con un adolescente es estresante y agotador , pero también realmente divertido, porque,  como ya os dije en más de una ocasión, a través de tu hij@ vives una segunda adolescencia , pero esta vez desde una cabeza más vieja y sabia.

Y todo este preámbulo para hablar de esos adolescentes que llevan contando las mismas cosas a lo largo de la historia , ¿sabéis que los romanos ya escribían sobre sus adolescentes? ¿ y que sus quejas no distaban mucho de la de cualquier madre cuarentañera del SXXI?.

Hoy  voy a hablar de esos hijos e hijas que se quejan porque: “todos pueden hacer muchas más cosas que ellos y tú eres una madre o padre “chungo” que te estás cargando su vida social” (palabras textuales). Seguro que a todas os suena estás palabras que vuestros hijos sueltan por la boca , cada vez que les dices que no a sus disparatadas ideas como las de salir toda la noche , ir a las hogueras de la ciudad de al lado, traer al novio a casa o pasar un finde de camping con las amigas , aunque sólo tenga 16 años.. Su principal argumento es que “todos lo hacen”, todos duermen con sus novios, todos salen, todos tienen su tarjeta de crédito, todos van de festivales, y todos son libres  menos tu pobre hij@, que es un  “paria social” por tu culpa. Y sino le crees, pregunta a otras madres, te suelen retar, y  cuando  llamas a otra madre y esta desmiente “la teoría del todos” y  se solidariza contigo reafirmando tus horarios. Entonces es que esa madre quiere quedar bien contigo y miente, porque su hija puede pasar tres días de botellón y nadie le dice nada y eso lo sabe muy bien tu hijo, que lo sabe todo.

Y pueden estar con este discurso día y noche , como martillo pilón para ver si consiguen lo que quieren o por convencimiento o por agotamiento, pero la idea es salirse con la suya . Y lo peor, es que suelen conseguirlo porque las madres ( malasmadres) y los padres ( buenospadres) no estamos preparados para el martillo pilón y estamos demasiado cansados para entrar en el cuerpo a cuerpo, y ellos lo saben . Saben que con esta táctica hay un 70% de posibilidades de conseguir lo que quieren y un 30 % de que sus padres se pongan  “chungos” de verdad y la cosa acabe mal. Por lo que, sopesado el riesgo, se lanzan cuan kamikazes, y a los padres solo nos queda una estrategia:  la de “paciencia y resistencia” , o la de “ponerse chungos de verdad” , pero esa conlleva muchos daños colaterales y un gran desgaste emocional, yo os recomiendo la paciencia, aunque entiendo que en muchas ocasiones la que sale es de la chungueria.

Sé que pensaréis que siempre os digo lo mismo, que tanta historia para recomendar dosis de paciencia. Pero no olvidéis que la paciencia es la madre de todas las ciencias:

 

Marta Está Harta

viernes, 1 de junio de 2018

Se pasa de creer en El Ratoncito Pérez a Creer en Cofidis.

 

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Siempre os digo que una de las principales características de la adolescencia es que viven en una perpetúa paradoja, un “sí pero no” continúo. Los adolescentes se creen mayores e intentan vivir como tales, pero en el fondo son “niños”. Niños que necesitan de sus padres, de las reglas y de un control, porque en muchas ocasiones las cosas se le van de las manos.

Os voy a contar una historia para que entendáis esto de que esos adolecentes, que a veces os parecen tan adultos, son unos niños.

Esta es la historia de una  adolescente, que va por la vida diciendo que es mayor y adulta ,  insiste en que es más madura que sus compañeros, que sabe lo que hace y lo que quiere. Vamos, el típico discurso de adolescente “rebelde sin causa”, que vuelve locos a sus padres.  Bueno, pues a esta adolescente, que es tan madura, el otro día no se le ocurrió otra cosa que llamar a Cofidis y pedir un minicrédito , para hacer una compra en AliExpress.

Lo mejor fue la llamada en si, , no os creáis que fue una llamada de esas de hacerse pasar por una persona mayor de edad, o algo similar.  Si no que fue una llamada, en serio, en la que expuso clara y directamente sus intenciones, que no eran otras que pedir 500 euros para gastar a lo loco la web de Ali Express , y llenar “a tope” ese carrito de los deseos., que te dan en dicha página para hacer tu compra. Pero lo mejor fue la contestación de la teleoperadora de Cofidis que sin anestesia, le dijo que por muy madura, que fuera, , no dejaba  de ser menor de edad y que para esto de pedir dinero , pues lo mismo que para beber o fumar hay que tener 18 años. Ella lo cuenta indignada, y alega a su favor que cuando quiere fumar, pues fuma, aunque sólo tenga 16 años y si necesita 500 euros, porque no se los va a dejar Cofidis , si en su publicidad  dice que deja dinero,

Mientras ella me contaba esto, llena de indignación y de razón , yo sólo podía pensar :  “¡Ay, adolescente mía!, no sabes cuan engañosa es la publicidad, y dura la vida”, mientras me reía hacía dentro, en plan “sexo tántrico”.

 

Este es sólo un ejemplo de lo que os digo siempre:  “No os dejéis engañar por esa aparente madurez de nuestros hijos adolescentes”, porque en el fondo siguen siendo niños que ahora ya no creen en el Ratoncito Pérez pero si en Cofidis.

Marta Está Harta