Cambio

| Sin comentarios

Podríamos decir que la única constante en la vida es el continuo cambio al que estamos sometidos día a día. No podemos parar el tiempo. En cada segundo algo dentro y fuera de nosotros cambia. Sin embargo, en ocasiones actuamos como si parar el tiempo sí estuviese en nuestra mano. Tenemos miedo, muchos miedos. Miedo a lo que fue y ya no será, a la perdida, a envejecer, a no encontrar lo que deseamos, a lo que vendrá, a tener nuevas rutinas donde no nos sintamos cómodos, nuevos hábitos, trabajos, parejas, etc… Pero, queriendo o no, con miedo o sin él, hay momentos y situaciones en la vida que se presentan sin más, que sin pedir permiso llegan y se manifiestan sin que tengamos opción a decidir. Quizás eso sea precisamente en lo que consiste aquello a lo que llamamos VIVIR. La vida es un cambio permanente al que muchas veces nos cuesta demasiado dejar fluir, aceptar y adaptarnos a las nuevas circunstancias que se presentan ante nosotros.

Y es que somos animales de costumbres. Nuestro cerebro se lleva muy mal con todo lo nuevo, lo desconocido, lo que se nos escapa de control, lo ambiguo. Al parecer, este no parece ser un “mal” demasiado reciente, ya que si tiramos de sabiduría popular, esta visión de la vida parece acompañarnos a los seres humanos desde hace mucho tiempo. Y sino miremos de cerca al refranero español para darnos cuenta lo mucho que nos cuesta soltar lo viejo y aceptar un cambio. ¿Os suena el famoso refrán de “Más vale malo conocido que bueno por conocer”? Curioso lo que se recoge en tan pocas palabras y lo mucho que dice sobre nuestra naturaleza. ¿Preferimos la comodidad y seguridad de lo conocido aunque nos aleje del bienestar a la incertidumbre de lo que vendrá aunque pueda ser mejor?, ¿Tanto nos cuesta, tanto miedo nos produce lo nuevo, lo desconocido? Parece ser que en ocasiones es así. Necesitamos certezas para sentirnos seguros, cuando en realidad no las hay. Es humano y todo ese miedo está ahí  para decirnos que tengamos precaución y nos cuidemos ante terrenos desconocidos e inexplorados. No obstante, si nos quedamos a este lado de la orilla, no sabremos lo que nos espera al otro lado del puente que no nos atrevemos a cruzar. ¿Y si lo que está por venir es algo mágico, maravilloso?, ¿Realmente no hay marcha atrás si los planes no salen como esperábamos?, ¿Qué es lo peor que podría pasar si nos atrevemos a vivir con el corazón, tal y como lo sentimos en cada momento?

Todo lo que hoy nos resulta “familiar”, “nuestro”, “cómodo”, “conocido” y nos transmite confort, un día fue también esa otra orilla del puente que no nos atrevíamos a pasar. Fue en su momento ese lado que a priori nos parecía algo tenebroso, oscuro y lleno de arenas movedizas. Sin embargo, hoy mucho de todo ello se a convertido en CASA, HOGAR, es hoy el lugar donde habitamos con costumbre y tranquilidad. Quizás entonces eso de adaptarnos a los cambios solo sea una cuestión de tiempo, de no dejarnos bloquear por el miedo, de abrazar nuestra vulnerabilidad y permitirnos dar pequeños pasos hacia lo que en ese preciso instante deseamos.

Y es que no podemos olvidar que por mucho que nos cueste abrirnos al cambio, el cambio es aquello que nos permite aprender, conocernos y descubrir el significado de lo llamamos VIVIR. Gracias a los cambios que elegimos y también a los que no escogemos, CRECEMOS ¿Y qué más le podemos pedir a la vida si no es crecer?, ¿No crees?.


“Todo cambia; nada es.”

Heráclito


Deja un comentario

Los campos requeridos estan marcados con *.