¿Conoces la Comunicación No Violenta? Aprende a comunicarte de manera consciente y construye relaciones sanas

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“Comunicar”. Es asombroso como una sola palabra puede incluir tantos matices y aspectos en cuanto a interacción se refiere. El universo de la comunicación humana es tan amplio como maravilloso. Es imposible no comunicar. Lanzamos mensajes continuamente, incluso a veces sin querer hacerlo o sin ni siquiera llegar a abrir la boca. Nuestra forma de movernos por el mundo, nuestra apariencia, nuestros gestos, nuestro tono, nuestra mirada y nuestras palabras comunican…. Sin embargo, en ocasiones, no somos conscientes del valor e impacto real que tienen cada una de nuestras palabras ni de la huella que dejan en nuestras relaciones humanas.

¡Qué importante es ser consciente de lo que hacemos o decimos y con qué facilidad dejamos de serlo en nuestro día a día, especialmente cuando nos “dejamos llevar” por nuestras emociones y no actuamos desde nuestro cerebro integrado! No obstante, cuando SÍ somos capaces de poner atención en nuestros actos comunicativos, queda al descubierto el poder transformador que estos tienen. Y es que no podemos olvidar que nuestras palabras son precisamente el traje que le ponemos a nuestros pensamientos, de ahí la importancia que tiene el saber “vestirlas para cada ocasión”.

Por esta razón, hoy quiero hablarte de la Comunicación No Violenta (CNV), un modelo de comunicación creado en los años sesenta por Marshall Rosenberg, psicólogo norteamericano, quien define la CNV como “el proceso comunicativo en que nuestras palabras se convierten en palabras conscientes de lo que percibimos, sentimos y deseamos, en lugar de obedecer simplemente a respuestas automáticas”

Como veremos a continuación, la Comunicación No Violenta es más que una simple estrategia de comunicación eficaz, ya que es también una forma de establecer relaciones  humanas que nos permite abordar los conflictos a través de una comunicación respetuosa que consiga que todas las partes implicadas salgan beneficiadas. Una de las grandes herramientas que aporta este modelo es enseñarnos a romper esos hábitos comunicativos que muchas veces tenemos adquiridos cuando nos comunicamos de manera automática y casi sin pensar lo que estamos diciendo, ya sea a nivel interno o externo, cayendo con muchísima facilidad y frecuencia en el uso de generalizaciones “todo el mundo, nadie, siempre, nunca…”, en etiquetas “bueno, malo, positivo, negativo…”, descalificaciones, juicios, sentencias o frases lapidarias que pesan como lozas cuando, tras pasar el momento de enfado o conflicto inicial, observamos y nos damos cuenta del resultado negativo fruto de nuestras acciones y hábitos verbales ineficaces e inconscientes.

Para ello, a grandes rasgos, Marshall Rosenberg nos explica dos estilos comunicativos  muy distintos, a los que denomina “Lenguaje Chacal vs Lenguaje Jirafa”. Y es que, como el psicólogo apunta, un “Lenguaje Chacal” es el que estaría lleno de calificativos y etiquetas, juzga duramente su propio comportamiento y niega la responsabilidad de sus decisiones. Sin embargo, un “Lenguaje Jirafa” se caracterizaría por evitar dicotomías entre lo “correcto” y lo “incorrecto”, por conectar con las emociones propias y las de los demás, pedir a las personas lo que necesitan sin juicios ni exigencias y tener en cuenta las necesidades ajenas para establecer estrategias es las que ambas partes sientan tener dichas necesidades satisfechas.

Para entrenar nuestro “Lenguaje Jirafa”, la CNV nos propone seguir 4 pasos esenciales en este proceso comunicativo:

  1. La observación de actos concretos que afecten a nuestro bienestar.
  2. Reconocer cómo nos sentimos con lo que observamos.
  3. Reconocer qué necesidad hay detrás u origina ese sentimiento que tenemos.
  4. Manifestar qué acciones concretas pedimos a nuestro interlocutor para enriquecer nuestra vida, teniendo en cuenta que una petición nunca puede confundirse una exigencias. Por lo tanto ,tenemos que estar abiertos a aceptar un “NO” por respuesta.

Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que para realizar un proceso de Comunicación No Violenta efectivo es necesario que no solo pongamos atención en nuestras palabras y expresemos de forma honesta estos 4 componentes que hemos señalado previamente, sino que también resulta esencial necesario llevar a cabo una recepción empática de los mismos para lograr un proceso exitoso y positivo.

En definitiva, como todas las personas hemos podido experimentar a lo largo de nuestra vida, la comunicación humana es un recurso básico y muy poderoso a la hora de construir relaciones interpersonales sanas, respetuosas y positivas. De aquí la necesidad de poner el foco en observar cómo lo hacemos, cuáles son nuestros hábitos y estilos comunicativos, qué estamos consiguiendo con ellos y, desde esta autoevaluación, buscar  a posteriori nuevas fórmulas y herramientas comunicativas que nos ayuden a nutrir nuestras relaciones familiares, laborales, de pareja o de amistad desde la conexión real que todo ser humano desea y necesita ¿Te animas a probarlo?.

Si quieres conocer un poco más sobre este tema, te recomiendo que lees el libro de Marshall Rosenberg “Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida” (2016) 3ª edición”. Te aseguro que no te dejará indiferente 😉


“Toda violencia es el resultado de personas que se engañan a sí mismas para creer que su dolor proviene de otras personas y que, en consecuencia, esas personas merecen ser castigadas por ello.”

Marshall Rosenberg

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