7 maneras de ayudar a los niños a desarrollar hábito de estudio sin caer en la confrontación

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Muchas veces el momento de hacer los deberes o estudiar se convierten en una auténtica pesadilla y en un tema de confrontación entre padres, madres e hijos/as. Como adultos, queremos que nuestros niños/as desarrollen el sentido de la responsabilidad y que muestren autonomía y motivación interna a la hora de querer aprender y cumplir con sus tareas escolares. Sin embargo, no podemos perder de vista que ese pensamiento es precisamente un deseo nuestro y el hecho de que a nosotros nos preocupe como adultos no significa que ellos/as tengan las mismas prioridades o que entiendan nuestro punto de vista desde su perspectiva de niños/as o adolescentes. Es entonces en esos momentos cuando aún cobra más importancia el tomar consciencia de que la forma en la que nosotros -los adultos- gestionemos esas preocupaciones y “deseos” va a influir de forma directa en los resultados que obtengamos y en las relaciones familiares que establezcamos con nuestros hijos/as desde la infancia. En otras palabras, según el modo en el que abordemos ese “reto”, podremos ayudarles a desarrollar hábitos de estudios saludables en los que la motivación propia, la confianza en sí mismos y la cooperación sean valores que estén presentes en su vida o, por lo contrario, lo que le estaremos enseñando será a hacer o no hacer las cosas simplemente por miedo a ser castigados o por el interés de conseguir algo a cambio.

Es por esta serie de razones que desde el enfoque que seguimos los educadores de Disciplina Positiva tenemos muy claro que ni castigar ni premiar son en absoluto las mejores herramientas para que los niños/as desarrollen hábitos de estudios en los que se sientan realmente motivados y asuman sus responsabilidades sin caer en luchas de poder con sus padres/madres.

Si miramos más allá de la superficie que es el comportamiento humano y nos esforzamos por entender qué puede motivar a una niña/o a no querer hacer los deberes, podremos darnos cuentas que son numerosas y variadas las creencias (atendiendo a la teoría de las metas erradas del psiquiatra y educador R. Dreikurs) que estén originando ese comportamiento por parte del niño/a o adolescente. Por un lado, podría ser que el niño/a sintiese que negándose a hacer los deberes o a estudiar consigue la atención de sus padres y, por tanto, actuando de este modo, siente que así al menos le prestan la atención que necesita. Por otro, un niño/a puede estar negándose a estudiar porque se siente herido, ya que en algún momento pudo integrar la creencia de que a su familia solo le importaban sus notas y no él. Por tanto, busca con este comportamiento que se le valide su sentimiento y liberar el daño que en cierto modo considera que se le ha causado.

Otras razones que se esconden detrás de este tipo de conductas pueden ser que el niño/a se sienta incapaz de enfrentarse a esa tarea por sí solo y que para él/ella la situación sea algo demasiado grande que no sabe cómo abordar sin ayuda o, incluso, puede que su negativa a querer estudiar sea una simple búsqueda de “poder” en el sentido de que necesite que le den opciones, que se escuche su opinión al respecto y que todo no le venga impuesto. Es por ello que, como podéis comprobar, si observamos únicamente la conducta (el rechazo del niño/a a querer estudiar o hacer sus deberes) nos estamos olvidando de una parte fundamental a la hora de poder ayudarles a romper esa creencia errónea que le puede estar llevando a actuar así, ya que no estaríamos atendiendo realmente su necesidad.

Por esta razón, desde el enfoque de la Disciplina Positiva, te invito a ir un paso más allá y a poner en práctica nuevas formas de abordar este tipo de retos tan frecuentes en las familias con herramientas que sí te pueden ayudar a que tu hijo/a poco a poco vaya sintiéndose más autónomo, confiado y motivado sin necesidad de caer en castigos o premios que solo funcionan a corto plazo y no tienen en cuenta la raíz y causa del comportamiento. Vamos a descubrirlas:

  1. Muestra empatía: muchas veces los niños no tienen motivación para estudiar porque sencillamente están cansados después de una larga jornada en el colegio ¿Y quién no lo estaría, verdad?, ¿A caso a nosotros como adultos nos apetece llevarnos trabajo extra para casa casi a diario después de estar 8 horas en el trabajo? Validar las emociones de los niños/as y entenderlas no significa excusar su conducta, sino conectar con su mundo y permitirles sentirse tal y como se sienten para que desde ese terreno abonado con la esencia de la empatía podamos reparar y construir una solución juntos desde la calma.
  2. Planificar juntos los tiempos y cread una tabla de rutinas: para desarrollar hábitos necesitamos orden en nuestra vida. Los niños/as y adolescentes tienen su propio ritmo y eso es algo natural. Por ello, es importante que conozcan de antemano a qué se van a “enfrentar” durante su jornada para que así no les coja por sorpresa y poco a poco sean conscientes de sus tareas sin que como adultos tengamos que repetirles todo el rato lo que tienen que hacer. Para ganar su colaboración, cread juntos una tabla de rutinas en la que, tras negociar con ellos/as cuándo es el mejor momento del día para hacerlo o el tiempo que necesitan para ello, incluyamos en la tabla un espacio temporal que dediquemos al estudio y las tareas escolares.
  3. Hazle preguntas que lo impulsen a la acción e implícalo en la búsqueda de soluciones: cuando las cosas nos vienen impuestas, seamos adultos o niños/as, no nos resulta tan fácil el querer colaborar. Sin embargo, si nuestra opinión es tenida en cuenta, si se nos pregunta en vez de darnos órdenes y si se nos implica en cómo podemos hacer las cosas, nuestra necesidad de contribuir y pertenecer se ven satisfechas, provocando que nuestra motivación crezca y seamos más propensos a querer cooperar.
  4. Evita etiquetas y enfócate más en el aliento y no tanto en el halago:“eres un vago”, “siempre eres igual de irresponsable” este tipo de frases lapidarias provocan lo que en psicología de denomina el “Efecto Pigmalión”, al que ya hemos hecho mención en otras entradas del blog. Las etiquetas encasillan y hacen que las personas nos comportemos como los demás esperan que lo hagamos según la etiqueta que nos han impuesto. Por esta razón, resulta imprescindible desterrarlas de nuestro vocabulario lo antes posible. Además, a la hora de usar el “refuerzo positivo”, con la intención de motivar a nuestros hijos/as o alumnos/as, es fundamental que no solo pongamos el foco en el resultado conseguido o en cómo nosotros nos sentimos con lo que ellos/as han logrado, ya que alabando estamos fomentando una dependencia a la aprobación o evaluación externa. Sin embargo, resulta mucho más respetuoso y saludable el nutrir su motivación interna con frases donde el aliento, y no solo la alabanza, estén presentes. Es decir, donde pongamos sobre la mesa el cómo ellos se sienten con lo que han conseguido y el esfuerzo que les ha supuesto llegar ahí.
  5. No le rescates: cuando hacemos algo por un niño/a que él/ella es capaz de hacer  por sí mismo/a, aunque le lleve más tiempo y esfuerzo, le estamos privando de la oportunidad de entrenar una habilidad, de aprender de sus posibles errores en un contexto seguro y de formar creencias sobre sí mismo/a en las que se sienta capaz y válido. Enséñale paso a paso cómo se hace, pero no lo hagas por él/ella. Ten paciencia para acompañarle sin juzgar ni evaluar. Simplemente guíale con amabilidad y firmeza el tiempo que necesite para que poco a poco adquiera nuevas competencia respetando sus ritmos de aprendizaje.
  6. Ayúdale a encontrar su elemento: cada persona es única y diferente. Todas y todos tenemos algo que aportar. Muchas veces nos centramos en las debilidades o “limitaciones” que tienen nuestros niños/as y ponemos toda nuestra energía y esfuerzo en intentar eliminarlas de raíz y conseguir que estén en la “media”. Es verdad que si esa “debilidad” nos impida avanzar (como, por ejemplo, el hecho de suspender una asignatura no nos permite pasar de curso) es necesario ayudarle a superarla para que llegue a los mínimos necesarios. No obstante, si nos paramos a pensar, puede tener mucho más valor el fomentar aquello que se les da bien, con lo que disfrutan y en lo que brillan casi de forma natural. Es decir, centrarnos en sus fortalezas. No todos tenemos el mismo talento, pero desde luego que todos tenemos al menos algo importante que aportar. Nuestro objetivo como educadores es ayudarles a descubrir precisamente cuál es su elemento, en qué destacan, dónde se sienten como pez en el agua para que así puedan seguir entrenando esa habilidad y ofrecer al mundo la mejor versión de sí mismos.
  7. Obsérvalo, conócelo y ayúdale a descubrirse: al igual que no todas las personas tenemos los mismos talentos, no todas aprendemos o procesamos la información de la misma manera. Existen distintos estilos de aprendizaje. Algunas personas son más visuales, otras más auditivas y otras aprender mejor a través del aprendizaje práctico y vivencial, tal y como ha demostrado la Programación Neurolingüística. Conocernos en este sentido a nosotros mismos es la base para poder sacarnos el máximo partido. Otro gran descubrimiento de la Neurociencia es que sin emoción no hay aprendizaje. Así que acompáñale a la hora de descubrir qué es lo que realmente le motiva más allá de sus intereses académicos e incorpora sus motivaciones a su forma de estudiar. Si es un apasionado de los cuentos, utiliza las historias para crear juntos nuevas formas de aprender la lección. Si le motivan los deportes, los video juegos o los videos de Youtube, ayúdale a llevarse esos recursos a su terreno a la hora de estudiar para que desde ahí tenga una mayor facilidad y ganas de aprender.

En definitiva, muchas son las recomendaciones generales, ya por todos conocidas, acerca de cómo crear un buen hábito de estudio -el respetar las horas de sueño y tener una alimentación equilibrada, el marcar tiempos de estudios y pausas regulares, el tener un espacio de estudio acondicionado donde tengamos el material que podamos necesitar, el planificar las asignaturas y deberes a corto, medio y largo plazo (con calendarios, agendas, etc.)-. Sin embargo, tan importante es seguir estas pautas o consejos como la actitud con la que lo hagamos, ya que el relacionarnos con nuestros hijos desde la conexión, como antesala a la corrección, es tan necesario y beneficioso como abonar el terreno para que se convierta en ese lugar fértil donde las plantas, que en cierto modo son nuestros hijos/as o alumnos/as, puedan crecer sanas y fuertes a nivel físico, pero también y, sobre todo, emocional.

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