Dos sencillas herramientas para mejorar la comunicación con tus hijos…

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Cuando pensamos qué necesitamos para cómo conseguir una comunicación efectiva, nos damos cuenta de que son muchos los factores implicados en el proceso. Sin embargo, lo que en un principio puede parecer demasiado complejo, se simplifica enormemente cuando conocemos recursos que nos permiten llevar a cabo de nuestra tarea desde la conexión y, sobre todo, pensando en los enormes beneficios que estas aportan a nuestras relaciones personales. 
Existen dos herramientas básicas de Coaching y Disciplina Positiva que nos ayudarán a alcanzar el tipo de comunicación que deseamos: a) la escucha activa y b) las preguntas de curiosidad.

Todo aquel que alguna vez haya experimentado la sensación de sentir que aquello que transmitía era recibido por su interlocutor de forma atenta, sin juicio y con la curiosidad necesaria para querer comprender realmente el mensaje del otro, sabe perfectamente que el pilar fundamental sobre el que se sustenta toda conversación efectiva empieza por una verdadera escucha. Escuchar de forma plena es una herramienta que no solo nos hace conectar en mayor medida con nuestro interlocutor, sino también nos permite entender de una forma mucho más amplia el modo en el que la otra persona percibe la realidad.

Pues bien, ¿qué ocurre cuando escuchamos realmente a nuestros hijos?

Es un hecho que no siempre contamos con el tiempo necesario para detenernos y escuchar a nuestros hijos con la atención que se merecen. No obstante, es esencial que busquemos momentos para cesar aquello que estemos haciendo y nos dediquemos exclusivamente a realizar una única acción: ESCUCHAR…  

Cuando escuchamos a los niños de forma activa, mirándoles a los ojos y sin introducir nuestro contenido en la conversación, les estamos haciendo sentir queridos, respetados, comprendidos y validados. Pero, además, los niños aprenden a encontrar soluciones por sí mismos cuando no le decimos todo el tiempo lo que tienen que hacer, sino que les brindamos el espacio necesario para ordenar sus pensamientos y transmitírnoslos. Te sorprenderá descubrir que los niños se abren mucho más cuando sienten que no son juzgados y no es el adulto quien toma las riendas de la conversación.

Pero, ¿es suficiente con escuchar de forma activa para comunicarnos de forma efectiva? Es verdad que sin escucha no hay comunicación, pero este es solo el primer paso. Son muchas las madres y padres que me comentan que al final del día acaban con la sensación de haber pasado toda la jornada dirigiéndose a sus hijos en imperativo. Órdenes, órdenes y más órdenes para que la rutina no se nos escape de las manos y entre todos podamos sacar el día adelante. Aquí es donde nuestra segunda herramienta cobra sentido, ¿y si probamos a dejar a un lado las instrucciones y usamos más las preguntas?

Para empezar, es importante saber que los mecanismos cerebrales que se activan cuando nos dirigen una pregunta no son los mismos que cuando se nos da una orden. Mientras que con las órdenes automáticamente se activa en nuestro cerebro la función del rechazo, con una pregunta, nuestra actividad cerebral se centra en la búsqueda de respuesta. Bien, teniendo en cuenta esta información, podemos comenzar a comprender cómo un pequeño recurso lingüístico marca la diferencia y nos acerca a nuestro objetivo comunicativo.

Las preguntas de curiosidad son herramientas que nos permiten implicar al niño en las decisiones y descubrir qué piensa y siente. Cuando involucramos a nuestros hijos a través del uso de preguntas y dejamos de ser nosotros los que le decimos todo el tiempo lo que tienen que hacer, les estamos empoderando a la vez que les permitimos reflexionar y fomentamos su capacidad de resolución de problemas. En definitiva, utilizando esta estrategia comunicativa les enseñamos cómo pensar en vez de lo que deben pensar.

No debemos olvidar que a través de prácticas como la escucha plena y las preguntas de curiosidad no solo conseguimos mejorar la comunicación con nuestros hijos, sino también estas nos ayudan a que los niños desarrollen su autoestima de forma sana. Además, estos recursos nos brindan la oportunidad de modelar con nuestro comportamiento habilidades que nos gustarían que ellos adquirieran como, por ejemplo, saber escuchar, ser resolutivos, etc.

Recuerda, puede que tu hijo no escuche el mensaje que quieras transmitirle, pero te garantizo que sí está observando continuamente cómo actúas y te comportas. No hay mejor manera de enseñar que mediante el modelar.

Marián Cobelas

www.mariancobelas.com


“El niño no aprende lo que los mayores dicen, sino lo que ellos hacen”

Baden Powell

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