24 abril, 2019
por Marián Cobelas
0 comentarios

¿Conoces la Comunicación No Violenta? Aprende a comunicarte de manera consciente y construye relaciones sanas

“Comunicar”. Es asombroso como una sola palabra puede incluir tantos matices y aspectos en cuanto a interacción se refiere. El universo de la comunicación humana es tan amplio como maravilloso. Es imposible no comunicar. Lanzamos mensajes continuamente, incluso a veces sin querer hacerlo o sin ni siquiera llegar a abrir la boca. Nuestra forma de movernos por el mundo, nuestra apariencia, nuestros gestos, nuestro tono, nuestra mirada y nuestras palabras comunican…. Sin embargo, en ocasiones, no somos conscientes del valor e impacto real que tienen cada una de nuestras palabras ni de la huella que dejan en nuestras relaciones humanas.

¡Qué importante es ser consciente de lo que hacemos o decimos y con qué facilidad dejamos de serlo en nuestro día a día, especialmente cuando nos “dejamos llevar” por nuestras emociones y no actuamos desde nuestro cerebro integrado! No obstante, cuando SÍ somos capaces de poner atención en nuestros actos comunicativos, queda al descubierto el poder transformador que estos tienen. Y es que no podemos olvidar que nuestras palabras son precisamente el traje que le ponemos a nuestros pensamientos, de ahí la importancia que tiene el saber “vestirlas para cada ocasión”.

Por esta razón, hoy quiero hablarte de la Comunicación No Violenta (CNV), un modelo de comunicación creado en los años sesenta por Marshall Rosenberg, psicólogo norteamericano, quien define la CNV como “el proceso comunicativo en que nuestras palabras se convierten en palabras conscientes de lo que percibimos, sentimos y deseamos, en lugar de obedecer simplemente a respuestas automáticas”

Como veremos a continuación, la Comunicación No Violenta es más que una simple estrategia de comunicación eficaz, ya que es también una forma de establecer relaciones  humanas que nos permite abordar los conflictos a través de una comunicación respetuosa que consiga que todas las partes implicadas salgan beneficiadas. Una de las grandes herramientas que aporta este modelo es enseñarnos a romper esos hábitos comunicativos que muchas veces tenemos adquiridos cuando nos comunicamos de manera automática y casi sin pensar lo que estamos diciendo, ya sea a nivel interno o externo, cayendo con muchísima facilidad y frecuencia en el uso de generalizaciones “todo el mundo, nadie, siempre, nunca…”, en etiquetas “bueno, malo, positivo, negativo…”, descalificaciones, juicios, sentencias o frases lapidarias que pesan como lozas cuando, tras pasar el momento de enfado o conflicto inicial, observamos y nos damos cuenta del resultado negativo fruto de nuestras acciones y hábitos verbales ineficaces e inconscientes.

Para ello, a grandes rasgos, Marshall Rosenberg nos explica dos estilos comunicativos  muy distintos, a los que denomina “Lenguaje Chacal vs Lenguaje Jirafa”. Y es que, como el psicólogo apunta, un “Lenguaje Chacal” es el que estaría lleno de calificativos y etiquetas, juzga duramente su propio comportamiento y niega la responsabilidad de sus decisiones. Sin embargo, un “Lenguaje Jirafa” se caracterizaría por evitar dicotomías entre lo “correcto” y lo “incorrecto”, por conectar con las emociones propias y las de los demás, pedir a las personas lo que necesitan sin juicios ni exigencias y tener en cuenta las necesidades ajenas para establecer estrategias es las que ambas partes sientan tener dichas necesidades satisfechas.

Para entrenar nuestro “Lenguaje Jirafa”, la CNV nos propone seguir 4 pasos esenciales en este proceso comunicativo:

  1. La observación de actos concretos que afecten a nuestro bienestar.
  2. Reconocer cómo nos sentimos con lo que observamos.
  3. Reconocer qué necesidad hay detrás u origina ese sentimiento que tenemos.
  4. Manifestar qué acciones concretas pedimos a nuestro interlocutor para enriquecer nuestra vida, teniendo en cuenta que una petición nunca puede confundirse una exigencias. Por lo tanto ,tenemos que estar abiertos a aceptar un “NO” por respuesta.

Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que para realizar un proceso de Comunicación No Violenta efectivo es necesario que no solo pongamos atención en nuestras palabras y expresemos de forma honesta estos 4 componentes que hemos señalado previamente, sino que también resulta esencial necesario llevar a cabo una recepción empática de los mismos para lograr un proceso exitoso y positivo.

En definitiva, como todas las personas hemos podido experimentar a lo largo de nuestra vida, la comunicación humana es un recurso básico y muy poderoso a la hora de construir relaciones interpersonales sanas, respetuosas y positivas. De aquí la necesidad de poner el foco en observar cómo lo hacemos, cuáles son nuestros hábitos y estilos comunicativos, qué estamos consiguiendo con ellos y, desde esta autoevaluación, buscar  a posteriori nuevas fórmulas y herramientas comunicativas que nos ayuden a nutrir nuestras relaciones familiares, laborales, de pareja o de amistad desde la conexión real que todo ser humano desea y necesita ¿Te animas a probarlo?.

Si quieres conocer un poco más sobre este tema, te recomiendo que lees el libro de Marshall Rosenberg “Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida” (2016) 3ª edición”. Te aseguro que no te dejará indiferente 😉


“Toda violencia es el resultado de personas que se engañan a sí mismas para creer que su dolor proviene de otras personas y que, en consecuencia, esas personas merecen ser castigadas por ello.”

Marshall Rosenberg

15 febrero, 2019
por Marián Cobelas
0 comentarios

¿Qué es realmente la Disciplina Positiva?

“Disciplina Positiva” un término que últimamente parece que vemos por todas partes o al menos con mayor frecuencia. Sin embargo, he de confesar que, como educadora de familias en Disciplina Positiva que soy desde casi ya 3 años, cada vez que imparto una charla o taller en el que participan familias o docentes, me encuentro con un montón de dudas o confusiones iniciales con respecto a qué es y que no es esta metodología educativa.

Es por ello que hoy quiero dedicar esta entrada del blog a aclarar ciertas cuestiones que considero que pueden ser de gran ayuda para todas aquellas mamás, papás o profes que sienten la curiosidad de descubrir en qué consiste exactamente la Disciplina Positiva, pero que al mismo tiempo puedan tener cierto “rechazo” causado muchas veces por el nombre de la misma o por el no saber de dónde viene esto que les puede parecer la típica “moda” de turno. Pues bien, empecemos si os parece justamente por ahí.

La Disciplina Positiva es una metodología educativa que cuenta con una trayectoria de más de 30 años. Esta metodología, cuyos antecedentes se remontan a los estudios de la Psicología Individual de Alfred Adler y que más tarde continuó desarrollando uno de sus discípulos, el psiquiatra y educador norteamericano R. Dreikurs allá por los años 20, nace, tal y como se conoce hoy, de la mano de 2 investigadoras y terapeutas americanas la Dra. Jane Nelsen y Lynn Lott, quienes en los años 80 diseñaron una serie de herramientas educativas basadas en los criterios que explicaremos a continuación y que compilaron a través de dos programas educativos (uno dirigido a familias y otro especialmente para aulas) denominados “Positive Discipline” y que, a día de hoy, ya se ha puesto en práctica en más de 60 países de América, Europa y Asia, entre otros.

No obstante, a pesar de esta larga trayectoria y los numerosos estudios científicos que avalan los resultados y beneficios que se obtienen tras educar a los niños y adolescentes a través de las herramientas de Disciplina Positiva, esta metodología llega a España hace relativamente poco tiempo, concretamente hace alrededor de 5 años. Es por ello que en los últimos tiempos ha habido un “boom” dentro de nuestras fronteras y eso nos puede llevar a pensar que estamos ante una moda pasajera más o algo que alguien se acaba de inventar, cuando la realidad es muy distinta, ya que como acabamos de comprobar, la trayectoria y el impacto de esta forma de educar es ya indiscutiblemente sólida.

Por otro lado, otro aspecto que en ocasiones provoca cierta confusión es el propio término “Disciplina Positiva”. Si bien es verdad que quizás no sea un nombre muy “atractivo o transparente” a la hora de que las personas entiendan qué hay detrás de esta metodología, esto se debe únicamente a que se trata de una traducción literal de su título en inglés “Positive Discipline”. Sin embargo, su nombre en español a veces hace que la palabra “Disciplina” puede acarrear una connotación un tanto negativa al asociarse “disciplina” a algo negativo o duro o cuando hablamos de “Positiva” nuestro marco de pensamiento nos lleva en ocasiones a pensar en que esto tiene que ver con el refuerzo positivo asociado a premios, cuando nada más lejos de la realidad, puesto que que uno de los grandes pilares de esta metodología es el poder educar sin castigos y también sin premios.

Para entender un poco mejor qué nos aporta esta metodología, vamos a pasar a explicar una de las grandes diferencias de la Disciplina Positiva en relación a otros métodos educativos y lo que para mí es desde luego la más importante aportación. Esta no es otra cosa que la gran oportunidad que nos brinda de entender qué hay más allá de la conducta o el comportamiento humano, especialmente del de los niños. Para ello, la forma más habitual que los autores de esta metodología usan para explicar este concepto es la metáfora del iceberg, que consiste en lo siguiente. Todos sabemos que lo que las personas vemos a simple vista en un iceberg es la punta de hielo que sobresale del agua (al igual que ocurre con el comportamiento de los niños, lo que vemos a simple vista es únicamente su conducta o comportamiento). No obstante, debajo de ese pico de hielo saliente se esconde la raíz del problema, un bloque de hielo de mayor magnitud que aunque no esté saliendo a flote en ese momento, es el causante de lo que sí podemos observar. Del mismo modo que ocurre con un iceberg, las conductas de los niños son provocadas por una necesidad o creencia que a simple vista muchas veces no se ve, pero que es muy necesario descubrir y atender, puesto que si solo nos quedamos con la superficie e intentamos abordar el comportamiento, simplemente estaremos poniendo un parche (como ocurre cuando usamos castigos o premios como herramienta educativa) lo cual funciona a corto plazo, pero sin duda no es para nada efectivo a largo plazo y, además, puede provocar que esa necesidad o creencia del niño que no está siendo atendida se enquiste y el comportamiento se magnifique.

Por esta razón fundamental y dado la importante que resulta atender qué hay detrás de la conducta, Jane Nelsen y Lynn Lott recogen 5 criterios de la Disciplina Positiva y crean un conjunto de 52 herramientas que cumplen a la perfección con los mismos. Estos son los siguientes:

  1. Es amable y firme al mismo tiempo (es decir, atiende las necesidades del niño y del adulto a la vez). Esto no quiere decir otra cosa que que esta metodología no cae en ser autoritaria (donde sólo se respeta las necesidades del adulto) ni tampoco permisiva (donde se atiende las necesidades exclusivamente del niño), por lo que ayuda a educar desde el ansiado equilibrio.
  2.  Educa a largo plazo. Como hemos explicado con anterioridad, no atiende solo a la conducta, sino a la raíz del “problema” por lo que desde luego que NO es una varita mágica para acabar con comportamientos indeseados de hoy para mañana, pero SÍ ayuda a que el aprendizaje sea efectivo a largo plazo y, sobre todo, a que los niños sean capaces de integrarlo no por miedo ni por interés, como sí ocurre con los premios o los castigos que solo atienden a la conducta.
  3. Ayuda a los niños a sentirse importantes (pertenencia y contribución).Esto quiere decir que, como seres sociales que somos, todas las personas necesitamos sentir que pertenecemos a nuestro grupo de referencia (el principal en la infancia es la familia) y que además buscamos la oportunidad de poder contribuir al mismo. Por lo tanto,  la corrección y los límites son aspectos fundamentales para que los niños crezcan equilibrados y seguros, pero para poder corregir de forma eficaz antes debemos conectar con ellos y con nosotros mismos para que los límites puedan ser respetuosos y educativos.
  4. Enseñan importantes habilidades de vida. La forma en la que educamos con Disciplina Positiva ayuda a que los niños desde edad temprana desarrollen competencias socio-emocionales fundamentales para su crecimiento personal como pueden ser: la comunicación respetuosa, la colaboración, la resolución efectiva de conflictos, la empatía, el respeto mutuo, la responsabilidad, etc.
  5. Ayuda a que los niños desarrollen sus capacidades y sean conscientes de ellas. Esta metodología educativa capacita y empodera a las personas, ya que les aporta herramientas útiles para relacionarnos de forma respetuosa con nosotros mismos y con los demás.

Pues bien, tras explicar a grandes rasgos cuál es el origen de la Disciplina Positiva, en qué se diferencia principalmente de los métodos educativos tradicionales y cuáles son las principales características y criterios de la misma, podemos concluir y dejar claro que  la Disciplina Positiva NO es en ningún caso:

  1. Una moda pasajera o algo que aparece de la nada.
  2. Una educación que solo tienen en cuenta las necesidades de los niños y por lo tanto es permisiva.
  3. Una metodología en la que la disciplina pueda ser entendida como poner límites irrespetuosos o castigar.
  4. Una varita mágica que funciona de hoy para mañana y acaba por arte de magia con los comportamientos que como adultos etiquetamos como “malos”.

En definitiva, desde luego que la Disciplina Positiva como cualquier otra metodología o modelo educativo no es la solución a todos los problemas del mundo, pero lo que sí puedo decir, desde mi opinión y experiencia personal y profesional, es que sin duda es una forma de estar en el mundo que te permite no solo educar sino relacionarte con tus hijos, con tu pareja, con tus amigos, familia, etc., de una manera siempre respetuosa, en la que se nutren las relaciones horizontales, en la que los errores son una parte importante del aprendizaje, en la que crecemos como personas desde la responsabilidad y no desde la culpa, y en la que nuestro ejemplo ayuda a los niños a comportarse desde la motivación intrínseca y no solo a través de evitar castigos o conseguir premios, o lo que es lo mismo, a dejar de actuar por miedo o por manipulación. La Disciplina Positiva no es para padres perfectos porque la realidad es que estos no existen, pero sí es para padres y educadores conscientes y comprometidos que saben lo intenso y complejo que es educar, pero que aún así están dispuesto a intentarlo y acompañar a sus hijos en su desarrollo socio-emocional mientras crecen y aprenden juntos a lo largo de la vida. Eso SÍ que es desde luego Disciplina Positiva 😉 

Espero haber aclarado un poquito más todas esas dudas que muchas veces tenemos y que son normales cuando algo nuevo empieza a sonar por ahí y por allá y que no sabemos muy bien de dónde sale. Si te ha gustado este enfoque educativo, te invito a que eches un vistazo a la página web de la Asociación Española de Disciplina Positiva en la que encontrarás el nombre de muchas compañeras que al igual que yo estamos certificadas en esta metodología y que impartimos charlas, talleres u ofrecemos asesoramiento educativo sobre este tema en distintas zonas a lo largo de España ¡Siempre seréis todas y todos bienvenidos/as!

*Fuente: Cómo educar con firmeza y cariño. Jane Nelsen. (Editorial Medici).

10 enero, 2019
por Marián Cobelas
0 comentarios

3 HERRAMIENTAS DE COACHING QUE TE AYUDARÁN A CONOCERTE MEJOR

¿Dirías que te conoces bien?, ¿Eres conscientes de cuáles son tus fortalezas, tus miedos, de dónde vienen tus creencias, qué motiva tus conductas, qué te hace cambiar de estado, qué despierta tus emociones o por qué te está costando tanto cambiar de hábitos? Conocerse a uno mismo es un viaje que no tiene punto final. Una vez que abres la puerta del autoconocimiento comprendes que no hay vuelta atrás, que has comenzado un camino intenso en el que se avanza y se aprende. Mirar hacia dentro y descubrirnos es el primer paso para poder empezar a comprender lo que ocurre fuera, pero no es un camino fácil. Adentrarse en la aventura de querer conocerse a uno mismo es de valientes. Sí, sí, hay que ser valiente para detenerse y querer mirar dentro de uno mismo, descubrir nuestras luces y aceptar también nuestras sombras, conocer nuestras creencias y cuestionarlas sin miedos ni culpas, sino desde la responsabilidad de querer cambiar aquello que no nos está ayudando a avanzar o a vivir desde la mejor versión de nosotros mismos.

Sin embargo, a pesar de que no resulta sencillo e incluso a veces puede llegar a ser hasta un poco incómodo, el poder indagar en nuestro interior nos abre un enorme abanico de posibilidades y aprendizajes. El conocernos bien a nosotros mismos, el comprender desde dónde estamos operando en nuestras acciones diarias, el reconocer qué es lo que estamos protegiendo muchas veces de forma inconsciente, el descubrir qué es lo que realmente nos motiva, cuáles son nuestros valores en estos momentos, etc., es la base en la que se sustentan todos los pilares que nos permiten establecer una relación sana, respetuosa y sólida con nosotros mismos y con las demás personas que nos rodean. Con frecuencia, las personas tenemos la tendencia a buscar razones a nuestros pensamientos, emociones o conductas en las circunstancias externas. Si algo ocurre o alguien dice o hace algo que nos irrita o nos hiere, solemos buscar fuera las razones de aquello que nos afecta, cuando, en realidad, la verdadera explicación está muchas veces dentro de nosotros mismos.

¿Cómo podemos trabajar en nuestro autoconocimiento?

Existen múltiples herramientas de Coaching que nos permiten profundizar en nuestro autoconocimiento. Y hoy quiero compartir contigo 3 de ellas: El análisis FOAR, La rueda de la vida y El listado de creencias para que, si quieres, desde la tranquilidad y comodidad de tu casa puedas comenzar a mirar dentro de ti y conectar con todos los recursos que tienes dentro.

1. El análisis F.O.A.R (Fortalezas, Oportunidades, Aspiraciones y Resultados):Este método está basado en el enfoque de la Indagación Apreciativa, una metodología fundada por David Cooperrider, que se aplica normalmente en el ámbito empresarial, pero que poco a poco está teniendo cada vez más fuerza y presencia en el contexto del desarrollo personal. Esta herramienta nos permite tomar consciencia y reflexionar desde un enfoque positivo sobre nosotros mismo, dejando de lado, aunque solo sea por un momento, nuestras debilidades y aquello que queremos mejorar, para así centrarnos mejor en nuestras fortalezas, aquello que se nos da bien y nos apasiona, qué habilidades y cualidades tenemos, qué oportunidades de mejora podemos encontrarnos, cómo podemos seguir desarrollando esas competencias que ya tenemos y desarrollar aquellas que queremos adquirir, cuáles son nuestras aspiraciones a corto, medio y largo plazo y qué resultados concretos queremos obtener. Sé específico y, sobre todo, cuando respondas a estas cuestiones piensa en qué evidencias tangibles tendrás para saber que habrás conseguido estos resultados. Te invito a que cojas lápiz y papel y te regales la oportunidad de responder a estas preguntas relacionadas con los 4 puntos que estamos trabajando (Fortalezas, Oportunidades, Aspiraciones y Resultados).

2. La rueda de la vida: Este es el punto de partida de muchos procesos de coaching. Esta clásica y sencilla herramienta nos permite hacernos una idea global de cómo estamos de satisfechos con las distintas áreas que conforman nuestra vida en estos momentos. Para hacerla solo tienes que dibujar un círculo y dividirlo en 8 partes. En cada una de ellas podrás poner los siguientes títulos: salud, economía, trabajo, ocio, relación de pareja o familia, amigos, desarrollo personal y entorno (el lugar donde vivimos). A continuación, te invito a reflexionar y pensar qué puntuación le pondrías a cada una de estas facetas de tu vida a día de hoy, justo en el momento presente, tomando como referencia un 10 si estamos muy satisfechos/as y 0 si no estamos nada satisfechos/as. ¿Qué puntuación le darías a cada área?. Cuando termines, mírala con perspectiva y pregúntate cómo ves esa rueda ¿está equilibrada o más bien descompensada?, ¿qué faceta te gustaría mejorar?, ¿qué primer paso puedes dar para conseguirlo?, ¿cómo crees que influiría en el resto de las facetas de tu vida el hecho de trabajar y mejorar esa área o áreas que actualmente ves más desequilibrada?.

3. El listado de creencias: Si quieres tomar consciencia sobre qué ideas, pensamientos o emociones desencadena en ti un determinado tema, te propongo un reto. Elige una palabra, la que tú quieras, por ejemplo: trabajo, amor, familia, maternidad, amistad, mujer, hombre, etc. Una vez elijas esa palabra, te propongo que apuntes 5 ideas que asocies a ese concepto que has elegido, lo primero que te venga a la cabeza al pensar en ello. Es decir, imaginemos que has escogido el término familia ¿qué significa para ti esa palabra?, ¿qué ideas asociadas a ese concepto te vienen casi sin pensarlo? Anótalas y, una vez las tengas escritas, léelas de forma consiente y piensa cómo esas ideas que tienes sobre lo que has elegido están influyendo en tu forma de ser y hacer en el día a día. Analiza de dónde pueden venir esas ideas que tienes sobre ese concepto ¿son ideas heredadas de la educación que has recibido de tus padres, se corresponden con estereotipos sociales, las personas con las que te relacionas con frecuencia piensan igual que tú sobre ese tema, qué piensas de alguien que opina todo lo contrario a ti con respecto a la idea que has elegido? El hecho de conocer nuestras creencias nos abre un enorme potencial hacia el camino del autoconocimiento. Tomar consciencia de cómo vemos el mundo y cómo ello nos influye en las decisiones que tomamos a diario sobre nosotros mismos, los demás y sobre la vida en general es la clave para poder crecer en nuestro desarrollo personal y poder cambiar aquello que no nos ayuda.

¿Qué te parecen estas herramientas de Coaching?, ¿Te animas a ponerlas en práctica? Te invito a que te hagas este regalo a ti mismo e inicies un apasionante y complejo viaje hacia el autoconocimiento. Sin duda, te garantizo que experimentarás un antes y un después en la relación contigo mismo/a y con los demás ¿te atreves? 😉

Si tienes interés en descubrir cómo un proceso de coaching puede ayudarte, pongo a tu disposición más información en el siguiente enlace: http://www.mariancobelas.com/que_es-coaching/

7 diciembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

«Mamá, papá, me aburro»

“Aburrimiento” emoción o estado anímico causado por una falta de estímulo. En la sociedad del hiperestímulo en la que hoy vivimos, no sería tan descabellado considerar el hecho de aburrirse casi como un privilegio. El tiempo parece ser un bien escaso ya desde la infancia, puesto que, al igual que los adultos de hoy, muchos niños y niñas cuentan con agendas semanales repletas de actividades que reflejan ritmos frenéticos. Lo que, en ocasiones, nos pude generar la “horrible” sensación de no saber qué hacer en estos momentos o espacios en los que no tenemos nada previamente concertado. Y, con esta sensación, habitualmente aparece la recurrente frase que todo padre y toda madre ha escuchado alguna vez: “me aburroooo ¿qué hago?”

Y ahí, en ese preciso instante es cuando puede ocurrir la magia. La magia de darles la oportunidad de que se aburran sin cargar en nuestra mochila la obligación de tener que ofrecerles siempre una opción, una alternativa que haga que disminuya su sensación de frustración al no saber muy bien cómo gestionar esa emoción de falta de estímulo. Entonces, ¿es positivo que los niños y niñas se aburran? Pues, depende, como bien dirían los gallegos.

Si gestionamos los momentos de aburrimiento como una gran oportunidad de explorar nuestras capacidades y de desarrollar nuestra imaginación y creatividad, desde luego que estamos ante algo muy especial y positivo. Cuando nos permitimos aburrirnos, nuestra habilidad de búsqueda de alternativas se dispara, al igual que las ganas de explorar e inventar. Es entonces cuando le abrimos la puerta a aquellas ideas que llevan un rato llamando, pero que no han podido entrar porque nos han encontrado ocupados consumiendo de forma pasiva un entretenimiento muchas veces carente de significado.

Sin embargo, al mismo tiempo, el aburrimiento no resulta de demasiada utilidad en aquellos contextos en los que necesitamos sentirnos motivados para estimular nuestra capacidad de aprendizaje. Ya que, como la neurociencia ha demostrado, solo existe aprendizaje cuando conseguimos emocionarnos, es decir, cuando estamos motivados. Por todo ello, la pregunta que planteo, más allá de etiquetas como “positivo” o “negativo” o juicios sobre lo que está “bien” o está “mal”, es sí como adultos estamos permitiendo y facilitando que nuestros niños y niñas experimenten el aburrimiento como un terreno fértil que les regala la oportunidad de explorar y desarrollar su creatividad para que puedan así encontrar lo que el gran pedagogo Francesco Tonucci define como “el juguete favorito”, que no es otra cosa que esa habilidad o talento especial que cada uno de nosotros poseemos y que a algunos nos puede llevar toda una vida descubrir.

En definitiva, dejemos que los niños y niñas busquen por sí mismos maneras y contextos efectivos para entretenerse de forma libre y autónoma, sin que los adultos tengamos que proporcionarles constantemente juegos, juguetes o dispositivos que solo les aporten una diversión efímera en la que su rol sea el de un espectador pasivo que únicamente consume estímulos. En su lugar, probemos a facilitarles la oportunidad de que descubran y exploren más juegos al aire libre, en los que tengan que interactuar con ellos mismos y con sus iguales sin la intervención constante de los adultos y en los que los únicos botones que tengan que activar sean los de su imaginación ¿Probamos?

7 diciembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

7 maneras de ayudar a los niños a desarrollar hábito de estudio sin caer en la confrontación

Muchas veces el momento de hacer los deberes o estudiar se convierten en una auténtica pesadilla y en un tema de confrontación entre padres, madres e hijos/as. Como adultos, queremos que nuestros niños/as desarrollen el sentido de la responsabilidad y que muestren autonomía y motivación interna a la hora de querer aprender y cumplir con sus tareas escolares. Sin embargo, no podemos perder de vista que ese pensamiento es precisamente un deseo nuestro y el hecho de que a nosotros nos preocupe como adultos no significa que ellos/as tengan las mismas prioridades o que entiendan nuestro punto de vista desde su perspectiva de niños/as o adolescentes. Es entonces en esos momentos cuando aún cobra más importancia el tomar consciencia de que la forma en la que nosotros -los adultos- gestionemos esas preocupaciones y “deseos” va a influir de forma directa en los resultados que obtengamos y en las relaciones familiares que establezcamos con nuestros hijos/as desde la infancia. En otras palabras, según el modo en el que abordemos ese “reto”, podremos ayudarles a desarrollar hábitos de estudios saludables en los que la motivación propia, la confianza en sí mismos y la cooperación sean valores que estén presentes en su vida o, por lo contrario, lo que le estaremos enseñando será a hacer o no hacer las cosas simplemente por miedo a ser castigados o por el interés de conseguir algo a cambio.

Es por esta serie de razones que desde el enfoque que seguimos los educadores de Disciplina Positiva tenemos muy claro que ni castigar ni premiar son en absoluto las mejores herramientas para que los niños/as desarrollen hábitos de estudios en los que se sientan realmente motivados y asuman sus responsabilidades sin caer en luchas de poder con sus padres/madres.

Si miramos más allá de la superficie que es el comportamiento humano y nos esforzamos por entender qué puede motivar a una niña/o a no querer hacer los deberes, podremos darnos cuentas que son numerosas y variadas las creencias (atendiendo a la teoría de las metas erradas del psiquiatra y educador R. Dreikurs) que estén originando ese comportamiento por parte del niño/a o adolescente. Por un lado, podría ser que el niño/a sintiese que negándose a hacer los deberes o a estudiar consigue la atención de sus padres y, por tanto, actuando de este modo, siente que así al menos le prestan la atención que necesita. Por otro, un niño/a puede estar negándose a estudiar porque se siente herido, ya que en algún momento pudo integrar la creencia de que a su familia solo le importaban sus notas y no él. Por tanto, busca con este comportamiento que se le valide su sentimiento y liberar el daño que en cierto modo considera que se le ha causado.

Otras razones que se esconden detrás de este tipo de conductas pueden ser que el niño/a se sienta incapaz de enfrentarse a esa tarea por sí solo y que para él/ella la situación sea algo demasiado grande que no sabe cómo abordar sin ayuda o, incluso, puede que su negativa a querer estudiar sea una simple búsqueda de “poder” en el sentido de que necesite que le den opciones, que se escuche su opinión al respecto y que todo no le venga impuesto. Es por ello que, como podéis comprobar, si observamos únicamente la conducta (el rechazo del niño/a a querer estudiar o hacer sus deberes) nos estamos olvidando de una parte fundamental a la hora de poder ayudarles a romper esa creencia errónea que le puede estar llevando a actuar así, ya que no estaríamos atendiendo realmente su necesidad.

Por esta razón, desde el enfoque de la Disciplina Positiva, te invito a ir un paso más allá y a poner en práctica nuevas formas de abordar este tipo de retos tan frecuentes en las familias con herramientas que sí te pueden ayudar a que tu hijo/a poco a poco vaya sintiéndose más autónomo, confiado y motivado sin necesidad de caer en castigos o premios que solo funcionan a corto plazo y no tienen en cuenta la raíz y causa del comportamiento. Vamos a descubrirlas:

  1. Muestra empatía: muchas veces los niños no tienen motivación para estudiar porque sencillamente están cansados después de una larga jornada en el colegio ¿Y quién no lo estaría, verdad?, ¿A caso a nosotros como adultos nos apetece llevarnos trabajo extra para casa casi a diario después de estar 8 horas en el trabajo? Validar las emociones de los niños/as y entenderlas no significa excusar su conducta, sino conectar con su mundo y permitirles sentirse tal y como se sienten para que desde ese terreno abonado con la esencia de la empatía podamos reparar y construir una solución juntos desde la calma.
  2. Planificar juntos los tiempos y cread una tabla de rutinas: para desarrollar hábitos necesitamos orden en nuestra vida. Los niños/as y adolescentes tienen su propio ritmo y eso es algo natural. Por ello, es importante que conozcan de antemano a qué se van a “enfrentar” durante su jornada para que así no les coja por sorpresa y poco a poco sean conscientes de sus tareas sin que como adultos tengamos que repetirles todo el rato lo que tienen que hacer. Para ganar su colaboración, cread juntos una tabla de rutinas en la que, tras negociar con ellos/as cuándo es el mejor momento del día para hacerlo o el tiempo que necesitan para ello, incluyamos en la tabla un espacio temporal que dediquemos al estudio y las tareas escolares.
  3. Hazle preguntas que lo impulsen a la acción e implícalo en la búsqueda de soluciones: cuando las cosas nos vienen impuestas, seamos adultos o niños/as, no nos resulta tan fácil el querer colaborar. Sin embargo, si nuestra opinión es tenida en cuenta, si se nos pregunta en vez de darnos órdenes y si se nos implica en cómo podemos hacer las cosas, nuestra necesidad de contribuir y pertenecer se ven satisfechas, provocando que nuestra motivación crezca y seamos más propensos a querer cooperar.
  4. Evita etiquetas y enfócate más en el aliento y no tanto en el halago:“eres un vago”, “siempre eres igual de irresponsable” este tipo de frases lapidarias provocan lo que en psicología de denomina el “Efecto Pigmalión”, al que ya hemos hecho mención en otras entradas del blog. Las etiquetas encasillan y hacen que las personas nos comportemos como los demás esperan que lo hagamos según la etiqueta que nos han impuesto. Por esta razón, resulta imprescindible desterrarlas de nuestro vocabulario lo antes posible. Además, a la hora de usar el “refuerzo positivo”, con la intención de motivar a nuestros hijos/as o alumnos/as, es fundamental que no solo pongamos el foco en el resultado conseguido o en cómo nosotros nos sentimos con lo que ellos/as han logrado, ya que alabando estamos fomentando una dependencia a la aprobación o evaluación externa. Sin embargo, resulta mucho más respetuoso y saludable el nutrir su motivación interna con frases donde el aliento, y no solo la alabanza, estén presentes. Es decir, donde pongamos sobre la mesa el cómo ellos se sienten con lo que han conseguido y el esfuerzo que les ha supuesto llegar ahí.
  5. No le rescates: cuando hacemos algo por un niño/a que él/ella es capaz de hacer  por sí mismo/a, aunque le lleve más tiempo y esfuerzo, le estamos privando de la oportunidad de entrenar una habilidad, de aprender de sus posibles errores en un contexto seguro y de formar creencias sobre sí mismo/a en las que se sienta capaz y válido. Enséñale paso a paso cómo se hace, pero no lo hagas por él/ella. Ten paciencia para acompañarle sin juzgar ni evaluar. Simplemente guíale con amabilidad y firmeza el tiempo que necesite para que poco a poco adquiera nuevas competencia respetando sus ritmos de aprendizaje.
  6. Ayúdale a encontrar su elemento: cada persona es única y diferente. Todas y todos tenemos algo que aportar. Muchas veces nos centramos en las debilidades o “limitaciones” que tienen nuestros niños/as y ponemos toda nuestra energía y esfuerzo en intentar eliminarlas de raíz y conseguir que estén en la “media”. Es verdad que si esa “debilidad” nos impida avanzar (como, por ejemplo, el hecho de suspender una asignatura no nos permite pasar de curso) es necesario ayudarle a superarla para que llegue a los mínimos necesarios. No obstante, si nos paramos a pensar, puede tener mucho más valor el fomentar aquello que se les da bien, con lo que disfrutan y en lo que brillan casi de forma natural. Es decir, centrarnos en sus fortalezas. No todos tenemos el mismo talento, pero desde luego que todos tenemos al menos algo importante que aportar. Nuestro objetivo como educadores es ayudarles a descubrir precisamente cuál es su elemento, en qué destacan, dónde se sienten como pez en el agua para que así puedan seguir entrenando esa habilidad y ofrecer al mundo la mejor versión de sí mismos.
  7. Obsérvalo, conócelo y ayúdale a descubrirse: al igual que no todas las personas tenemos los mismos talentos, no todas aprendemos o procesamos la información de la misma manera. Existen distintos estilos de aprendizaje. Algunas personas son más visuales, otras más auditivas y otras aprender mejor a través del aprendizaje práctico y vivencial, tal y como ha demostrado la Programación Neurolingüística. Conocernos en este sentido a nosotros mismos es la base para poder sacarnos el máximo partido. Otro gran descubrimiento de la Neurociencia es que sin emoción no hay aprendizaje. Así que acompáñale a la hora de descubrir qué es lo que realmente le motiva más allá de sus intereses académicos e incorpora sus motivaciones a su forma de estudiar. Si es un apasionado de los cuentos, utiliza las historias para crear juntos nuevas formas de aprender la lección. Si le motivan los deportes, los video juegos o los videos de Youtube, ayúdale a llevarse esos recursos a su terreno a la hora de estudiar para que desde ahí tenga una mayor facilidad y ganas de aprender.

En definitiva, muchas son las recomendaciones generales, ya por todos conocidas, acerca de cómo crear un buen hábito de estudio -el respetar las horas de sueño y tener una alimentación equilibrada, el marcar tiempos de estudios y pausas regulares, el tener un espacio de estudio acondicionado donde tengamos el material que podamos necesitar, el planificar las asignaturas y deberes a corto, medio y largo plazo (con calendarios, agendas, etc.)-. Sin embargo, tan importante es seguir estas pautas o consejos como la actitud con la que lo hagamos, ya que el relacionarnos con nuestros hijos desde la conexión, como antesala a la corrección, es tan necesario y beneficioso como abonar el terreno para que se convierta en ese lugar fértil donde las plantas, que en cierto modo son nuestros hijos/as o alumnos/as, puedan crecer sanas y fuertes a nivel físico, pero también y, sobre todo, emocional.

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

Avanza, tu momento es justo ahora…

A lo largo de la vida atravesamos distintas situaciones que nos dejan anclados a diferentes sentimientos: un recuerdo negativo, resentimiento, dolor, ansias de venganza, falta de aceptación, etc. Ninguno de nosotros está libre de haber vivido una ruptura, una perdida, un desengaño, una desilusión, un fracaso… Estas experiencias forman parte de nuestra existencia y son las que forjan nuestra manera de sentir y ver la realidad a la que nos enfrentamos cada día.

No obstante, en ocasiones nos quedamos anclados a esa sensación que nos atrapa y que cada día pesa más y más hasta que llega a convertirse en una gran bola de nieve que no podemos contener y que nos impulsa a actuar muchas veces de forma inadecuada e incluso poco respetuosa hacia nosotros mismos y hacia los demás.

En esos momentos es nuestro ego el que toma el control de nuestra nave y pensamos que solamente siendo fiel a ese sentimiento de «por aquí no paso» es como nos hacemos valer, cuando la realidad es que únicamente lo que estamos consiguiendo es hacernos daño y no avanzar.

Dicen que el tiempo lo cura todo… cuando la realidad es que solo nos ayuda a mirar las cosas con perspectiva. La verdad es que lo que realmente puede curarlo todo eres tú. Sí, tú, tu fuerza de voluntad, tus ganas de progresar es lo único que puede hacer que tu mundo cambie. No existe otro instante que el ahora. El mañana es incierto. Hoy es tu momento, vuela. Rompe las ataduras que te tienen anclado al dolor. Perdona, suelta, olvida y camina hacia delante. Comprobarás que viajar sin equipaje te permitirá llegar más lejos. No es fácil. De eso estoy segura, pero lo importante es que sí es posible. Hazlo. No dejes que te detengan las excusas, tu ego, las circunstancias externas, y camina.

Acepta lo ocurrido. Permítete ser humano y, por tanto, imperfecto. Muchas veces cuando un acontecimiento negativo llega a nuestra vida no somos capaces de pasar página porque nos negamos a aceptar lo que estamos viviendo. Perdemos nuestra energía en culpabilizar a los demás de lo que ocurre o simplemente pensamos que si no admitimos lo que sentimos es como si no estuviese ocurriendo. Acéptalo. La vida es un camino imprevisible con tramos llanos, pero también con algunos baches. El aprendizaje reside en vivir lo que toca en cada momento y no aferrarse al pasado o a lo que estará por venir. Cada día es un comienzo nuevo con una nueva oportunidad. Disfruta.

Mira tu situación con perspectiva. Sí, acepta y revisa lo ocurrido desde un nuevo enfoque que te permita encontrar el aprendizaje que nos ofrece ese nuevo desafío al que nos estamos enfrentando. Transforma el problema en un reto. No puedes cambiar la situación, pero sí cómo reaccionas ante lo ocurrido.

Por último, busca un objetivo. Pregúntate qué quieres conseguir, a dónde quieres llegar, cómo te quieres sentir y qué necesitas hacer para conseguirlo. El tener un sitio al que dirigirte es lo que nos permite avanzar y pasar página. Haz que el objetivo sea exclusivamente tuyo, no te entretengas en venganzas, rencores o emociones que te impidan caminar sin ataduras. Solo podrás ser feliz dejando a un lado tu ego, viviendo en el aquí y el ahora y mirando hacia delante con ilusión.

Todos somos humanos. Nos equivocamos y muchas veces más de lo que nos gustaría, pero aprender de los errores es lo que nos permite crecer. Date una oportunidad, te lo mereces. Comienza a vivir desde el amor hacia ti mismo y hacia los demás. Deja atrás el miedo a perder, a sufrir, a que te hagan daño o a fracasar. No puedes controlar o cambiar a los demás, pero sí puedes vivir cada día como desees hacerlo, sin sentir que llevas el peso del odio o el miedo en tu espalda.

Marián Cobelas

www.mariancobelas.com


 

«Un hombre no es más que el producto de sus pensamientos. Lo que piensa, es en lo que se convierte»

Gandhi


 

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

Dos sencillas herramientas para mejorar la comunicación con tus hijos…

Cuando pensamos qué necesitamos para cómo conseguir una comunicación efectiva, nos damos cuenta de que son muchos los factores implicados en el proceso. Sin embargo, lo que en un principio puede parecer demasiado complejo, se simplifica enormemente cuando conocemos recursos que nos permiten llevar a cabo de nuestra tarea desde la conexión y, sobre todo, pensando en los enormes beneficios que estas aportan a nuestras relaciones personales.  Leer más →

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

«Levántate que no fue nada, no seas un llorón»

«Levántate que no fue nada, no seas un llorón»… ¿Alguien ha oído esta frase alguna vez cuando era pequeño? Me atrevería a vaticinar que más de la mitad de los adultos la hemos escuchado en alguna ocasión siendo niños y, además, me arriesgaría a asegurar que también la hemos dicho alguna vez a un niño siendo adultos. Sí, quizás en un principio nos puede parecer algo habitual, sin mayor relevancia, pero… ¿qué pasaría si el que se cae en el medio de la calle es tu pareja, una amiga o simplemente un desconocido que ya ha alcanzado la mayoría de edad?

Leer más →

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
0 comentarios

Cuídate si quieres cuidar…

Tiempo, uno de los «bienes» más codiciados en la sociedad actual. Parece que a ninguno nos sobra y eso hace que tengamos que establecer «prioridades» entre todo lo que debemos hacer en nuestro día a día. Lo curioso es que, entre las 4 patas que sostienen nuestro taburete emocional -responsabilidades, familia-pareja, el yo y la vida social-, normalmente nos dejamos a nosotros mismos en el último o, con suerte, en el penúltimo plano.    Leer más →