7 diciembre, 2018
por Marián Cobelas
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“Mamá, papá, me aburro”

“Aburrimiento” emoción o estado anímico causado por una falta de estímulo. En la sociedad del hiperestímulo en la que hoy vivimos, no sería tan descabellado considerar el hecho de aburrirse casi como un privilegio. El tiempo parece ser un bien escaso ya desde la infancia, puesto que, al igual que los adultos de hoy, muchos niños y niñas cuentan con agendas semanales repletas de actividades que reflejan ritmos frenéticos. Lo que, en ocasiones, nos pude generar la “horrible” sensación de no saber qué hacer en estos momentos o espacios en los que no tenemos nada previamente concertado. Y, con esta sensación, habitualmente aparece la recurrente frase que todo padre y toda madre ha escuchado alguna vez: “me aburroooo ¿qué hago?”

Y ahí, en ese preciso instante es cuando puede ocurrir la magia. La magia de darles la oportunidad de que se aburran sin cargar en nuestra mochila la obligación de tener que ofrecerles siempre una opción, una alternativa que haga que disminuya su sensación de frustración al no saber muy bien cómo gestionar esa emoción de falta de estímulo. Entonces, ¿es positivo que los niños y niñas se aburran? Pues, depende, como bien dirían los gallegos.

Si gestionamos los momentos de aburrimiento como una gran oportunidad de explorar nuestras capacidades y de desarrollar nuestra imaginación y creatividad, desde luego que estamos ante algo muy especial y positivo. Cuando nos permitimos aburrirnos, nuestra habilidad de búsqueda de alternativas se dispara, al igual que las ganas de explorar e inventar. Es entonces cuando le abrimos la puerta a aquellas ideas que llevan un rato llamando, pero que no han podido entrar porque nos han encontrado ocupados consumiendo de forma pasiva un entretenimiento muchas veces carente de significado.

Sin embargo, al mismo tiempo, el aburrimiento no resulta de demasiada utilidad en aquellos contextos en los que necesitamos sentirnos motivados para estimular nuestra capacidad de aprendizaje. Ya que, como la neurociencia ha demostrado, solo existe aprendizaje cuando conseguimos emocionarnos, es decir, cuando estamos motivados. Por todo ello, la pregunta que planteo, más allá de etiquetas como “positivo” o “negativo” o juicios sobre lo que está “bien” o está “mal”, es sí como adultos estamos permitiendo y facilitando que nuestros niños y niñas experimenten el aburrimiento como un terreno fértil que les regala la oportunidad de explorar y desarrollar su creatividad para que puedan así encontrar lo que el gran pedagogo Francesco Tonucci define como “el juguete favorito”, que no es otra cosa que esa habilidad o talento especial que cada uno de nosotros poseemos y que a algunos nos puede llevar toda una vida descubrir.

En definitiva, dejemos que los niños y niñas busquen por sí mismos maneras y contextos efectivos para entretenerse de forma libre y autónoma, sin que los adultos tengamos que proporcionarles constantemente juegos, juguetes o dispositivos que solo les aporten una diversión efímera en la que su rol sea el de un espectador pasivo que únicamente consume estímulos. En su lugar, probemos a facilitarles la oportunidad de que descubran y exploren más juegos al aire libre, en los que tengan que interactuar con ellos mismos y con sus iguales sin la intervención constante de los adultos y en los que los únicos botones que tengan que activar sean los de su imaginación ¿Probamos?

7 diciembre, 2018
por Marián Cobelas
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7 maneras de ayudar a los niños a desarrollar hábito de estudio sin caer en la confrontación

Muchas veces el momento de hacer los deberes o estudiar se convierten en una auténtica pesadilla y en un tema de confrontación entre padres, madres e hijos/as. Como adultos, queremos que nuestros niños/as desarrollen el sentido de la responsabilidad y que muestren autonomía y motivación interna a la hora de querer aprender y cumplir con sus tareas escolares. Sin embargo, no podemos perder de vista que ese pensamiento es precisamente un deseo nuestro y el hecho de que a nosotros nos preocupe como adultos no significa que ellos/as tengan las mismas prioridades o que entiendan nuestro punto de vista desde su perspectiva de niños/as o adolescentes. Es entonces en esos momentos cuando aún cobra más importancia el tomar consciencia de que la forma en la que nosotros -los adultos- gestionemos esas preocupaciones y “deseos” va a influir de forma directa en los resultados que obtengamos y en las relaciones familiares que establezcamos con nuestros hijos/as desde la infancia. En otras palabras, según el modo en el que abordemos ese “reto”, podremos ayudarles a desarrollar hábitos de estudios saludables en los que la motivación propia, la confianza en sí mismos y la cooperación sean valores que estén presentes en su vida o, por lo contrario, lo que le estaremos enseñando será a hacer o no hacer las cosas simplemente por miedo a ser castigados o por el interés de conseguir algo a cambio.

Es por esta serie de razones que desde el enfoque que seguimos los educadores de Disciplina Positiva tenemos muy claro que ni castigar ni premiar son en absoluto las mejores herramientas para que los niños/as desarrollen hábitos de estudios en los que se sientan realmente motivados y asuman sus responsabilidades sin caer en luchas de poder con sus padres/madres.

Si miramos más allá de la superficie que es el comportamiento humano y nos esforzamos por entender qué puede motivar a una niña/o a no querer hacer los deberes, podremos darnos cuentas que son numerosas y variadas las creencias (atendiendo a la teoría de las metas erradas del psiquiatra y educador R. Dreikurs) que estén originando ese comportamiento por parte del niño/a o adolescente. Por un lado, podría ser que el niño/a sintiese que negándose a hacer los deberes o a estudiar consigue la atención de sus padres y, por tanto, actuando de este modo, siente que así al menos le prestan la atención que necesita. Por otro, un niño/a puede estar negándose a estudiar porque se siente herido, ya que en algún momento pudo integrar la creencia de que a su familia solo le importaban sus notas y no él. Por tanto, busca con este comportamiento que se le valide su sentimiento y liberar el daño que en cierto modo considera que se le ha causado.

Otras razones que se esconden detrás de este tipo de conductas pueden ser que el niño/a se sienta incapaz de enfrentarse a esa tarea por sí solo y que para él/ella la situación sea algo demasiado grande que no sabe cómo abordar sin ayuda o, incluso, puede que su negativa a querer estudiar sea una simple búsqueda de “poder” en el sentido de que necesite que le den opciones, que se escuche su opinión al respecto y que todo no le venga impuesto. Es por ello que, como podéis comprobar, si observamos únicamente la conducta (el rechazo del niño/a a querer estudiar o hacer sus deberes) nos estamos olvidando de una parte fundamental a la hora de poder ayudarles a romper esa creencia errónea que le puede estar llevando a actuar así, ya que no estaríamos atendiendo realmente su necesidad.

Por esta razón, desde el enfoque de la Disciplina Positiva, te invito a ir un paso más allá y a poner en práctica nuevas formas de abordar este tipo de retos tan frecuentes en las familias con herramientas que sí te pueden ayudar a que tu hijo/a poco a poco vaya sintiéndose más autónomo, confiado y motivado sin necesidad de caer en castigos o premios que solo funcionan a corto plazo y no tienen en cuenta la raíz y causa del comportamiento. Vamos a descubrirlas:

  1. Muestra empatía: muchas veces los niños no tienen motivación para estudiar porque sencillamente están cansados después de una larga jornada en el colegio ¿Y quién no lo estaría, verdad?, ¿A caso a nosotros como adultos nos apetece llevarnos trabajo extra para casa casi a diario después de estar 8 horas en el trabajo? Validar las emociones de los niños/as y entenderlas no significa excusar su conducta, sino conectar con su mundo y permitirles sentirse tal y como se sienten para que desde ese terreno abonado con la esencia de la empatía podamos reparar y construir una solución juntos desde la calma.
  2. Planificar juntos los tiempos y cread una tabla de rutinas: para desarrollar hábitos necesitamos orden en nuestra vida. Los niños/as y adolescentes tienen su propio ritmo y eso es algo natural. Por ello, es importante que conozcan de antemano a qué se van a “enfrentar” durante su jornada para que así no les coja por sorpresa y poco a poco sean conscientes de sus tareas sin que como adultos tengamos que repetirles todo el rato lo que tienen que hacer. Para ganar su colaboración, cread juntos una tabla de rutinas en la que, tras negociar con ellos/as cuándo es el mejor momento del día para hacerlo o el tiempo que necesitan para ello, incluyamos en la tabla un espacio temporal que dediquemos al estudio y las tareas escolares.
  3. Hazle preguntas que lo impulsen a la acción e implícalo en la búsqueda de soluciones: cuando las cosas nos vienen impuestas, seamos adultos o niños/as, no nos resulta tan fácil el querer colaborar. Sin embargo, si nuestra opinión es tenida en cuenta, si se nos pregunta en vez de darnos órdenes y si se nos implica en cómo podemos hacer las cosas, nuestra necesidad de contribuir y pertenecer se ven satisfechas, provocando que nuestra motivación crezca y seamos más propensos a querer cooperar.
  4. Evita etiquetas y enfócate más en el aliento y no tanto en el halago:“eres un vago”, “siempre eres igual de irresponsable” este tipo de frases lapidarias provocan lo que en psicología de denomina el “Efecto Pigmalión”, al que ya hemos hecho mención en otras entradas del blog. Las etiquetas encasillan y hacen que las personas nos comportemos como los demás esperan que lo hagamos según la etiqueta que nos han impuesto. Por esta razón, resulta imprescindible desterrarlas de nuestro vocabulario lo antes posible. Además, a la hora de usar el “refuerzo positivo”, con la intención de motivar a nuestros hijos/as o alumnos/as, es fundamental que no solo pongamos el foco en el resultado conseguido o en cómo nosotros nos sentimos con lo que ellos/as han logrado, ya que alabando estamos fomentando una dependencia a la aprobación o evaluación externa. Sin embargo, resulta mucho más respetuoso y saludable el nutrir su motivación interna con frases donde el aliento, y no solo la alabanza, estén presentes. Es decir, donde pongamos sobre la mesa el cómo ellos se sienten con lo que han conseguido y el esfuerzo que les ha supuesto llegar ahí.
  5. No le rescates: cuando hacemos algo por un niño/a que él/ella es capaz de hacer  por sí mismo/a, aunque le lleve más tiempo y esfuerzo, le estamos privando de la oportunidad de entrenar una habilidad, de aprender de sus posibles errores en un contexto seguro y de formar creencias sobre sí mismo/a en las que se sienta capaz y válido. Enséñale paso a paso cómo se hace, pero no lo hagas por él/ella. Ten paciencia para acompañarle sin juzgar ni evaluar. Simplemente guíale con amabilidad y firmeza el tiempo que necesite para que poco a poco adquiera nuevas competencia respetando sus ritmos de aprendizaje.
  6. Ayúdale a encontrar su elemento: cada persona es única y diferente. Todas y todos tenemos algo que aportar. Muchas veces nos centramos en las debilidades o “limitaciones” que tienen nuestros niños/as y ponemos toda nuestra energía y esfuerzo en intentar eliminarlas de raíz y conseguir que estén en la “media”. Es verdad que si esa “debilidad” nos impida avanzar (como, por ejemplo, el hecho de suspender una asignatura no nos permite pasar de curso) es necesario ayudarle a superarla para que llegue a los mínimos necesarios. No obstante, si nos paramos a pensar, puede tener mucho más valor el fomentar aquello que se les da bien, con lo que disfrutan y en lo que brillan casi de forma natural. Es decir, centrarnos en sus fortalezas. No todos tenemos el mismo talento, pero desde luego que todos tenemos al menos algo importante que aportar. Nuestro objetivo como educadores es ayudarles a descubrir precisamente cuál es su elemento, en qué destacan, dónde se sienten como pez en el agua para que así puedan seguir entrenando esa habilidad y ofrecer al mundo la mejor versión de sí mismos.
  7. Obsérvalo, conócelo y ayúdale a descubrirse: al igual que no todas las personas tenemos los mismos talentos, no todas aprendemos o procesamos la información de la misma manera. Existen distintos estilos de aprendizaje. Algunas personas son más visuales, otras más auditivas y otras aprender mejor a través del aprendizaje práctico y vivencial, tal y como ha demostrado la Programación Neurolingüística. Conocernos en este sentido a nosotros mismos es la base para poder sacarnos el máximo partido. Otro gran descubrimiento de la Neurociencia es que sin emoción no hay aprendizaje. Así que acompáñale a la hora de descubrir qué es lo que realmente le motiva más allá de sus intereses académicos e incorpora sus motivaciones a su forma de estudiar. Si es un apasionado de los cuentos, utiliza las historias para crear juntos nuevas formas de aprender la lección. Si le motivan los deportes, los video juegos o los videos de Youtube, ayúdale a llevarse esos recursos a su terreno a la hora de estudiar para que desde ahí tenga una mayor facilidad y ganas de aprender.

En definitiva, muchas son las recomendaciones generales, ya por todos conocidas, acerca de cómo crear un buen hábito de estudio -el respetar las horas de sueño y tener una alimentación equilibrada, el marcar tiempos de estudios y pausas regulares, el tener un espacio de estudio acondicionado donde tengamos el material que podamos necesitar, el planificar las asignaturas y deberes a corto, medio y largo plazo (con calendarios, agendas, etc.)-. Sin embargo, tan importante es seguir estas pautas o consejos como la actitud con la que lo hagamos, ya que el relacionarnos con nuestros hijos desde la conexión, como antesala a la corrección, es tan necesario y beneficioso como abonar el terreno para que se convierta en ese lugar fértil donde las plantas, que en cierto modo son nuestros hijos/as o alumnos/as, puedan crecer sanas y fuertes a nivel físico, pero también y, sobre todo, emocional.

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
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Avanza, tu momento es justo ahora…

A lo largo de la vida atravesamos distintas situaciones que nos dejan anclados a diferentes sentimientos: un recuerdo negativo, resentimiento, dolor, ansias de venganza, falta de aceptación, etc. Ninguno de nosotros está libre de haber vivido una ruptura, una perdida, un desengaño, una desilusión, un fracaso… Estas experiencias forman parte de nuestra existencia y son las que forjan nuestra manera de sentir y ver la realidad a la que nos enfrentamos cada día.

No obstante, en ocasiones nos quedamos anclados a esa sensación que nos atrapa y que cada día pesa más y más hasta que llega a convertirse en una gran bola de nieve que no podemos contener y que nos impulsa a actuar muchas veces de forma inadecuada e incluso poco respetuosa hacia nosotros mismos y hacia los demás.

En esos momentos es nuestro ego el que toma el control de nuestra nave y pensamos que solamente siendo fiel a ese sentimiento de “por aquí no paso” es como nos hacemos valer, cuando la realidad es que únicamente lo que estamos consiguiendo es hacernos daño y no avanzar.

Dicen que el tiempo lo cura todo… cuando la realidad es que solo nos ayuda a mirar las cosas con perspectiva. La verdad es que lo que realmente puede curarlo todo eres tú. Sí, tú, tu fuerza de voluntad, tus ganas de progresar es lo único que puede hacer que tu mundo cambie. No existe otro instante que el ahora. El mañana es incierto. Hoy es tu momento, vuela. Rompe las ataduras que te tienen anclado al dolor. Perdona, suelta, olvida y camina hacia delante. Comprobarás que viajar sin equipaje te permitirá llegar más lejos. No es fácil. De eso estoy segura, pero lo importante es que sí es posible. Hazlo. No dejes que te detengan las excusas, tu ego, las circunstancias externas, y camina.

Acepta lo ocurrido. Permítete ser humano y, por tanto, imperfecto. Muchas veces cuando un acontecimiento negativo llega a nuestra vida no somos capaces de pasar página porque nos negamos a aceptar lo que estamos viviendo. Perdemos nuestra energía en culpabilizar a los demás de lo que ocurre o simplemente pensamos que si no admitimos lo que sentimos es como si no estuviese ocurriendo. Acéptalo. La vida es un camino imprevisible con tramos llanos, pero también con algunos baches. El aprendizaje reside en vivir lo que toca en cada momento y no aferrarse al pasado o a lo que estará por venir. Cada día es un comienzo nuevo con una nueva oportunidad. Disfruta.

Mira tu situación con perspectiva. Sí, acepta y revisa lo ocurrido desde un nuevo enfoque que te permita encontrar el aprendizaje que nos ofrece ese nuevo desafío al que nos estamos enfrentando. Transforma el problema en un reto. No puedes cambiar la situación, pero sí cómo reaccionas ante lo ocurrido.

Por último, busca un objetivo. Pregúntate qué quieres conseguir, a dónde quieres llegar, cómo te quieres sentir y qué necesitas hacer para conseguirlo. El tener un sitio al que dirigirte es lo que nos permite avanzar y pasar página. Haz que el objetivo sea exclusivamente tuyo, no te entretengas en venganzas, rencores o emociones que te impidan caminar sin ataduras. Solo podrás ser feliz dejando a un lado tu ego, viviendo en el aquí y el ahora y mirando hacia delante con ilusión.

Todos somos humanos. Nos equivocamos y muchas veces más de lo que nos gustaría, pero aprender de los errores es lo que nos permite crecer. Date una oportunidad, te lo mereces. Comienza a vivir desde el amor hacia ti mismo y hacia los demás. Deja atrás el miedo a perder, a sufrir, a que te hagan daño o a fracasar. No puedes controlar o cambiar a los demás, pero sí puedes vivir cada día como desees hacerlo, sin sentir que llevas el peso del odio o el miedo en tu espalda.

Marián Cobelas

www.mariancobelas.com


 

“Un hombre no es más que el producto de sus pensamientos. Lo que piensa, es en lo que se convierte”

Gandhi


 

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
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Dos sencillas herramientas para mejorar la comunicación con tus hijos…

Cuando pensamos qué necesitamos para cómo conseguir una comunicación efectiva, nos damos cuenta de que son muchos los factores implicados en el proceso. Sin embargo, lo que en un principio puede parecer demasiado complejo, se simplifica enormemente cuando conocemos recursos que nos permiten llevar a cabo de nuestra tarea desde la conexión y, sobre todo, pensando en los enormes beneficios que estas aportan a nuestras relaciones personales.  Leer más →

9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
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“Levántate que no fue nada, no seas un llorón”

“Levántate que no fue nada, no seas un llorón”… ¿Alguien ha oído esta frase alguna vez cuando era pequeño? Me atrevería a vaticinar que más de la mitad de los adultos la hemos escuchado en alguna ocasión siendo niños y, además, me arriesgaría a asegurar que también la hemos dicho alguna vez a un niño siendo adultos. Sí, quizás en un principio nos puede parecer algo habitual, sin mayor relevancia, pero… ¿qué pasaría si el que se cae en el medio de la calle es tu pareja, una amiga o simplemente un desconocido que ya ha alcanzado la mayoría de edad?

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9 noviembre, 2018
por Marián Cobelas
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Cuídate si quieres cuidar…

Tiempo, uno de los “bienes” más codiciados en la sociedad actual. Parece que a ninguno nos sobra y eso hace que tengamos que establecer “prioridades” entre todo lo que debemos hacer en nuestro día a día. Lo curioso es que, entre las 4 patas que sostienen nuestro taburete emocional -responsabilidades, familia-pareja, el yo y la vida social-, normalmente nos dejamos a nosotros mismos en el último o, con suerte, en el penúltimo plano.    Leer más →