Con Javier Cercas, Premio San Clemente, sobre ‘El impostor’ (Random House)

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Giráldez con Javier Cercas, entrevista en torno a El ImpostorJavier Cercas está subido en la gran ola de esta novela, El impostor (Random House), que cosecha alabanzas por donde va, alabanzas que uno ve parejas a aquellas que cosechaba Soldados de Salamina, o incluso mayores, pero que, al tiempo, aviva las brasas del debate de nuestra historia como país. Cercas alcanza aquí una cima literaria importante, no hay ninguna duda. Si sus novelas anteriores, escritas siempre sobre esa línea difusa entre la realidad y la ficción, pueden considerarse piezas literarias más que notables, esta llega aún más lejos. Y llega más alto. Y ahora, acaba de ganar el Premio San Clemente.

Los grandes temas de Javier Cercas están aquí, como estaban ya, sobre todo, en Soldados de Salamina y en Anatomía de un instante. La identidad, la memoria, la mentira y la culpa. Dice Cercas que esta es una novela sin ficción, pero, sobre todo, es una novela paradójica. Porque la realidad que cuenta es una ficción, la gran impostura de Enric Marco, el hombre que en los años 50 se reinventó a sí mismo, fabricándose una biografía a su medida, para presentarse como superviviente del campo de concentración de Flossenbürg, entre otras muchas cosas increíbles. Una historia que Cercas asegura que se resistía a escribir, por sus implicaciones, o quizás, como dice en las primeras páginas, sólo por miedo. “En aquella época España estaba llena de impostores. España estaba reinventándose. Marco es un poco este país en aquel momento, pero yo encuentro lógico que no le guste el libro. Él quería que yo escribira una hagiografía, pero claro, no se trataba de eso. Sin embargo, me sigue maravillando que una novela pueda generar debate. Eso quiere decir que aún no ha muerto, como algunos vaticinaban. Ahora bien, esta es una novela un poco particular. Creo que tenemos una idea muy restrictiva de este concepto, una idea más bien del siglo XIX. Yo he querido acercarme al modelo cervantino, que es como un banquete con muchos platos. Un modelo flexible en el que caben todos los géneros; este libro es crónica, es biografía e incluso es autobiografía. Ahora, yo creo que este artefacto es una novela”, subraya. Y añade: “Porque, ¿dónde está escrito que una novela tiene que ser ficción? Pues si está escrito en alguna parte, yo me lo salto”.

Cervantes, y El Quijote, están muy presentes en El impostor. No sólo porque en ambos se expone una gran fabulación, porque sus protagonistas viven vidas irreales, sino porque tras su lectura se plantea la duda moral de si el escritor puede salvar a su personaje. Y ahí reside la gran pregunta: ¿cuál es el papel y la responsabilidad del autor en una novela de este tipo? “Como sabes, yo incluyo un diálogo ficticio con Marco porque necesitaba darle una oportunidad para vengarse. Es ficticio, pero me pone verde. En realidad no es Marco, es mi mala conciencia. Yo no me escondo, como Capote en A sangre fría. Yo estoy ahí. Pero este es un libro sobre nosotros. Este hombre construyó una mentira monstruosa. Sin embargo, lo que me interesa es lo que hay de él en nosotros. Este hombre nos habla de la necesidad imperiosa que tenemos de que nos acepten, de que nos quieran. Lo hacemos todos, pero él lo hizo transgrediendo las normas. Este libro habla de que necesitamos la ficción, no podemos vivir sólo con la realidad. Al final, todos somos novelistas de nosotros mismos”, concluye.

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