Coppini

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In Memoriam

SUPIMOS CON ÉL, que había llegado de fuera, que teníamos una ciudad literaria, de humedades y restos callejeros de los almacenes y las lonjas, un lugar literario de mar y amor. Lo supimos, cuando adorábamos el chocolate con churros, tan conservador, en la tarde vieja. Pero él descubrió la belleza de las paredes desconchadas, los lugares oscuros, los horizontes desolados, las escaleras de piedra bajando uno a uno los círculos infernales de la ciudad. Con la ciudad talló su alma, y entonces la movida se globalizó a su manera, como una actitud, como una repulsa. Y un deseo de romper con la atmósfera desabrida. Desnudó el alma de Vigo y la vistió con nuevos ropajes, dejando de lado el orden tradicional de las cosas. Nunca vio claro que el talento fuese a tener premio, pero, si servía para arreglar la noche, algo se había conseguido. Hoy lo sabemos. El talento ha sido despreciado y ya no son sólo malos tiempos para la lírica, sino malos tiempos en general. Inclasificable, difícil de atrapar, huidizo en sus gustos, Coppini no es solo otro artista de la movida muerto, sino el símbolo de una nostalgia tres veces negada, feroz y enfermiza. Ahí está, cerrando estos días los telediarios: un lugar reservado a los grandes, pero solo cuando se mueren. Ahí están las imágenes de aquellos conciertos comprometidos, que desvelaban nuevas consciencias, que daban la vuelta a la piel herida de la ciudad. Imágenes rebozadas en el fulgor lejano y esquivo de una juventud contra la demolición de los sueños. No sé si en aquellos días de las primeras luces de la democracia estábamos heridos de literatura e idealismo, pero nunca sospechamos que, con el tiempo, acabaríamos hablando mucho más de los banqueros que de los poetas. Coppini nunca estuvo seguro de la posibilidad de abandonar el sudario de la desolación. En la hora triste de su muerte, un día de Navidad lleno de nubes negras y vientos desatados, es fácil confirmar lo que él también sufrió: el desprecio por el talento y el triunfo del oportunismo vacuo. Lástima que estemos así: tanto tiempo y tantas canciones después.

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