Acerca de Cercas

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La ley del deseo

Con Javier Cercas, en A Coruña. Venía el escritor con mucha prisa, y con el miedo en el cuerpo por el aterrizaje del avión. Fue día de tormenta y por lo visto el aparato se movía como una paloma tocada del ala. Rober G se une a la charla, porque él lo ha leído todo acerca de Cercas. Y sus novelas. Yo, no tanto. Salen los Soldados de Salamina, una mina, en efecto, una mina literaria. Conversamos con Cercas en un quinto piso, desde donde se domina A Coruña y se ve el mar. El mar de olímpicos embates. Llevo tiempo encontrándome con escritores, pero es la primera vez con Cercas. Tanto tiempo después. Acaba de publicar en Mondadori Las leyes de la frontera: “es un título de novela del oeste”, me dice. Nos dice. A Cercas le gustan mucho las novelas del oeste, las películas del oeste: “son mi educación sentimental”, asegura. Hablamos de Flaubert, que odiaba a Madame Bovary, pero terminó diciendo que era ella misma. Han dicho algunos que Cercas teminó odiando Soldados de Salamina, la novela que le lanzó a la fama. Me mira, detrás de sus gafas, con cierta socarrona perpejidad. Si tal cosa es posible. Esta es una novela de quinquis que, como dice Rober G, recuerda mucho al Vaquilla. Es una historia de los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, en el que el Zarco construye su mito como gran delincuente de la época. Y está el Gafitas, y está Tere. Y está el amor. La destrucción y el amor. Hablo con Cercas acerca de sí mismo. Llueve furiosamente fuera y el mar azota la espalda de la ciudad con saña. Si Cercas pudiera leer mi cerebro, aquí arriba, en este quinto piso, mientras pienso esto de la espalda azotada por el mar, me diría que dejase de hacer frases bonitas. Leí en alguna parte que Cercas aleja cualquier frase bonita que le pueda surgir, como quien fumiga cucarachas. Porque ama la realidad como gran combustible y la realidad casi no tiene frases bonitas. En la realidad dices vaya mierda, y cosas así. La realidad es el combustible, y por eso reuslta incendiaria. La realidad es el gran motor de la ficción. “Todo nace de la realidad”, me dice, más o menos. Nos dice, más o menos. En unas copas muy transparentes servimos agua. Concluyo que a Cercas le subyuga el poliperspectivismo y la ambiguedad. Volvemos a recordar esa frase suya: “la novela es el territorio de la ambiguedad”. Quizás la frase no es así, pero se le parece. Cercas, de cerca, es distinto de como me lo imaginaba. Tímido, quizás. Vamos desmenuzando la novela, que, en efecto, está contada desde tres perspectivas distintas. Se ve que a Javier Cercas le gusta eso de las miradas diferentes, y meter un periodista o escritor, que, por supuesto, es él. Le digo que tal vez le influyó Paul Auster, pero me lo desmiente mucho. Sí reconoce que Vargas LLosa le dió el espaldarazo con sus elogios. Y que ahora Vargas Llosa lee sus novelas, porque él se las manda. No recuerdo si me dio permiso para comentar esto. Creo que sí. Lo que no me dijo es que pensaba Vargas Llosa de Las leyes de la fontera. Rober G coincide que el autor vuelve aqui al espíritu de Salamina. Pero al novela es de amor y de muerte, como casi todo lo que nos pasa. Es de derrota, sobre todo de derrota. Javier Cercas se va a un acto y nos quedamos en quinto piso con la sensación de que podríamos haber hablado un par de horas más. Tengo la sensación de que sólo he iniciado la conversación, de que apenas había empezado cuando alguien nos avisó de que el escritor tenía que partir. Sucede que no es fácil capturar el instante. Seguimos hablando.

Javier Cercas, con quien converso junto a Rober G, acaba de publicar ‘Las leyes de la frontera’ en Mondadori. Olvidé hacerle foto, pardiez.

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