Con Mara Torres, periodista, en el Hostal de los Reyes Católicos

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ENTREVISTA CON MARA TORRES, escritora y presentadora de La 2 Noticias, en TVE

“Soy una profunda deudora de mis noches de radio”

“El amor nos hace a todos muy parecidos”

Una entrevista de Miguel Giráldez

Envuelta en esta luz de dulce de membrillo que hay en el Hostal de los Reyes Católicos, en Compostela, la aparentemente frágil figura de Mara Torres sugiere otras tonalidades, ofrece otras sensaciones, diferentes, sin duda, a las del plató profusamente iluminado desde el que cada noche presenta La 2 Noticias. Naturalmente, en La Dos. Entrevisto a Mara Torres por primera vez, porque ella es una escritora novel (y joven), y acaba de aterrizar en este mundo misterioso e impredecible de la ficción. Hablé varias veces de mi fascinación por su informativo: lo hice ayer mismo, en este diario, sin ir más lejos. La 2 Noticias es un informativo peculiar, casi poético, como la propia Mara Torres reconoce. Un informativo lleno de humanidad y de humanismo, de verdes y azules. Y Mara, esta mañana, bajo las tenues luces de la cafetería de este edificio histórico, semeja cercana e intensa, aunque uno no pueda evitar la comparación con tantas noches ante la pantalla, cuando ni siquiera sospechaba que esta mujer escribía novelas. Y aunque no pueda evitar que persista en la memoria aquella voz, la voz de Hablar por hablar, en la Ser, que presentó también: cuando apenas conocíamos su rostro. Sólo su voz. Y por su voz supimos, como hoy me repite aquí, en esta cercanía envuelta en luz de harina, que Ángel González es uno de los autores a los que más debe, y uno de los que tiene muy presentes cuando escribe. Mara Torres mira con intensidad, construye las frases con energía, con un acabado perfecto, nítido, que viene, sin duda, de las técnicas de su profesión, pero también de su propia energía. Una energía que brota del acto de descubrir, de imaginar. De no conformarse jamás con los lados más oscuros y tristes de la realidad.

Le pregunto cómo se siente, habiendo aterrizado en el Planeta. Qué cómo es eso de llegar y besar el santo. Y me dice que ella ha entendido la vida siempre en dos dimensiones, la real y la imaginaria. Y que lo que ocurrió en la noche del premio Planeta fue que las dos realidades convergieron, se unieron en un mismo punto. “Ya se había publicado la lista de los finalistas, como recordarás”, me dice. “Así que sabía que Pilar Otero, mi pseudónimo, estaba ahí; y sólo yo sabía que esa era yo, evidentemente. Así que cuando se escuchó el nombre fue como si las dos vidas se fundieran en una sola”, explica. Mara Torres cuenta las cosas con espíritu didáctico, te da frases que podrías colocar como titulares ahí arriba, pero, después de todo, lo que te interesa de ella es ese sonido de las palabras como golpeando en el cristal, y la transparencia, cristalina también, de algunas ideas, y la explosión de toda su energía semántica, articulada con cierta magia, con cierta rara habilidad. “Una amiga me dijo que La vida imaginaria es hiperrealista”, suelta, sonriendo. “Me parece que es una buena definición. La vida imaginaria es todo lo que pasa por tu cabeza mientras la vida real está sucediendo. ¿Y quién te dice que eso que pasa por tu cabeza no es más real que lo que de verdad está pasando? Que la vida imaginaria no se cumpla no importa, porque tú también la has vivido, forma parte de tu vida”, cuenta, con gran espíritu filosófico, buscando los detalles, apoyando la idea con entusiasmo. Mara Torres lleva días insistiendo que lo más importante para Nata, para Fortunata, la protagonista, es que es capaz de volar. Y, en efecto, vuela. En alguna escena vuela, o eso parece, y sale volando por la ventana, con su cama y todo. Mara se ríe viendo mi retórica voladora (o quizás volátil), ahí al lado. Como la novela es triste, porque es triste, como en la novela hay momentos de duda, de flaqueza, de debilidad (también de humor), como la novela es fieramente humana, le pregunto a Mara Torres si cuando decidió escribir esta historia ella estaba así. Así de triste. Y si Fortunata Fortuna es, finalmente ella misma. Y dice. “Empecé a escribir esto porque me sentía sola. Necesitaba a Fortunata para que me acompañara, era algo así como un amigo invisible. Pero cuando mi vida cambió la encerré en un cajón, y noté que ella me llamaba desde el fondo del cajón. Hasta que un día, empujada también por los amigos, que no dejaban de insistir, la saqué. Y bueno, aquí está. ‘Ya era hora’, supongo que habrá dicho”, cuenta Mara Torres. “Ah, y en cuanto a la tristeza” tercia la autora, “pienso que no queda otro remedio. Es una historia triste porque es la historia de un abandono, y eso siempre es muy triste. Para el que abandona y para el abandonado. Cuando te dejan el mundo se convierte de pronto en otra cosa: los patrones ya no te sirven, la realidad ya no te sirve”, explica con detalle. “Ella no destaca por nada, ni siquiera hay una descripción física, cada uno que se la imagine como quiera. Pero fíjate que termina siendo una persona muy especial. No sabes muy bien cómo es al final: pero sí sabes que vuela”.

La novela parte de una sensación de ruptura, de desvalimiento. La novela es una especie de metáfora intimista, porque, después de todo, la narración circula por los territorios de la mente, del pensamiento. Circula por un mundo propio, por una elaboración personal de la realidad. La protagonista, Nata, no se mueve de ese territorio. No va lejos, no se separa de la piel de las cosas. Apenas los contactos con los conocidos, con los amigos. El mundo, en efecto, se ha vuelto claustrofóbico y pavorosamente cerrado. “Escribir la novela ha supuesto para mí desconectar de una actualidad dura, sobre todo los últimos años. En los informativos, quieras o no, no dejas de contar lo mal que va todo. Así que La vida imaginaria me permitía indagar en el lado íntimo, en el mío y en el de la protagonista. Y también en la intimidad de esa casa”, dice Mara Torres, explicando el proceso creativo. “Creo que he desconectado, sí, aunque en la novela no deja de aparecer, como habrás visto, cierto contexto social. Porque eso es inevitable”. Pero, a pesar de eso, estamos ante una novela contada desde la cabeza. Una novela que circula dentro de la cabeza. Es una novela contada en gran medida en primera persona. Tienes cierta sensación de estar asistiendo a un diario, a los testimonios que día tras día, tras el abandono, deja caer una persona herida. Con un lenguaje también furiosamente real: “La vida es una mierda”. Esa es la primera frase de la novela.

“Hay dos cosas que me gusta escuchar de los lectores”, dice Mara. “Una es que ellos, o ellas, pueden ser sin duda Fortunata Fortuna. Cualquiera puede ser. No se trata de nadie especial, sino de alguien perfectamente normal”, explica. “Y otra, que esta novela la podría haber escrito cualquiera de los que la leen”. Y continúa: “En el fondo, el amor, que es tan extraordinario, está lleno de lugares comunes. Y no tienes que decorarlo, porque es así. El relato natural, sin pretensiones, es el más verdadero. Esto me lo enseñaron los oyentes de Hablar por hablar, en los años que hice la radio de noche. Ellos me lo enseñaron”, enfatiza. Y lo mismo sucede con las referencias literarias que tiene la novela. Cuenta Mara Torres que no están hechas a propósito, sino que forman parte del imaginario de una generación, de nuestra educación sentimental. “Como los poemas de Benedetti, como el cuento de Galeano, como los poemas de José Hierro”, enumera. Y entonces, entonces me acordé de dos versos de Ángel González, el poeta favorito de Mara Torres, que vienen que ni pintados para este argumento. “Deberías usarlos para explicar la novela. Deberías ponerlos en la segunda edición, que ya va a salir”, me atrevo a decirle. “Son esos que dicen: “Yo sé que existo / porque tú me imaginas…”. Y Mara continúa recitando de memoria: “Soy alto porque tú me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia…”. Risas. “Bueno… es que Ángel… Ángel González me salvó la vida sentimentalmente…”, reconoce. “Palabra sobre palabra es el libro que tengo más mirado, más subrayado y arrugado…. Y en la novela aparecen dos palabras, “nada grave”, que los que conocen bien a Ángel saben que es el título de su último libro…”, dice. “Voy a robarte esta cita, la de este poema”, dice riendo. Y uno, encantado.

Luego vienen otras cosas, para las que ya casi no tenemos espacio. Más allá del amor por la poesía de Mara Torres (lo pensaré, cuando la vea hablando en la pantalla de la realidad más dura que nos rodea), más allá de todo eso, están las comparaciones que algunos hacen. Con Helen Fielding, inevitable, y su Bridget Jones. Con Marion Keyes (Claire se queda sola), que es una comparación que hago yo mismo. O con Amélie, un parecido que, cuenta Mara Torres, algunos le han encontrado. “Cualquiera puede comparar esta novela con quien quiera. Yo misma dije eso cuando la escribía: se parece un poco a Bridget Jones, me dije. Lo cierto es que la literatura está llena de historias que hablan de amor y que arrancan de una ruptura sentimental. Lo que hace diferente a Fortunata es su voz. Ella no culpa al otro por haberla dejado. Sufre un dolor súbito, en su alma, que es un poco un alma de niña, y por eso produce tanta ternura. Pero ella es capaz de parar. Es capaz de remontar. Sabe que, en el fondo, todos nos podemos enamorar y que todos podemos dejar de querer. El amor nos hace a todos muy parecidos. Pero la única certeza cuando alguien es abandonado es que todo empieza ser posible de nuevo. El final de toda gran historia es sólo es comienzo de otra mucho mejor”, subraya, siempre optimista.

Mara Torres, fotografiada en el Hostal de los Reyes Católicos de Compostela, el pasado día 13 de noviembre. La foto es de Raquel Domínguez.

Esta entrevista es una versión más larga que la que se publicó originalmente en El Correo Gallego el domingo 18 de noviembre de 2012.

Un comentario

  1. Señor Giráldez, lo felicito de nuevo por un artículo tan bien escrito. Coincido con usted, de siempre, en la fascinación minoritaria que logra arrancar La2, ese rincón que, a diferencia de los rincones de las casas, no se llena de basura; o de tele-basura, vaya. Coincido también en la calidad como presentadora de Mara Torres; no he leído su libro y no puedo opinar de ella como escritora, ya me informará usted que es un buen crítico.

    Un abrazo.

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