Una mañana con María Dueñas

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“El éxito no me va a arrancar los pies del suelo”

MIGUEL GIRÁLDEZ

Sé que estoy de suerte, porque tengo frente a mí a María Dueñas y porque voy a tener la oportunidad de hablar con ella durante casi una hora. Si consideramos el ritmo de entrevistas que lleva la escritora manchega, y las que acumuló en jornadas interminables durante los tres largos años de éxito de El tiempo entre costuras, esta hora que viene a continuación apenas es un pequeño grano de arena en una inmensa playa. Pero María Dueñas se lo toma como si fuera la primera entrevista de su carrera. O la última.

Se lo toma como imagino que se toma cada una de las líneas que escribe: con una energía inusitada. Y con alegría. Cuando le digo que estará harta, saturada, de tantos centenares de entrevistas, me dice: “estoy encantada. ¿Cómo no voy a estarlo?” Y así empieza la mañana. Todo esto sucedía en el hotel Virxe da Cerca, en Compostela, hace casi un mes. Una dedicatoria, un café que terminó frío y abandonado, una conversación que no conoció límites, ni relojes, ni costuras. “Llegaste un día a tu despacho, en la Universidad, y dijiste: quiero escribir. Y abandonaste los proyectos, y las guías docentes”, le digo. Porque quiero hablar de los comienzos, de cómo empezó todo. “No, no llegué a mi despacho como llega Blanca Perea [la protagonista, también profesora universitaria, de Misión Olvido, su nueva novela, publicada por Temas de Hoy]. No llegué en su difícil situación. Pero si es cierto que un día me dije: voy a escribir. Voy a intentarlo. No fui escritora precoz. Pero creo que tengo imaginación. Y mis amigos, los pocos que lo sabían, me animaban. Eso sí: nunca pensé que iba a ocurrir lo que ocurrió”, explica María Dueñas. el éxito. Y lo que ocurrió ya es sabido. Un éxito arrollador. Imparable. Tanto que María comprendió que había empezado un nuevo tiempo, que era necesario replantearse algunas cosas. “Al principio, no tenía ni idea de lo que iba a pasar. De hecho sólo sabía que iba a terminar la novela: la determinación nunca me ha faltado. Me lo ha enseñado la universidad, tú sabes cómo son esas cosas. Pero claro, no tenía ni idea de si querrían publicarla o no. Así que cuando empezaron a aumentar los lectores, cuando se empezaron a acumular las traducciones y las ediciones, yo no hice otra cosa que subirme al carro que me marcaban los acontecimientos. No me sentí raptada, ni abducida, ni devorada”, enfatiza Dueñas. “El libro ya iba solo. Me di cuenta de que había que seguir la corriente. Y no sentí vértigo, porque en realidad lo que me ha sucedido con El tiempo entre costuras no ha sido otra cosa que ir de alegría en alegría. Yo misma me hubiera quitado del medio si me hubiera sentido mal. Pero no. Aunque desde fuera lo parece, no ha sido una bola de nieve que me haya llevado por delante. Mi vida sólo ha cambiado porque viajo mucho más, eso sí, y porque he dejado las clases en la Universidad. Yo no hubiera consentido que esto me arrancara los pies del suelo”, dice, contundente.

MISIÓN OLVIDO. Y entonces está la nueva novela, que es de lo que hemos venido a hablar. Misión Olvido. Es un título con doble sentido: el olvido, la huida de Blanca Perea, tras la ruptura de su matrimonio, hacia un pequeño campus ficticio de California (Santa Cecilia), donde se va a dedicar a ordenar la herencia académica y la memoria de un hispanista fallecido, Andrés Fontana, y el otro Olvido, el nombre de la última Misión franciscana, construida en Camino Real. Así que estamos ante una novela que tiene parte de la herencia de la llamada novela de campus anglosajona (David Lodge, y por ahí) y el aire norteamericano, tan productivo literariamente. “Sí, esta es una novela de campus, podemos decirlo”, admite Dueñas sin ambages. “Es un género, llamémoslo así, que me gusta, que lo siento cercano, claro, aunque reconozco que no es muy habitual en España. Seguramente porque la vida del campus, aquí, es muy diferente. Al contrario de lo que pasa en España, creo que el modelo anglosajón promueve la vida de campus más allá de los confines de la facultad y del despacho. Por eso da tanto de sí, literariamente hablando”.

LABERINTO DE PASIONES. La novela, como le gusta a María Dueñas, se desarrolla, en realidad, a lomos de la historia del siglo XX. Y en las dos orillas del Atlántico. Porque asistimos a varios flashbacks, sobre todo hacia los años 30 (la vida en España de Andrés Fontana), y hacia 1958, el año en el que discurren las andanzas de Daniel Carter, otro personaje fundamental, como hispanista americano en España. “He buscado conscientemente el reencuentro entre América y España. Porque el libro es también un homenaje a los hispanistas, a la conexión con Estados Unidos. Es una historia de ida y vuelta: la de los franciscanos en California, desde luego, pero también la de los exiliados que acogen en Estados Unidos durante la posguerra, y finalmente, los americanos que vinieron aquí, a pesar de que era un tiempo difícil. Incluso quería revisitar el establecimiento de las bases americanas, también en aquella época. Es una historia intimista, pero muy vinculada a nuestra memoria”, explica. Le digo que Sender y Machado (“Esos días azules y ese sol de la infancia”) brillan con luz propia en su novela. Y lo reconoce. “Machado siempre está muy presente en América. Y Ramón J. Sender, bueno, es un escritor fundamental, claro está, sobre todo en aquel momento”. “Pero”, subraya “más allá de la Historia, y de la mera acción, lo que yo quiero es que mis personajes tengan toda la humanidad, toda la carnalidad posible. Me interesa su lado reflexivo, su laberinto de pasiones. Hay que sentir la vida con los personajes. Y creo que esto los lectores lo agradecen”, concluye.

La fotografía de María Dueñas es de Miguel Giráldez.

[La entrevista completa con María Dueñas, en forma de podcast, puede escucharse íntegramente desde la portada de www.elcorreogallego.es ]

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