Con Ricardo Menéndez Salmón

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“Tras el mal, mi literatura viaja hacia otros territorios”

A PUNTO DE PUBLICAR ‘MEDUSA’, SU NUEVA NOVELA, EN SEIX BARRAL, EL ESCRITOR ASTURIANO REFLEXIONA AQUÍ SOBRE SU ESTILO LITERARIO Y SOBRE ‘LA NOCHE FEROZ’, UNA MIRADA HACIA EL RUIDO, LA FURIA Y LA FRAGILIDAD DE LOS SERES HUMANOS

Texto  José Miguel Giráldez

Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) es filósofo y asiduo colaborador de prensa. Hace unos meses, cuando se publicó en Seix Barral la reedición de ‘La noche feroz’, el escritor manifestaba un deseo: que 2012 fuera un año mejor, más clemente, decía, sobre todo para la gente corriente. “Que somos prácticamente todos”, añadía, no sin pesadumbre. Pero los deseos de Ricardo Menéndez Salmón no se cumplieron y 2012, al menos hasta la fecha, no solo no ha sido clemente, sino terrible. Un pozo sin fondo para la economía, un desastre para los trabajadores, pero, sobre todo, para el bolsillo de la clase media, la que sostiene este país. Una pesadilla feroz, una larga noche oscura, interminable. “Todo esto lleva sucediendo ya demasiado tiempo”, dice resignado Menéndez Salmón, hablando de la crisis atroz. “Pero la sensación que le queda a la mayoría de la gente es que hay una serie de fuerzas, de intereses, ajenos por completo a la gente más normal, fuerzas que no podemos controlar, que desgraciadamente determinan y condicionan nuestras vidas”.

Ricardo Menéndez Salmón es aún joven. Empezó publicando en editoriales pequeñas, cercanas, provinciales, entrañables tantas veces. Pero ahora ya hace algún tiempo que dio el salto a los grandes sellos (Seix Barral, en concreto), y en breve, en apenas unos días, publicará ‘Medusa’, su nueva novela. Le digo si siente nostalgia por lo pequeño, por aquellos días en los que comenzaba, no hace tanto tiempo, por cuando era un escritor primerizo que luchaba por abrirse camino. Y dice, claro, que nostalgia no queda. Pero sí gratitud. Mucha gratitud. “Aquellos años provinciales no me regalaron visibilidad, que es algo muy difícil de conseguir, pero sí confianza en mi trabajo. No creo que haya mucha diferencia, ni siquiera estilística, tampoco en los temas, entre lo que publico ahora en Seix Barral y lo que publicaba entonces en Asturias. La verdad es que en Asturias, cuando te mueves en sellos locales, escribes para poca gente, no es un caso como el de Galicia, no es comparable. Pero vamos, siento mucha gratitud por todos aquellos días. Y, al tiempo, reconozco que se necesita, en este mundo tan vasto que es el mundo editorial de hoy, una paraguas de referencia que te haga visible. Y Seix Barral lo es, qué duda cabe”, explica el escritor.

Habla el entrevistador de aquellos años como estudiante universitario en Oviedo, aquellos años que le llevaron a descubrir la lluvia. No la lluvia sin más. Sino la lluvia densa, la lluvia como cortina, como gran película protectora, como placenta. Habla el entrevistador de aquellas tardes de invierno en la Facultad de Filología, junto a la Corrada del Obispo, donde ya no está, los años que le llevaron a construir el universo de lluvia en el que ya se convertiría su vida. Y Menéndez Salmón asiente, y dice que sí, que Oviedo es ese escenario literario, con la lluvia también. Con Leopoldo Alas o con Juan Cueto, le digo yo. Pero recuerda que ha vivido en Gijón casi siempre, al lado del mar. “Son dos ciudades muy distintas, no estoy descubriendo nada con esto. Creo que aún se parece a aquella Vetusta que Clarín reflejó en el cambio de siglo. Oviedo es más conservadora, lo digo sin ánimo peyorativo, mientras que Gijón, quizás por el mar, es más abierta, con un
pasado más fabril, más industrial, más abierta a otro tipo de mentalidades. Pero ambas ciudades comparten una cosa: las dos son muy agradables para el trabajo del día a día, y más para este trabajo de escritor. Yo ya no publico en Asturias” dice Salmón, “pero sigo viviendo aquí. Y creo que no me equivoco si digo que Asturias posee algo de isla. Es uno de esos territorios pequeños en los que todo el mundo se conoce, un lugar separado del resto por las montañas, como decía de su propio país el Noble griego Seferis, quizás mi poeta favorito. Es también la descripción que Jovellanos utilizaba para contar cómo era Asturias al resto de los españoles”, añade.

Hablamos entonces de cómo ha crecido la periferia. De cómo lo central es ahora lo periférico. Lo es desde hace algún tiempo. Hablamos de cómo los escritores se han hecho gigantes desde las márgenes, donde brota la riqueza de los contactos, la grandeza de las fronteras transparentes, la unión de lo distinto, el color del mestizaje y la tolerancia. Le digo que tiene puntos en común con Manuel Rivas, por ejemplo. “Es cierto, yo no soy un trasterrado, como se suele decir. Hay autores que no han abandonado su tierra jamás. No lo han hecho, no se han ido a los grandes centros, como Madrid o Barcelona. Y bueno, esto recuerda aquella frase de Tolstoi, que decía que había tardado años en descubrir que para hablar de lo universal tenía que hablar, en realidad, de su aldea. No me ha robado nada crear desde Asturias. Quizás me pierdo algo de la vida social de Madrid o Barcelona, pero eso me importa bien poco. Y con respecto a lo que dices, yo he sido siempre un gran admirador de los escritores gallegos. Creo que son los mejores, desde hace tiempo, empezando, claro, por Valle-Inclán. Ya sé que ahora no lo lee prácticamente nadie…, pero ahí está Torrente, o Cunqueiro, tan querido en Asturias a través de su gran valedor aquí, Xoan Bello. Blanco Amor me encanta, aunque lo he leído traducido. Coincido contigo, sí, que hoy la gran literatura se hace en gran medida en las provincias. Y ya no existe, desde luego, esa necesidad de irse a la villa y corte, como antaño”, explica Menéndez Salmón con detalle. “Lo que el tiempo ha homogeneizado, sobre todo a partir de los años 80 con los grandes procesos de reindustrialización, es aquel aire de rebeldía, aquel aire convulso que siempre prendía en Asturias. Tal vez en Gijón ha sobrevivido más, irradiando una atmósfera cultural bastante potente. Ahora, con los recortes y todo esto que estamos viviendo, ya sabemos que la cultura es siempre la primera damnificada, y ya veremos a ver qué pasa”.

‘La noche feroz’ (Seix Barral) fue recuperada para los lectores a principios de este año. Es una novela brutal, dura, en el que las emociones excavan el túnel de la memoria. Un historia doméstica con la guerra civil en Asturias al fondo. El mal se alza aquí con toda su fuerza, envuelto en un lenguaje también feroz de herrumbres y oscuridades, un aire de las Comedias Bárbaras, como algún crítico ha apuntado sagazmente. Pero es la misma obsesión que se dibujaba en aquella tríada publicada
también en Seix Barral, bien conocida: ‘La ofensa’ (2007), ‘Derrumbe’ (2008) y ‘El corrector’ (2009), que componían, precisamente, la llamada ‘Trilogía del mal’. Tras la publicación en 2010 de ‘La luz es más antigua que el amor’, un hermoso título, se diría que Ricardo Menéndez Salmón viaja ya hacia otros territorios literarios. “’La noche feroz’ comparte las razones seminales de una obsesión, el asunto de la maldad”, señala Menéndez Salmón. “Pero yo creo que aquí ya hay otra mirada, más fría, más forense. No traiciono mi temática habitual, desde luego, pero creo que es el final de un camino estilístico. Estoy empezando a ver otro tipo de literatura, en el que el lenguaje coquetea con otras formas. Es propio de la evolución de cual escritor”, añade.

Pero de lo que no hay duda alguna es de que ‘La noche feroz’ está contada con el ritmo y el lenguaje adecuado. Un modernismo convulso para una historia convulsa: una historia en la que el tiempo avanza poco, pero en la que los personajes están todos fuera de sí, como el clima, como el paisaje, que son personajes también. “Ya he dicho en alguna parte que es una novela arrebatada”, aclara. “La novela, ya sabes, transcurre en un pueblo, en un único lugar, y en una sola noche. Y el argumento tiene una idea clara de partida: se trata de desvelar el asesinato de una niña. Así que esas características marcan claramente, creo, la forma de escribirla.
Son apenas cien páginas que obligan a que las actitudes y los parlamentos
tengan un punto de hipérbole. Tanto física como verbalmente tienen un punto de
impostura. Y sí, es verdad que guarda un parecido con el lenguaje que Valle
manejó como nadie”. Los dos acordamos que esta novela podría ser convertida en
obra de teatro, y como obra de teatro funciona. “Pero sería complicado, en los
tiempos que corren…. Complicado hacerla teatro… Bueno, tengo un buen amigo,
Juan Mayorga”, dice divertido, “pero siempre me cuenta que los dramaturgos lo
tienen realmente difícil, más que los novelistas, desde luego… Y del cine, que
me interesa mucho… mejor no hablamos. Es algo carísimo, y no puede hacerse sin
el interés y el capital de las televisiones”.

Ahora, a solo unas semanas de que aparezca ‘Medusa’, también en Seix Barral, uno no puede menos que preguntarle por esa nueva línea, por ese nuevo estilo que parece encarar el escritor asturiano. “’Medusa’ está emparentada con ‘La ofensa’ (2007), realmente”, explica Menéndez Salmón. “Emparentada en la temática, digamos, claro que ahora se trata de una obra en la que el protagonista decide mirar hasta el final, en una atmósfera en la que la pintura, el cine y la fotografía tienen mucho que ver. Pero bueno, es un personaje inventado: nada que ver con el Rothko de ‘La luz es algo más antiguo que el amor’. Aunque es cierto que Rothko se convierte también en un personaje de ficción más”. Hablaremos de ‘Medusa’ en breve.

 

Un comentario

  1. No sólo ha conseguido hacerme del club del 7%, sino que me urge conocer a este autor a toda prisa. Muchas gracias, Sr. Giráldez.

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