John Rutherford y Manuel Rivas, honoris causa por la Universidade da Coruña

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El profesor John Rutherford, uno de los grandes galleguistas de nuestro tiempo, acaba de ser propuesto hace apenas una semana, junto al escritor Manuel Rivas, como doctor Honoris Causa por la Universidade da Coruña. Ambos recibirán este alto y merecido reconocimiento en un acto, probablemente conjunto. En su día, con motivo de la publicación de la traducción de ‘El Quijote’, hecha para la conocida editorial británica Penguin Classics, mantuvimos una charla con John Rutherford en Ribadeo, el lugar de Galicia donde la obra de Cervantes fue traducida, prácticamente en su totalidad.

Texto y foto: Miguel Giráldez (jmgiral@orange.es)

 

‘EL QUIJOTE’ SE TRADUJO AL INGLÉS EN GALICIA

John Rutherford, que había acometido la magna obra de traducir ‘La Regenta’, se atrevió con la traducción al inglés de ‘El Quijote’ y lo dio a la imprenta en el año 2000. Su texto sustituyó en la conocida editorial Penguin al de J. M. Cohen, que se había publicado allá por los años 50.

Al poco tiempo apareció la edición americana de Edith Grossman.

Trece, catorce, quizás alguna más. Este es el número de veces que, al parecer, se ha traducido El Quijote al inglés. Y no es un dato menor, puesto que dar a conocer la obra más famosa de la historia de la literatura en el idioma más hablado (Chino mandarín aparte) no es cuestión baladí. El inglés, dicen los expertos, siempre ha recogido las andanzas de don Quijote con precisión, pero también es cierto que con escasa brillantez. Las traducciones de la gran obra de Cervantes al inglés, son, por tanto, correctas, exactas, pero sin mucha energía.

Y, sobre todo, son traducciones que no han entendido bien el valor más importante de El Quijote: el humor.

Esto era cierto hasta que en 2000 Penguin publicó la traducción del profesor oxoniense John Rutherford. Por una vez las cosas cambiaron. Quizás porque el conocimiento del español (y del gallego) por parte de Rutherford es tan notable que quién mejor que él para contarle a los ingleses quiénes son verdaderamente Don Quijote y Sancho. Justo ahora, cuando se celebra el IV centenario, nos llega la traducción americana de Edith Grossman, a la que estábamos más acostumbrados a ver dedicada a Gabriel García Márquez. De la traducción de Grossman, muy celebrada, hablaremos en las próximas semanas: para eso estamos en el año de El Quijote. Pero hoy vamos a referirnos a esta versión de John Rutherford, tan cercano a Galicia y a nuestra cultura y tan buen conocedor del Siglo de Oro español. Rutherford, a nuestro entender, marca un punto de inflexión en algo tan importante como es la traducción de El Quijote al inglés. Tan importante, sin duda, como poder leer a Shakespeare en español.

El Quijote se tradujo muy pronto, a pesar de haberse editado por primera vez en la imprenta de Juan de la Cuesta, en Madrid, de una forma muy pobre y tosca, precisamente en el mes de enero de 1605 (hace pues ahora, con exactitud, cuatrocientos años). En 1612, cuatro años antes de la muerte de Cervantes, aparece la primera traducción de dicha obra a una lengua extranjera. El responsable de esa traducción, editada bajo el título de “The History of the Valorous and Wittie Knight-Errant, Don Quixote of the Mancha”, es el inglés Thomas Shelton. En 1948, aparece “The Ingenious Gentleman Don Quixote de la Mancha″, de Putnam, una americano importante que llegó a superar los 17 años de trabajo para traducir el libro. Pero hay otras versiones que también merecen destacarse:  “The History,of the Renown’d Don Quixote de la Mancha” (1700) de Peter Motteux, “The Life
and Exploits of the Ingenious Gentleman Don Quixote de la Mancha” (1742)
de Charles Jarvis y “The Ingenious Gentleman Don Quixote of la Mancha” (1885) de John Ormsby. En opinión de Pym son quizás las mejores que se han hecho nunca, aunque hubo que someterlas a revisiones y actualizaciones varias. No en vano, el Quijote no se tradujo al inglés durante un siglo y medio, algo realmente sorprendente, hasta la versión de Alexander Duffield (1881), ya en el Romanticismo tardío. La de Ormsby, desde luego, ha alcanzado un gran nivel de crítica. Pero Rutherford se queja, en el prólogo al libro, de que la mayoría de estas traducciones estaban informadas e influidas por la perspectiva del puritanismo. No será hastra 1950 cuando se publique El Quijote de Cohen, que tantos años consecutivos alcanzó en el catálogo de Penguin, Walter Starkie, siete años después, publicó una nueva versión. Para Pym, todo el mundo debió de conocer la traducción de Shelton, la única publicada en vida del autor, junto a la de Oudin, al francés. Shelton, en cambio, esperaría hasta 1620 para publicar la segunda parte. Todo el mundo reconoce el trabajo inicial de Shelton, que desde luego no contaba con referencias anteriores para contrastar su trabajo. El fue la guía para todos los demás y, en gran medida, es de los pocos que captura el buen humor y la ironía del libro. Grossman, en la versión más reciente conocida, aporta algo fundamental, prácticamente desconocido por lo que se refiere a El Quijote: el punto de vista de la mujer traductora.

Rutherford se aventuró en la obra de Cervantes con todas las consecuencias. Su traducción, publicada ya hace casi 5 años, ha sido muy reconocida: es una gran versión, en la que el autor piensa en las situaciones de los personajes centrales y luego las convierte en palabras en inglés. No se trata, por tanto de una mera traducción mecánica, y mucho menos sosa, sino de algo que busca encontrar la energía y el humor de Cervantes. Rutherford, que habló para este suplemento al poco de acabar la traducción, considera que sólo las primeras versiones en inglés alcanzan un cierto grado de elaboración humorística. “Luego, sobre todo a partir de 1750, parece que se olvidan de eso, cuando eso, el humor, es lo fundamental”. Rutherford confiesa que su hija no encontraba El Quijote divertido, tal y como su padre siempre le había dicho. “Hasta que me di cuenta de que el mal estaba, claro, en las traducciones. Así que me puse a traducirlo yo mismo”.

Y así fue como El Quijote en inglés, versión John Rutherford, se hizo en Galicia. Rutherford reconocía entonces cómo fue el comienzo de la aventura: “esperé hasta que tuve un año sabático en la Universidad [de Oxford]. La verdad es que empecé un año más tarde del límite de entrega que me había puesto Penguin, que era 1995. Pero yo antes no podía hacer nada, porque el trabajo universitario te ocupa muchísimo” . Recordar ahora aquellas palabras de Rutherford, en el año del IV Centenario, nos parece imprescindible. Pero también un homenaje a una versión inglesa realmente brillante. “Sin duda escribí los dos borradores de la traducción de El Quijote en Ribadeo, en Vilaselán. Se puede decir, en efecto, que el protagonismo de Galicia fue aquí importante. Pero yo siempre suelo trabajar aquí muy bien. Lo hice casi febrilmente: 14 horas al día, casi sin parar. Llegué a tener
claustrofobia, así que, cuando tocó la segunda parte, lo hice sentado debajo de
una higuera. Si llovía, me metía en un garaje, con todos los folios de El Quijote en la mano…’’.

Así habla Rutherford. Es justo recordar ahora su labor, una labor que además nos toca tan de cerca. El IV Centenario no ha hecho más que empezar. Pero la versión de Rutherford es, probablemente, la más divertida, quizás la más elaborada por lo que respecta al lenguaje específico o coloquial. Él traduce a inglés de hoy, no a inglés del siglo XVI: “Cervantes sonaba contemporáneo, y asi ha de sonar para el lector de ahora. Aunque hay cosas, claro, que no se pueden modernizar”

Publicado originalmente, con leves cambios, en El Correo de las Culturas (El Correo Gallego) en 2005. Ilustración (arriba): John Rutherford, fotografiado por el autor de este blog, en la plaza Cervantes de Santiago de Compostela, en julio de 2010.

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