Una hora con Santiago Posteguillo

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“De Roma no se ha contado todo, aunque lo parezca”

ENTREVISTA Y CAFÉ CON SANTIAGO POSTEGUILLO

Conozco a Posteguillo desde su novela anterior, La traición de Roma, que coronaba su magnífica trilogía sobre Escipión. Ya entonces hablamos muchísimo. Posteguillo tiene una dicción pulcra, animosa, exacta. Imagino que le viene esa exactitud de su lado académico (es profesor de filología inglesa en la Universidad Jaume I de Castellón), y también de sus muchas horas dedicadas al noble ejercicio de la investigación, primero como profesor, ahora como autor de novela. Llega con una nueva obra, con el siglo I como escenario: Los asesinos del emperador. También, me dice, es el comienzo de una nueva trilogía. Su éxito, como autor de novela histórica romana, es fulgurante, irrefrenable.


Y es que a Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) le funciona maravillosamente esta estrategia literaria. La de las trilogías. Con la dedicada a Escipión (“un personaje no tan conocido como merece, quizás eclipsado por Aníbal”) logró todo un récord de lectores. Y ahora, su gran problema está en batir ese récord. En ir más allá con esta trilogía nueva, que va a estar dedicada a Trajano, emperador romano contra pronóstico, de origen español (cuando los emperadores tenían que ser, forzosamente, nacidos en Roma).
Posteguillo llega a esta terraza del Hostal Reyes Católicos en un día soleado, hermosamente azul. Lleva ya algunos trancos de la gira encima, ahora con la editorial Planeta, a la que ha llegado después de su éxito incontestable. Recuerda bien cuando nos vimos, hace un par de años, y se dispone a contarme cómo Trajano se convirtió en objeto de su deseo investigador, y cómo Roma le ha invadido por completo, dos mil años después, desplazando un poco su otra investigación: la anglosajona.

Le auguro, sin necesidad de mirar en las vísceras de un ave, que este nuevo proyecto va a ser, otra vez, todo un éxito. Creo que Santiago Posteguillo es uno de los mejores autores de novela histórica que conozco. Probablemente sea el mejor. Pocos logran suprecisión, la calidad y frescura de su prosa, el enigmático equilibrio entre la profusión de datos y el entretenimiento. Trabaja con un alto criterio de
excelencia. De eso no me cabe ninguna duda. Pero ahora viene ese temor,
retórico, quizás, que supone ir más allá del ya gran éxito de la trilogía de
Escipión. Me lo cuenta mientras damos un sorbo al primer café de la mañana. El
fotógrafo llega para retratarlo, con la balconada del Hostal de los Reyes
Católicos al fondo. Y con dos ejemplares de su libro: 1280 páginas de libro,
nada menos. Pero la historia no pierde fuelle ni calidad, ni ritmo, en ningún
momento. “Me ha costado dos años hacer todo esto. La documentación te
acompaña siempre, porque hay que viajar a los lugares que aparecen en la
novela, y son muchos. Esta historia se desarrolla en Siria, en el Danubio, en
Roma, en Hispania… era un reto hacerla entretenida, sencilla y apasionante a
la vez. Los lectores agradecen aprender y pasárselo bien al mismo tiempo.
Afortunadamente Planeta me ha permitido seguir con mis cosas… los mapas, los
glosarios… supongo que son reminiscencias de mi gusto por la filología”,
dice Posteguillo. Se le ve satisfecho.

La obra apenas llega al comienzo del mandato de Trajano. Lo fundamental aquí es el 18 de septiembre del año 96. (Curiosamente, la entrevista tiene lugar a la hora sexta, el medio día, hora prevista para el asesinato de Domiciano). La novela no está contada linealmente, pero se mueve en esos treinta años del siglo I en los que hubo hasta nueve emperadores romanos. El declive del imperio, junto a la inestabilidad de las fronteras, era por entonces evidente. Y es en ese período de crisis, siempre tan atractivo, en el que se zambulle Posteguillo. Le digo si nunca pensó en lo mucho que se escrito (y filmado) sobre Roma. Y me dice que claro que lo pensó, pero que es aún mejor que sea así. Roma ofrece un interés perpetuo, interminable. “Y, además”, añade “se conocen unas cuantas cosas muy bien. Se ha repetido mucho, pero hay demasiadas áreas, temas, personajes, no tan conocidos. Trajano es un ejemplo. Escipión, desde luego. Hay espacios que no se han
tratado, al menos para el gran público. Y yo voy buscando esos espacios vacíos
y trato de llenarlos”, explica con entusiasmo. “Hay que pensar que Trajano es el primer emperador hispano, no nacido en Roma, el mejor de la historia, el más brillante, el que llevó a Roma a lo más alto… un modelo de gobernante. Y, ¿dónde están todas la novelas y todas las películas sobre Trajano? Lo que pasa que cometió un fallo. ¿Sabes cuál? No haber nacido en Londinium, por ejemplo. Es un fallo grave haber nacido en Itálica. Brad Pitt y Russell Crowe ya estarían pegándose por hacer su papel… Pero nació en Itálica, así que me temo que los anglosajones no se van a fijar en él”, concluye, contundente.

Le gustaría que lanovela fuera traducida al inglés (lo está siendo al italiano), “y así
quizás el cine americano se podría interesar en alguien tan especial, tan
apasionante, como Trajano”. Pero no tiene queja de su éxito. El desfile
aquí, de más de cien personajes, muchos de ellos fundamentales (hay varios
protagonistas, por decirlo así) resulta abrumador, electrizante. Trajano
aparece desde sus comienzos “era hábil, pero noble. Era frío y calculador,
eso es cierto”, señala. “Fue capaz de sobrevivir a un lunático como
Domiciano: se trataba de que el emperador no se fijara en él, porque, de
hacerlo, acabaría mandándolo ejecutar. Pero fue capaz de aceptar un matrimonio
de conveniencia, alejado de su verdadera vida íntima [era gay], supo separar lo
público de lo privado, por tanto, algo de lo que muchos políticos podrían
aprender, era asutero, pero sabía ser autoritario. Y todo eso le llevó a ser
emperador, toda esa amalgama de características que le hacían, sin duda,
especial”, enumera Posteguillo. En la novela, Domiciano, un loco, apenas
aparece. Sí el efecto de su mandato. Y sobre todos, tenemos a Domicia Longina,
la mujer del emperador, que es la favorita del escritor. “Es magnífica…
sobrevivió a ocho emperadores diferentes… sabía más de césares que nadie…
Mi editora dice que esta es la novela de Domicia Longina, no de Trajano”,
dice, divertido. Al lado de muchos personajes muy potentes literariamente,
Posteguillo logra una narración con suspense, con momentos climáticos, con
descensos a los túneles del palacio donde se desarrollará la gran batalla… La
reconstrucción de aquellos días resulta magnífica, desde la fidelidad a los
elementos históricos o artquitectónicos hasta la verosimilitud de los episodios
de ficción. “Es complicado mantener la tensión sobre acontecimientos
históricos de los que se conoce el desenlace, pero aún así hay cosas que no se
saben. Como la daga que aparece en el asesinato: ¿quién la tiene? ¿quién la
empuña finalmente? ¿Cómo lo hace?”. Solo es un detalle. Pero casi mil
doscientas páginas dan, por supuesto, para muchísimo más.

La fotografía de Santiago Posteguillo es de Antonio Hernández.

Un comentario

  1. Me he leído la trilogía de Escipión el africano, (una maravilla)
    Acabo de terminar la lectura de los asesinos del emperador (Posteguillo se ha superado).
    Me engancho tanto este ejemplar que he tenido algún que otro problema sin mucha importancia, en mi trabajo, no podía estar mucho tiempo sin seguir leyendo.

    Por favor que no tarde mucho en terminar el siguiente.

    Se tendrían que hacer películas de estos libros y no tantas versiones de Robin Hood o similar

    Un admirador

    Rafael Mora

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