Entrevista con Boris Izaguirre

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BORIS IZAGUIRRE
“Hemos vivido instalados en una larga mentira”

Es una mañana extraordinariamente calurosa, pero en los patios del Hostal de los Reyes Católicos, en Compostela, se respira la frescura de la piedra y se escucha el rumor de las cortinas. Los cuadros oscuros, iluminados a la manera velazqueña, acompañan esta sala de paredes blancas, mesas bajas y una gran mesa redonda, en torno a la que Boris Izaguirre mueve sus manos cortando el aire en suaves rebanadas. Lo veo al entrar en la semipenumbra bondadosa, y pienso por un momento que podríamos estar en un castillo francés, o en una gran casa inglesa, como esas que describe Kazuo Ishiguro. Es, sin embargo, un lugar familiar para él. La vida de Izaguirre ha estado muy unida a Santiago de Compostela durante la primera época de su carrera, tras su llegada de Venezuela. Y todo aquí forma parte de él, y viceversa, por más que Boris destile siempre cosmopolitismo y aire urbano. Por mucho que lo veamos más en hoteles post y pisos elevados con ascensores de cristal que en este enclave histórico rotundo, bellamente artesonado, rodeado de más piedra y más naturaleza, abrazado por el poder político y el eclesiástico, a partes iguales.


Boris nos espera vestido quizás con unos azules contenidos, la penumbra de harina que envuelve el lugar no deja muy clara la tonalidad, y transmite la inesperada sensación de llevar en esta sala muchas horas, días incluso, cuando, en realidad, acaba de llegar del aeropuerto tras un vuelo fugaz desde Madrid, venciendo el retraso de Barajas, y está a punto, en cuanto termine la charla, de volar de nuevo de regreso. Así que Boris aparece ahí, en torno a la gran mesa, iluminado por la felicidad del nuevo libro, Dos monstruos juntos (Planeta), el rostro sin una sola señal de cansancio, dispuesto a mostrarnos cómo el mal puede crecer en el corazón y en el cerebro de una pareja, que es, en realidad, el monstruo de esta historia. La novela empieza precisamente a lomos de un avión: Patricia y Alfredo regresan a Europa, a Londres, donde desean comenzar una nueva vida después de haber logrado el éxito en Nueva York. Nueva York, consideran, ya no es lo mismo: está lleno de españoles.

Londres se convierte así en una ciudad para la celebración, en un escenario fascinante, que, desde luego, fascina al autor. El decorado urbano controla los movimientos de esta novela, pero hay mucho de intrahistoria. No solo cuenta el laberinto urbano, sino los laberintos del cerebro y del corazón. “Creo que esta es mi novela más conseguida, con más oficio. A la que más tiempo he dedicado. La he escrito como he querido, donde quería y cuando quería”, comienza diciendo Izaguirre. “Todo el mundo me pregunta por qué, tras leer la novela, uno tiene la sensación de que yo considero a Londres mejor que Nueva York. ¡Algunos se horrorizan! Lo que creo es que los españoles decidieron que Nueva York era la ciudad que mejor les representaba: hasta Antonio Banderas me lo dijo. Pero Alfredo y Patricia, que respiran esnobismo, parecen cansados de tanto español. Ya se habían ido de España por eso. Así que se van a Londres donde los visitantes no aguantan mucho, porque no les gusta ni el clima ni la libra esterlina. Yo hice mi primer curso de inglés con quince años. Siempre me sentí muy bien allí. Pero si no hubiera vivido aquí, en Compostela, quizás no habría entendido tan bien la lluvia, o la fascinante relación que tienen con la naturaleza. Ellos se mimetizan con ella, se dejan seducir por ella. Nosotros solo la contemplamos”, dice, sin detenerse, el autor de Dos monstruos juntos. En ese Londres proteico se desarrolla la nueva vida de esta pareja terrible. Patricia y Alfredo. “La pareja es un monstruo en esta novela. Comienzan juntos y crean un monstruo. Así que el amor es una situación superada en su vida. Están construyendo un edificio sólido, el edificio del futuro, con algunas zonas en las que el otro no puede entrar. Pero, como ya he dicho en algún otro sitio, ellos se van a enfrentar a una guerra, al caos, una guerra sin tanques, pero que destruye el modo de vida tal y como lo conocemos. Un día se despiertan, pongamos que el día de la caída de Lehman Brothers (un día de septiembre, porque todo lo terrible ocurre en septiembre), algo que cuento al principio de la novela, y descubren que su edificio sigue en pie, pero todo son ruinas a su alrededor. Ellos estarán unidos en esa especie de caída libre hacia el desastre”, explica Boris Izaguirre.
El autor no puede disimular su pasión por Patricia. Porque, al final, las que realmente le fascinan son las mujeres. “Aunque aquí lo que ha ocurrido es que Patricia se cogió la novela para sí. De tal forma que no me iba yo a poner a discutírselo”, señala divertido. “Creo que me entrego mucho a mis personajes. Les dejo hacer lo que quieren, peroba veces hay que poner límites. Las mujeres son más fascinantes que los hombres, en efecto, pero eso es porque yo siempre he tenido facilidad para entenderme con ellas. Mi papá tiene este don, y estoy seguro de que me viene de él. Porque soy muy parecido a él”, dice. “Ahora bien, lo que quieren Patricia y Alfredo es no equivocarse nunca. Lograr su propósito. Nos pasa un poco a todos. También quisimos ser una potencia como país, y lo conseguimos durante un tiempo. Hasta que llegó la realidad y nos demostró que no, que no éramos ricos como creíamos. Por eso quise incorporar a la novela a Madoff. Su trampa inmensa le llevó a ser castigado, pero porque robó a su propia gente. Si hubiera robado a los pobres eso no habría ocurrido. Y aquí viene el otro gran tema de mi novela. La impunidad. En esta novela hay mucha corrupción, mucho delito, mucho materialismo… pero no hay castigo. Ellos son impunes. Y, de hecho, si recordamos las noticias que hemos escuchado sobre corrupción en los últimos años, quizás descubramosbque no hemos visto tantos culpables. Vivimos sin sobresalto en una piscina de impunidad, y sin ganas de salir de ella”. Boris reconoce que Patricia es el mejor personaje que ha creado hasta ahora. “Creo que es mi mejor héroe, un personaje con mucho de Edith Wharton. Mucho de adiós a la inocencia. Ella puede con todo y todas las ciudades se quedan pequeñas ante ella. Ahora bien, el gran personaje de esta novela es la actualidad”, subraya. “Resulta fascinante ver cómo la corrupción ha emigrado de Latinoamérica y de los países del tercer mundo y se ha instalado con tanta facilidad en el primer mundo. Lo único que ha cambiado es el estilo. Son los mismos delitos, aunque aquí no escuchemos el ruido de las balas, ni se despedacen cuerpos, como suelen hacer los narcos allí. Son los mismos delitos, aunque aquí todo lleve, digamos, un silenciador”, concluye.

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Fotografía de Boris Izaguirre realizada el martes 4 de octubre de 2011 por Fernando Blanco

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