Una noche de novela negra

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Alejandro Pedregosa, aunque es granadino, conoce tan bien Santiago de Compostela que se diría que lleva toda la vida en esta ciudad. Conoce sus calles, sus edificios, pero, sobre todo, conoce sus bares. Esto marca siempre la diferencia en cuanto al conocimiento de un lugar.

Me reuní con él la otra noche para presentar Un mal paso, su última historia, publicada por Ediciones B. La novela discurre casi en su totalidad por Compostela, y tiene los ingredientes habituales de la novela negra clásica. Le pregunté a Pedregosa (foto de Peyrona), ante el público asistente, si pasar de la poesía a la novela negra es tarea fácil. Y si tiene pensado quedarse en la ficción, como hicieron no pocos escritores que empezaron escribiendo poesía. Quizás siempre se empieza escribiendo poesía. Me dijo que se siente tan poeta como novelista, que son dos territorios distintos, y que cuando uno se viste para escribir lo hace con trajes diferentes, según lo que se proponga. Se trata de no mezclar, de tener claras las diferencias entre los territorios. Me acordé entonces del irlandés John Banville, al que conocí hace un par de años, durante los actos de la Semana Cultural que, en verano, se celebra en la villa marinera de Kinsale, al sur de Irlanda. Banville, uno de mis escritores favoritos, se hace llamar Benjamin Black cuando escribe novela negra. “Creo que en España me conocen más por el segundo nombre”, me dijo con cierta retranca. Recuerdo que le propuse cómo se sentiría si un día otorgasen el Nobel a Black, no a Banville. Musitó algo, pero no me contestó del todo: se fue camino de Dublin, en un coche polvoriento que pasó a recogerlo al caer la tarde.

Alejandro Pedregosa había escrito ya otra novela policial, o policíaca: Un extraño lugar para morir (Ediciones B). La novela tiene como trasfondo las fiestas de los Sanfermines, en Pamplona. Pero ahora ha optado por el Camino de Santiago. No estamos ante un obra vanguardista, sino lineal, concebida con los elementos tradicionales del género. El edificio de la trama depende de unos diálogos creíbles y de unos personajes construidos con cierta dosis de caricatura. El humor es uno de los puntos fuertes de esta historia. Pedregosa, anoche, en la presentación, insistió en el tema del humor. Uno de los grandes ingredientes de la literatura, aunque siempre haya quien se empecine en minusvalorarlo. Muy al contrario, algunas de las mejores novelas son, como el Quijote, novelas llenas de humor. Con pretensiones más modestas, le dije, Un mal paso también parodia en cierto modo el género negro. Nos pasamos parte de la noche hablando de esto, y de su pasión por Dashiell Hammett y, por supuesto, por Manolo Vázquez Montalbán. También la mía. La novela, en la que el Museo y la Catedral de Santiago de Compostela son importantes, termina el siete de julio de 2010. El día en el que desapareció el Códex Calixtinus. Ya de madrugada nos encontramos hablando de literatura, y de otras cosas humanas y divinas, envueltos por el bosque animado de La Flor, en el casco viejo compostelano, un lugar que consigue atrapar la felicidad, ese animal hermoso y esquivo.

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