Vila-Matas: “Un día probaré a escribir como si nadie hubiera escrito antes”

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Vila-Matas, con una entrevista retrospectiva en torno a ‘Dublinesca’ (Seix Barral), realizada el 19 de diciembre de 2010, inaugura este blog literario. Un buen padrino virtual, indudablemente. Sirvan sus palabras sobre la literatura, y sobre él mismo, a manera de bienvenida para todos los que hasta aquí se acerquen.

Vila-Matas es, sin duda alguna, uno de nuestros escritores más internacionales. Autor de culto para muchos, ampliamente traducido, Irlanda, Dublín y la sombra de Joyce aparecen en Dublinesca, su última novela. Hablé con el autor sobre la obra en cuestión, justo en los días en los que, también en Seix Barral, aparecía Perder Teorías, un ensayo, una obra colectiva, El juego del otro, donde comparte páginas con Paul Auster. Ésta que sigue fue mi conversación con Enrique Vila-Matas. (Enlace con la página web del autor:  http://www.enriquevilamatas.com )

1. En primer lugar, quiero decirle que he disfrutado mucho con su obra. No sólo por la obra en sí, por su calidad, sino por la continua mención (y aparición) de Joyce y de su libro capital, si así puede decirse, Ulysses. Y por el escenario de Dublín. Llevo algunos años enseñando literatura irlandesa, así que una obra como Dublinesca no puede ser más que un motivo de gran celebración para mí. Dicho esto, me gustaría preguntarle, ¿por qué Joyce? ¿Definitivamente es su favorito entre los grandes? ¿Abraza usted la idea de que James Joyce es el mejor escritor del siglo XX y Ulysses la mejor obra, como algunas encuestas del milenio reflejaron?
“Está Joyce en el segundo de los tres capítulos del libro y está Beckett en el tercero. A ese tercer capítulo Bolaño lo habría llamado “La parte de Beckett”. Joyce y Beckett me parecen las cumbres de la vanguardia literaria del siglo pasado. Lo que va de la epifanía joyceana a la afonía beckettiana. Ese tránsito resume las vanguardias literarias del siglo XX. Dicho esto, la verdad es que siempre he estado yo como lector y escritor más cerca de Beckett que de Joyce. Podría haber escrito Dublinesca sin haber leído a Joyce (o, mejor dicho, teniendo unas vagas nociones sobre su Ulysses) y el libro sería el mismo, porque pienso que a fin de cuentas en ese segundo capítulo de Dublinesca me he limitado a captar bien el espíritu de la gran novela de Joyce, pero el resto es cosecha propia. También Joyce recurrió a un clásico, a la Odisea, para su Ulysses, pero todo el libro es de Joyce y no de Homero. De Ulysses de Joyce me interesa básicamente que llevó hasta sus últimos límites al género novelístico, al menos en su vertiente realista. Y es que Joyce es para mí, de entre todos los novelistas que he leído, “el más realista de todos”.

2. “Dublinesca es, más o menos, de marzo. Han pasado algunos meses, y varias entrevistas con usted, en torno a su publicación, han aparecido ya. En una de ellas, le decía a Juan Cruz, en lo que parecía una confesión íntima, que al fin se había dado cuenta de que, durante años, lo que quería dejar atrás era la realidad. Pero Joyce, tan modernista, tan obsesionado por jugar más con el lenguaje que con las cosas que pasan, era un realista. Ulysses es, creo, realista hasta el hartazgo. Él mismo dijo, como usted bien sabe, que Dublín podría ser reconstruido usando su novela como guía, si un día desapareciera (una afirmación, yo diría, improbable). Ahora bien, es un realismo extraño. Me pregunto si éste es también su realismo.
“Sí, por eso a veces un crítico como Maurice Nadeau, el descubridor de Perec y el autor de la célebre Historia del Surrealismo –tiene ahora 99 años y acaba de publicar en Francia una elogiosa crítica sobre Dublinesca, desde luego la más llamativa de las críticas que he tenido-, considera que en mi obra el superrealismo (antes llamado surrealismo) es fundamental”.

3. En alguna parte se ha reconocido usted muy influido por aquellos días del París del 68. Joyce es, en cierto modo, hijo del París de los años 20, y de todos esos laberintos, que iban de Trieste a Zurich, con París como cierre del triángulo y Silvia Beach esperando, en la Rue de l’Odeon. Y Dublín, como un planeta de otra galaxia: pero su planeta. Quizás todo esto explica que Joyce se hiciera escritor desde fuera, desde el exterior, y que tardase en ser reconocido en casa (censuras y críticas por su supuesta obscenidad, aparte). Y usted también. Usted tiene mucho éxito fuera y es, dicen, uno de nuestros mayores autores europeos. Y ahora también tiene usted éxito aquí, desde luego. A Juan Cruz le dijo que Pérez Reverte ya es bueno porque lo dice en el New York Times. ¿Qué nos pasa? ¿Son los de fuera los que dicen quién es y quién no es verdaderamente escritor?
“No recuerdo haber dicho nada sobre Pérez Reverte y el New York Times. A la pregunta de si son los de fuera los que han de llamar la atención sobre los de dentro, pienso que siempre ha sido así. Cuando me di cuenta de que una pandilla de mediocres de este país, tarde o temprano, tendrían que verme –fíjese que digo verme, me contentaba sólo con eso, con eso tenía más que suficiente, lo que significa que ni siquiera me veían porque andaban muy atareados en sus habituales labores de mafiosillos–, empecé a disfrutar, al estilo del futbolista Víctor Valdés, el portero del Barça ignorado para la selección española durante años desde Madrid. Siempre he imaginado que Valdés ha de habérselo pasado muy bien viendo cómo le ninguneaban una y otra vez porque, a medida que pasaba el tiempo, eso ponía en evidencia a los que manejaban el cotarro”.

4. Rafael Conte se preocupaba mucho porque los escritores que deberían estar ocultos en algún lugar, durante el franquismo, no terminaban de aparecer en la Transición. Siempre citan aquella desesperación de Conte, hasta que la cosa empezó a arreglarse. ¿Y ahora? ¿Nos tendremos que preguntar lo mismo? Los irlandeses parecen inagotables, pero ¿y nosotros? Se publica mucho pero… Hace unas semanas Julio Llamazares me dijo: ‘‘el 97 por ciento, o así, de lo que hay en las librerías, no es literatura. ¿Qué decir al respecto?
“Que es cierto. El 98 por ciento”.

5. Usted parecía huir de la realidad, o de esa realidad. No sé si es una voluntad de alejarse también de lo que se hace mayoritariamente en este país, o el resultado de sus amores literarios, o su indudable pasión por la gran literatura europea, o, tal vez, su declarada afinidad con muchos de los latinoamericanos (o con algunos). Quizás eso llevó a algunos a declarar a Vila-Matas autor de culto, o de cultos, que parece una manera urgente de matar al escritor. Pero volvió usted con el fulgor del reconocimiento europeo, y ahora todo el mundo habla de la autoficción, y en este plan. Y mientras tanto, hacemos más novelas históricas (por usar la etiqueta) que nadie. ¿Será que no hay una dirección clara en la literatura ahora mismo? ¿Será que no hay ideas, que a nadie se le ocurre nada, o a muy pocos? Porque claro, la novela es la idea… Y formalmente, ¿qué decir? Joyce parece más vanguardia que nunca, cien años después…
“Y pensar que hay un crítico mexicano, un tal Pérez Prado, que desde una universidad estadounidense (por lo que veo admiten a cualquiera allí), acaba de decir, a propósito de Dublinesca, que a Joyce no hacía falta recuperarlo. Ahí tenemos un ejemplo del clásico mal crítico. Porque un mal crítico es aquel que si no encuentra un error, lo comete”.

6. Usted escribe sobre libros, de libros, en torno a ellos, y sobre escritores, editores. Todo este universo. Por ejemplo, en Dublinesca rezuma una gran pasión libresca, permítame el juego de palabras. ¿Ha querido entregarle a Joyce, como Riba, la llama de la literatura que él encendió, en su propia ciudad y desde la lejanía de continente, para decirle “quédesela, porque nadie parece merecerla”? O dicho de otra forma: ¿asistimos al funeral de los libros tal y como los conocemos?
“Bueno, Dublinesca es más que nada una parodia del fin del mundo. Algo se acaba, pero es maravilloso el eclipse. Comentar, contar el final de un mundo hace que narrar vuelva a ser algo genial, que se recupere el placer de narrar. En México Juan Villoro lo vio muy bien cuando explicó que yo en Dublinesca hablaba de la muerte de la literatura y con esto conseguía que ésta volviera a estar más viva que nunca”.

7. Claro que, en el fondo, Ulysses deja a sus personajes mal parados, casi convertidos en pobres peleles, con vidas grises. Es una burla del heroísmo, la más cruel. Porque tiene a Homero como referente. Y Molly está irremediablemente muerta de nostalgia por aquellos días azules de Gibraltar y ese sol de la infancia. Samuel Riba, tan perdedor, tan al borde del abismo, es también el héroe que va a entregar el alma de la literatura al cementerio de Dublín. Y, sin embargo, no puedo dejar de pensar que hay algún heroísmo en todo eso. ¿Es heroica la profesión del escritor?
“Si ahora me presentara como un héroe recogería la indignación de todos mis enemigos, que es una de las cosas que más me divierte provocar. Pero no voy a presentarme como tal, para que mis enemigos se indignen igualmente”.

8. Me pregunto si creyó un día que le debía algo a Joyce. Y si cree que ahora ‘‘se lo ha pagado”, pregunto. “Le debo algo a Joyce, desde luego”, dice. “En cuanto a lo de la etiqueta de la literatura difícil, tengo que decirle que en enero publico en De Bolsillo Mondadori una selección de mis mejores cuentos que incluirá una nouvelle inédita que da incluso título al volumen, Chet Baker piensa en su arte. Allí hablo de la literatura de la Dificultad y evoco, por ejemplo, una respuesta de William Gaddis a la pregunta de si él escribe como él porque ésa es la manera más fácil que tiene de escribir o por qué obras tan difíciles de leer son igualmente difíciles de crear.
“Bueno, como he intentado dejar claro, si el trabajo no me resultara difícil lo cierto es que me moriría de aburrimiento”

9. Acabo de estar con su traductora al alemán, Petra Strien-Bourmer, en unos encuentros sobre literatura y traducción. Hablamos mucho de usted. Y de su obra. Me pregunto si usted considera que la cercanía al traductor es fundamental para lograr la versión adecuada. O si es mejor que el traductor vuele, hasta donde puede. Imagino que muchos autores, que no han tenido suerte con los traductores, no han sido leídos realmente en el extranjero. Lo que los lectores han leído es otra cosa. ¿Usted cree en la traducción?
“Bueno, en Alemania tuve que dejar de publicar en Nagel&Kimche (editorial de Zúrich) porque, entre otras cosas, se permitieron los de marketing la licencia de transformar el título de El mal de Montano en Efectos secundarios, quebrando así la serie de títulos del la trilogía Bartleby/ Montano / Pasavento. Ciñéndome a la cuestión de las traducciones, le diré que las hay buenas o malas, personas que traducen muy rápido y no te dicen nada y otras que consultan. André Gabastou en Francia, por ejemplo, es un traductor extraordinario, sospecho que mejora mis libros”.

10. “uizás eso explique de los herederos de Joyce sean tan celosos con las versiones del escritor irlandés. Hay tres versiones de Ulysses al español, como usted sabe, además del texto publicado por Eduardo Chamorro. Las tres me parecen notables, sobre todo la última, la de Francisco García Tortosa, con diferencia la mejor. No sé si usted, al leer alguna de ellas, las que sean, habrá sentido con nitidez el gran problema de la traducción, y si lo habrá referido a su propia obra”.
“Para Dublinesca trabajé indistintamente con la traducción de Salas Subirat y con la de Valverde (las dos primeras versiones del Ulysses al español), y luego adaptaba la transcripción a mi propio lenguaje.

11. Para acabar bien, ¿habría que hacer algo como Finnegans Wake? Quiero decir: ¿es la abstracción, o la visión surreal, la desconstrucción del lenguaje, o la búsqueda de la pureza? ¿O es un simple juego? ¿Publicaría usted una novela que no se entienda, aunque fuera el fruto de siete años de trabajo?
“Me fascina Finnegans Wake, también su misterio. Que Finnegans Wake es puro arte me parece una evidencia. He vivido en variadas ocasiones, en mis obstinadas relecturas parciales de este libro, la sensación inenarrable (y nunca mejor dicho) de percibir que estaba ante el tipo de escritura que mejor se relaciona con la verdad de la vida incomprensible, con lo salvaje, lo bárbaro, lo caótico, en definitiva con lo único comprensible de este mundo: lo incomprensible. Y aquí yo ahora sólo recordaré que Beckett decía que los escritores realistas engendran obras discursivas porque se centran en hablar sobre las cosas, sobre un asunto, mientras que el arte auténtico no hace eso: el arte auténtico es la cosa y no algo sobre las cosas: “Finnegans Wake no es arte sobre algo, es el arte en sí”. ¿Si publicaría una novela que no se entendiera, aunque fuera el fruto de siete años de trabajo? Creo que para hacerlo tendría que escribir antes Ulysses y no creo que caiga esa breva”.

12. ¿Se ha sentido usted verdaderamente tentado por el auge del microrrelato? ¿Qué tiene que decir al respecto?
Lo del microrrelato me suena a españolada, pero no sé por qué. En mi antología de cuentos, en Chet Baker piensa en su arte, incluyo seis relatos mínimos (de menos de una página), pertenecientes a diferentes libros míos de cuentos.

13. Cuando leo sus libros, tengo la sensación de que tiene toda la literatura presente, como el que tiene sus reliquias o sus amuletos delante. Quiero decir que usted hace presente a la literatura dentro de la literatura, como si estuviera continuamente demostrando que las novelas se deben las unas a las otras, como si insistiera en la tradición literaria, en la necesidad de saber y conocer lo que hubo aquí y allá, para poder escribir con todo ese peso de las sombras, chinescas, dublinescas. ¿Se puede escribir sin conocimiento del canon, digamos occidental, dejando de lado a Joyce y a quien sea, y, si eso se hace, se puede lograr una gran obra, o inexorablemente se volverá quebradiza y se convertirá en polvo?”, le digo.
“Algún día intentaré escribir como si los demás no hubieran escrito antes. Puede que sea mi obra maestra”.

14. “¿Dejará de tener sentido escribir novelas? ¿Tal vez esto (Dublinesca) ya no es una novela?”
No conozco el futuro (esa famosa figura retórica). En todo caso Dublinesca es una novela. Los ingleses y los norteamericanos dijeron que El mal de Montano era un ensayo francés con algunos toques narrativos. Y, en cambio, de Dublinesca dicen que es una novela-novela. Será que lo es, digo yo. Porque lo que los ingleses y norteamericanos dicen va a misa, al menos va a misa entre la juventud de nuestro país. De modo que seguramente Dublinesca es una novela”.

15. ¿Dejaría de hacer literatura por hacer cine, como siempre quiso en su juventud?
“No puedo contestarle ahora, es algo que tendría que pensarme mucho y no tengo tiempo”.

16. Me pregunto si escribe con método o en medio del caos. Si usa notas, como Joyce, o sólo la memoria. Si cree que sin humor no hay literatura que valga. Si escribe de día o de noche.
“Sin humor no hay literatura que valga, salvo excepciones (Sebald, Primo Levi…) Escribo de maravilla por las mañanas si el día es ligeramente invernal y está algo oscuro y llueve. Y me ocurre como a John Banville: envidio el fin de semana del oficinista. Debe de ser un lujo, dos días enteros de libertad. Para mí, el fin de semana es una tortura de hastío, frustración y el amargo esfuerzo de pasar por un ser humano. Pienso con Banville que, cuando no está en su mesa, el escritor se siente vacío, siente que es una piel despellejada sin huesos. Por lo menos, yo me siento así. Ayer, el quiosquero de mi antiguo barrio –he cambiado de casa y de barrio últimamente– me dijo que yo era muy raro. “Seguramente”, le contesté, “apenas alguien tiene una deformación, ya tiene ideas propias”.

ÚLTIMA FRASE: “Creo que he cambiado de barrio para poder decir estas cosas. Y, por cierto, salude a Petra Strien-Bourmer. Fue una traductora formidable. ¿Qué día es hoy? Bueno, espero que no estemos en fin de semana”.
Originalmente publicado en 2010.

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