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Manadas y agresiones.

martes, 26 de mayo de 2020

Recuerdo con nitidez la primera ocasión en la que los medios de comunicación tildaron de «manada» a un grupo de personas que agredieron sexualmente a una joven. También recuerdo mi sentimiento de desprecio e incredulidad ante el delito y la forma de llevarlo a efecto. Lo que no me podía imaginar en aquel momento es que desde entonces hayan sido tantas las ocasiones en las que se ha repetido en nuestro país un episodio de agresión sexual en grupo.

Hoy la noticia de una niña de 12 años que fue agredida sexualmente hace un año por seis jóvenes de los que tres esperan juicio, trae a mi recuerdo mi reflexión y la necesidad de dedicarle estas breves líneas.

Ilusa de mi en aquellos tiempos de «la manada de Pamplona», en los que precisamente yo me encontraba trabajando sin descanso en un procedimiento por un delito sexual, estaba convencida de que aquel comportamiento humano (me refiero al delito sexual en grupo) había sido un hecho aislado y de ahí el inaudito despliegue de medios que siguió el desarrollo del procedimiento, pero lamentablemente no fue así. Desde aquella «manada de Pamplona» (de la que por cierto ningún miembro es oriundo de esta ciudad) hasta el día de hoy en España se conocen 135 casos de «delitos sexuales en grupo» entre los que podemos encontrar agresiones a víctimas de cualquier espectro de edad y social, como también hay agresores que son menores, otros mayores de edad, otros inmigrantes, otros nacionales, ocasiones en las que se han utilizado sustancias tóxicas, otras en las que no… y así una larguísima y gravísima casuística de niñas, adolescentes, mujeres o ancianas que han sufrido la mayor de las aberraciones delictivas por su sola condición de mujer. Una experiencia vital que las acompañará y probablemente las atormentará el resto de sus vidas afectando a sus relaciones sentimentales, familiares, sociales, laborales, en definitiva a todos los ámbitos de sus emociones, todo lo cual ahonda en la necesidad, urgente, de que la problemática se afronte con la profundidad que merece la gravedad del hecho que nos ocupa.

En mi humilde opinión la solución no está en las estadísticas de los observatorios que certifican el aumento de estos delitos, ni tampoco en el seguimiento a través de los medios de comunicación del procedimiento judicial (que en ocasiones convierte cada sesión del proceso en un capítulo de una serie de telerealidad), ni mucho menos en focalizar la solución en el ámbito legislativo, es decir en promulgar leyes y más leyes olvidando que éstas se aplican cuando el delito se ha cometido. pero no realizan una función preventiva ni mucho menos educativa para evitar que el delito se produzca, que debiera de ser el único objetivo común.

EDUCACIÓN Y PREVENCIÓN desde cada casa, cada hogar, cada familia, cada colegio, cada administración. No esperes a que ocurra el delito para echarte las manos a la cabeza.

 

Reflexiones de una letrada

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