Las edades del hombre (4-2-3). Parte 1

Las edades del hombre (4-2-3). Parte 1

Foto: J. Ortuño

Ahora que volvemos a la senda de vamos a crecer, vamos a crear, vamos a ganar, puede que sea ya hora de comenzar a hablar de las diferentes etapas que componen la vida, en este caso laboral.

El tema navega a través de la historia desde el enigma de la Esfinge hacia adelante y, como les ocurría a los que se enfrentaban al acertijo, la respuesta está tan relacionada con uno mismo que se descarta por obvia. Pero, de la misma manera que existen notables diferencias entre infancia, madurez y senectud, también existen poderosos cambios de comportamiento a través de la vida laboral, según algunos factores que es interesante desentrañar.

Intentemos definir los ejes que acompañan al temporal para identificar el  momento laboral. Puedo describir tres dimensiones generales. La primera, su código de comportamiento profesional, es decir, su código ético.

El código ético, aún sin entrar a definir qué sea,  puede ser catalogado como de altísimo nivel de exigencia o ciertamente más flexible. Quiero decir que podemos definir el comportamiento correcto en general y posteriormente decidir si nuestra propia conducta debe o no ajustarse en todo momento al estándar definido.

 Hay miles de razones para esta flexibilidad que no tienen que ver directamente con la falta de “ética profesional”, sino con el convencimiento de que es necesario actuar de esa forma por el bien de un sujeto en particular, de la organización a la que pertenecemos o de la sociedad en general.

Aunque  la aplicación de esta variante de “el fin justifica los medios” sea, en cualquier caso, una falta de integridad, la integridad se concebiría en este caso más como falta de flexibilidad que como un principio de actuación. Son poderosas razones para la corrupción.

Tras el código ético, la segunda dimensión fundamental en el comportamiento laboral es el nivel de competencia profesional alcanzado en el desempeño de la función que se ejecuta, tal y como ésta esté definida. Más claro, es la valía profesional de cada uno. Si hablamos de psicólogos de la Organización, sería su nivel de competencia en cada una de las funciones que tengan asignadas, ya sean temas de Selección, Aprendizaje, Desarrollo, Organización, etc. Si nos ubicamos en el ámbito de la gerencia, seria la capacidad de gestión.

Y cerrando esta descripción tridimensional, está el Impulso. Impulso es la medida de las revoluciones del motor de actuación de nuestro comportamiento profesional. Podría identificarse con el concepto de motivación, pero considero que el de impulso está más desprovisto de causalidad y se acerca más a la realidad: El impulso de trabajo, de realización profesional, es el resultado de un conjunto de factores tanto cognitivos como emocionales, es un estilo de afrontamiento de la realidad, es  una suerte de “espíritu de supervivencia” donde aún no existe el peligro de la extinción. Comprende, por lo tanto,  la motivación pero no se reduce a ella.

Tenemos pues código ético, competencia profesional e impulso. Son variables suficientes para componer un punto espacial donde ubicarnos temporalmente. Porque lo que ocurre es que, como tales variables, van cambiando según se ligan a las decisiones y al trabajo de cada uno, pero lo hacen de manera dependiente –son variables dependientes- de la edad profesional.

Es fácil imaginar, sin más escala que una línea que va del valor nada al valor todo, dónde situaríamos en cada una de estas variables a un recién egresado de la universidad que se incorpora a su primer trabajo. Pero también lo es hacerlo con un Jefe de sección después de una trayectoria de 6 años, con un directivo “en sus forties”, con una operario de más de 50 años o con un comercial con un millón de kilómetros conducidos.

La “tesis” de estas notas radica en realizar esa foto de cada persona en la organización y de la composición en estos términos de los grupos que la componen, para entender mejor cómo se construye el funcionamiento real de una organización y, por lo tanto, cuál es la mejor manera de contribuir a su funcionamiento eficiente.

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