Andrés de Vicente Presidente

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Es muy probable que la actuación de Andrés de Vicente sea simplemente el acto de un trastornado, un caso aislado que no deberpintadas_fachada_ppíamos extrapolar más allá de un hecho puntual de violencia brutal y gratuita. Erradicar un problema individual así no sería complicado, pero lo que a mí realmente me parece preocupante es la reacción de una parte de la sociedad a la agresión: Mensajes de apoyo en la red, pintadas en las paredes, gritos de “valiente” y otros vítores a este energúmeno en el momento de su detención.

Quizás no debiera sorprendernos que se haya llegado a este extremo, cuando la violencia verbal, los comentarios discriminatorios, machistas y xenófobos están a la orden del día ya no sólo en la calle, sino incluso en la red entre representantes públicos de diferentes formaciones políticas. Los aberrantes insultos a quienes no comparten opinión sobre la discusión secesionista en Cataluña (o Galicia) o sobre instituciones como la Monarquía, la Iglesia o el Ejército no dan muestras de ese nivel de educación del que nuestra sociedad tanto presume. Soy consciente de que esta actitud beligerante no es una patente patria; aquí en Alemania la llegada de refugiados también produce comentarios similares y sólo tenemos que escuchar a seguidores de Le Pen o a Donald Trump para comprobar que la estupidez humana no conoce fronteras.

Hay que reconocer que aunque no llegasen a las manos, los candidatos a la Presidencia del Gobierno tampoco han predicado con el ejemplo en la campaña más sucia de nuestra joven democracia. Seguro que estos días no faltará el chascarrillo de que Capi de Vicente vengó a su primo del cachete que Mariano le dio a su hijo días antes en un programa de radio. Justificar o argumentar con que estas agresiones son una evidente muestra de la tensión social acumulada por la corrupción o la violencia por parte de la clase política sería la triste evidencia de que hemos dejado de creer en la justicia y en la democracia.

Ante este percal yo me pregunto si todavía conozco un país donde, segun las encuestas, más de 4 millones de españoles desearían como Presidente a un Pablo Iglesias que hace un par de telediarios (La Tuerka, noviembre de 2012) decía sin ambages que “el derecho a portar armas es una de las bases de la democracia” y , cuando todavía se autodefinía como comunista, enaltecía “emocionado”la figura de Hugo Chávez.

Ojalá el próximo domingo tengamos el buen criterio de elegir a aquellos que realmente sean capaces de hacer de nuestro país un lugar mejor, porque eso significará que los emigrantes tendremos más posibilidades de volver a nuestro país de modo definitivo y no solo como El Almendro, por Navidad.

#queremosvolver

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