Vero Boquete, nuestra emigrante campeona de Europa

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Vero Boquete se despertó ayer en una habitación de hotel en Berlín y fue consciente de que no había sido un sueño porque en la moqueta todavía había restos del confeti de la Champions. Después de una corta noche la sonrisa seguía tatuada en su rostro, que intentaba todavía asimilar que ya era campeona de Europa. selfie_vero

Sólo un par de horas antes de la final del jueves, Vero se mostraba confiada en su victoria y comentaba muy tranquila que el fútbol le brindaba “una segunda oportunidad” que esperaba no dejar escapar. Escuchando el temple sin nervios de su voz, se podría pensar que todavía era aquella chiquilla que esperaba pacientemente en la puerta del vestuario de As Cancelas a que los chicos del C.D. Bosco acabasen de cambiarse para poder entrar a la charla prepartido. “Recuerdo que aquellos inicios no fueron fáciles. No pocas veces me sentí como una jugadora individual en un deporte colectivo” comentó. “Con todo, siempre estuve muy arropada y tuve un trato excelente con todos los niños que jugaban conmigo, con muchos de los cuales todavía conservo amistad”.

Hoy en día son muchos los medios nacionales e internacionales que se interesan por los inicios de Vero y piden material fotográfico a su familia. Mercedes, su madre, comenta que “todos me piden una instantánea de Vero cuando era pequeña dando patadas a un balón. Me hace gracia porque lo que yo hacía era decirle continuamente que dejase la pelota a un lado durante un minuto para poder hacerle una foto”.

Imaginarse un estadio lleno con 18.300 espectadores era casi imposible en sus primeros años en el futbol femenino. “Fue con 14 años, cuando jugué por primera vez con la selección gallega, cuando fui consciente de que existía una liga nacional femenina. Ahí empecé realmente a creer en el sueño de vivir profesionalmente del fútbol”.

Poco después Vero hacía las maletas –la primera vez de tantas– y se iba a Zaragoza, para recalar poco después en el Espanyol de Barcelona, donde además compartió el dorsal 21 con su admirado y trágicamente desparecido Dani Jarque. “Durante esos primeros años fuera de Galicia nació la idea de emular un pulpo con la mano sobre el rostro, porque mi hermano Adrián y mi familia me decían que tenía que buscar un rasgo identificatorio para mis celebraciones. Y así sigo hasta hoy, dejando la impronta de mi tierra en cada gol que marco”.

A pesar de pasar por más de diez equipos en cinco países distintos, a Vero no se le olvida dónde están sus orígenes. “Mi casa es Santiago, Galicia, donde puedo encontrar la tranquilidad de estar con los míos. La morriña, lleves el tiempo que lleves fuera de casa, siempre estará ahí”.

Aunque lleva media vida pegada a la maleta, siempre viajando y en continua mudanza, reconoce que el sacrificio vale la pena. “Sería genial que esto fuese posible en España. Sé que estoy renunciando a ver crecer a mis primos, a ver hacerse mayor a mis abuelas”. Al margen de los difíciles momentos de las lesiones, la vida lejos de la familia no siempre es fácil, “la temporada pasada estuve once meses seguidos sin ir a casa, pero sé que si quiero estar al máximo nivel tengo que jugar fuera. Al final, el fútbol me devuelve mucho más de lo yo que le doy”.

Aunque sabe que sus circunstancias son diferentes a las de los miles de jóvenes que emigran para buscar en otros países un trabajo que no encuentran en España, Vero se identifica y empatiza con ellos: “Yo también soy una emigrante que me voy al extranjero para jugar al futbol y vivir mi pasión buscando algo mejor”.

Con la ayuda de sus compañeras, Vero consiguió cambiar el guion de la película de Nacho G. Velilla. Allí donde según la película miles de jóvenes emigrantes pierden el norte, nuestra Gastarbeiterin más popular ganó el trofeo de clubes de fútbol más importante del mundo.

Pero en sus 162 centímetros no sólo se encierra una gran futbolista, sino una enorme y mejor persona que con el Campus que lleva su nombre, no deja de luchar por la discriminación: “Busco fomentar la igualdad. Hemos logrado consolidar un campus mixto, para niños y niñas. El cambio pasa por ahí y yo estoy encantada de que la gente me identifique con esa causa”.

Pocas horas después de alcanzar la gloria en Berlín, Vero escribía en su Twitter: “No consigues lo que deseas, consigues lo que trabajas y mereces”. Su padre y primer entrenador, Nicasio Boquete, sabe posiblemente mejor que nadie que si alguien ha trabajado para conseguirlo y de verdad se lo merece, ésa es su hija.

Con poco tiempo para celebraciones, Vero ya prepara la maleta que la llevará al Mundial de Canadá a partir del próximo 6 de junio y donde capitaneará al combinado nacional. Antes de saber adónde llegará una selección que también aspira a jugar los próximos Juegos Olímpicos en Río 2016, el nombre de Vero Boquete debería ir empezando a sonar ya para el próximo Premio Príncipe de Asturias del deporte.

Una calle con su nombre en su Santiago de Compostela natal es ya sólo cuestión de tiempo.

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