“Nunca más una España sin vosotros”

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Yo no estaba la semana pasada en Nueva York, pero me sentí aludido como nunca por la frase pronunciada por Pablo Iglesias en Queens anthe time is nowte cientos de españoles que, como tantos otros, han sido etiquetados con frecuencia como JESPs (Jóvenes Emigrantes Sobradamente Preparados), modificando aquel acrónimo publicitario tan popular en los 90.

Una semana más tarde se debatía en Madrid sobre el estado de una nación cuya economía algunos ya ven emprendiendo ese vuelo que muchos hemos tenido que tomar literalmente. Mientras nos intentan convencer con datos albergadores de esperanza, las voces críticas apenas aportan propuestas concretas para conseguir aquello que todos queremos oír: nadie desea más que los que estamos fuera que se empiece a contar con nosotr@s.

En el extranjero, con gran sensación de impotencia, nos vemos obligados a convivir con ese mensaje que venden las potencias europeas de que nos encontramos ante una “win-win-situation”, en la que ambas partes ganan, consiguiendo cumplir así  con sus objetivos a corto o medio plazo.

Aunque yo estoy y estaré eternamente agradecido a Alemania por abrirme todas las puertas que en mi país se me han cerrado, viendo estos días en mi declaración de la renta el montante que aporto en impuestos a las arcas teutonas, me he preguntado si no sería justo que una parte de los mismos fuese directamente al país que financió mis estudios. Si hasta los clubes de fútbol pagan derechos de formación a los equipos de origen de sus fichajes, cuesta comprender por qué en este caso la balanza del win-win sólo se inclina hacia uno de sus platillos.

De momento, nosotros seguimos contribuyendo a que en Centroeuropa se alcancen cifras de ocupación récord y la generación de nuestros padres se cruza en los aeropuertos con sus coetáneos británicos y germanos. Mientras unos viajan buscando el sol en nuestras playas, los otros vuelan para visitar a sus vástagos emigrados o, cada vez con más frecuencia, para poder abrazar a esos nietos a los que se han acostumbrado a ver por Skype.

Decía Max Frisch hace 50 años, cuando llegó la primera generación de emigrantes desde el sur de Europa a estos lares, que se había solicitado mano de obra y finalmente llegaron personas. Hoy la situación no es muy distinta, con líderes que siguen viendo cifras donde realmente hay emigrantes que, como dice Vero Boquete, lo que nos llevamos cuando nos vamos de casa es, sobre todo, ganas de volver.

Aunque algunos parezcan ignorarlo, también ÉSE es el estado de la nación.

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