Los emigrantes y la Navidad

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Vuelve a casa vuelve … Como aquel joven que anunciaba turrón, somos muchos los emigrantes que estos días volvnadal2014emos a casa.

Para mí, estas primeras Navidades sin mi padre serán, sin lugar a dudas, las más raras y difíciles. Aunque suene a topicazo, a mí realmente lo que me interesa de estas fiestas no son las comilonas o la barra libre de regalos. Soy consciente de que hace tiempo que la mercadotecnia se ha impuesto para una importante cantidad de gente, a la que se la trae al pairo el sentido original de estas fiestas: el nacimiento de ese personaje histórico real cuyo nacimiento se celebra y que, incluso más allá de creer o no que fue el hijo de Dios, nos dejó (mitificaciones aparte) un verdadero manual ético de grandes principios seguido hasta el día de hoy.

No quiero decir que los críos de mi generación, casi todos obligados a cumplir con la misa dominical, fueran mucho más conscientes de lo que se celebraba realmente, pero a veces sí tengo la sensación de que la reunión familiar y su ambiente festivo han perdido cierto protagonismo frente a esa tormenta de juguetes que nosotros conocimos como lluvia sólo el día de Reyes.

Además, no sólo hoy deberíamos ser conscientes de que son muchos los que en Nochebuena, al igual que los otros 364 días del calendario, en lugar de ponerse tibios de marisco y turrón, siguen pasando y sufriendo muchas estrecheces.

Posiblemente, los emigrantes que vivimos y nos ganamos la vida lejos de nuestros padres, hermanos, familiares y amigos, sabemos valorar cada minuto que podemos pasar con ellos y disfrutar de su compañía. Y eso es, desde luego, lo mejor de todo, ya sea en Navidad, octubre o agosto. Disfrutémoslo.

Recordando especialmente a aquellos que están fuera y no han podido volver a casa, os envío desde Santiago de Compostela los mejores deseos: ¡Felices fiestas a tod@s!

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