Orgullo de un español en Alemania

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Respuesta a Juan Moreno

Paderborn, 15 de junio de 2013

Estimado Juan:

Espero que me permitas la licencia tan española (y tan poco alemana) de tutearte a pesar de que no te conozco personalmente y seas unos cuantos años mayor que yo.

Al igual que un día lo hicieran los tuyos, también mis padres dejaron España a finales de los años 60 para trabajar como Gastarbeiter en una Alemania que les ofreció el futuro que su país les negaba. Después de casi tres lustros y muchísimas horas de esfuerzo, ambos volvían a Galicia llevando consigo, además de aquellos marcos que tanto sudor les había costado ganar, a mi hermano mayor y a un servidor a la edad de dos años.

Mis padres siempre dicen que el esfuerzo valió la pena y que gracias a esos años mis hermanos y yo (ya en Santiago mi hermano menor completó la familia) pudimos disfrutar de una educación y de una formación que, probablemente, no hubiéramos podido tener de no ser por su valentía y capacidad de sacrificio. Pero no te quiero hablar de una situación que conoces tan bien o mejor que yo.

Crecí en Santiago sin hablar una palabra de alemán y estudié en esa Universidad centenaria la lengua del país que mis padres tanto habían admirado. Tras una primera estancia Erasmus y después de finalizar mis estudios en Compostela, regresé a Alemania donde, sin haberlo planificado realmente, me vi dando clases de español en la Universität Paderborn. Vivo en este país desde hace 10 años y hoy en día soy profesor en un Gymnasium, donde mis compañeros dicen con sorna que soy el primer spanischer-deutscher Beamter que conocen.

Me fastidia mucho tener que darte la razón en algunos aspectos que criticas de España en tus artículos, muchos de los cuales yo también he denunciado varias veces en mi blog: “La generación de la burbuja” (http://blogs.elcorreogallego.es/la-generacion-de-la-burbuja/la-generacion-de-la-burbuja/); pero discrepo totalmente con tu perspectiva subjetiva y unilateral, además del mensaje pesimista que pareces querer transmitir.

Supongo que, además de los evidentes paralelismos biográficos, comparto contigo numerosos puntos de vista sobre la desastrosa gestión llevada en España durante los últimos años y que ha provocado el estallido de esa famosa burbuja que está llevándose a mi generación por delante.

Es cierto que cuando hace apenas diez años yo empecé a trabajar aquí, apenas podía creer lo que veía en mi país cada vez que iba de vacaciones. Te puedo asegurar que tenía la sensación de que gran parte de mi generación se estaba endeudando para parecer rico sin serlo. Que yo me comprase un coche de segunda mano era casi tildado de tacañería por algunos de mis paisanos que invertían su salario íntegro de varios años en un crédito para pagar Audis o BMWs a estrenar. Comprar un piso e hipotecarse al 100% o 110% del precio de la vivienda no era raro. Los bancos animaban a incluir en el crédito los muebles, un coche nuevo, las próximas vacaciones o el banquete y viaje de novios de la incipiente boda.

Las administraciones hacían lo propio, desde el ayuntamiento local hasta el gobierno central en Madrid, todas parecían invertir en infraestructuras no siempre necesarias (además de reformar casi todo lo construido en los años anteriores). La transformación de los pueblos o ciudades hizo honor a aquellas famosas palabras de Alfonso Guerra en los ochenta de que a este país no lo reconocería “ni la madre que lo parió”. Pero lo queramos aceptar o no, muchos de los bancos que daban esos créditos que atentaban contra el sentido común recibían dinero de instituciones alemanas que, en mi opinión, comparten responsabilidad ante su incapacidad de pago.

Con todo, amigo Juan (usando el vocativo de tu artículo en Der Spiegel de esta semana), en España no TODO lo hemos hecho mal.

Ante tu reflexión sobre tomar la nacionalidad alemana y entregar tu pasaporte español te diré que comprendo perfectamente que te sientas más alemán que ibérico ya que has crecido aquí; al margen de que cada uno es libre de sentirse como le venga en gana.

Sobre tu justificación para preferir la nacionalidad alemana te diré que tú sabrás mejor que yo que en este fantástico país hay también políticos corruptos, mentirosos y farsantes. Es cierto que aquí dimiten si se descubre que han plagiado su tesis doctoral mientras que en España se aferran a su poltrona como si fuese su cordón umbilical, pero si me permites utilizar la expresión germana, en Alemania también “se cocina con agua”. Aunque el porcentaje sea muchísimo menor, también aquí hay trabajo negro. Casos como las obras del aeropuerto de Berlín muestran que los teutones también cometen errores de planificación. Lo sé; son minucias en comparación con el percal español (por eso, aplaudo muchas de tus críticas), pero los alemanes tampoco hacen todo richtig.

Siento, por ejemplo, que no valores lo suficiente el desarrollo de un país que en 1975 todavía vivía en dictadura; que no seas capaz de reconocer los avances sociales y educativos de una España que difiere mucho de aquella que dejaron tus padres y los míos en los 60 y 70. El sistema de salud pública (que lamentablemente tanto está sufriendo en la actualidad) sigue siendo la envidia de muchos pacientes alemanes. La mentalidad machista, que posiblemente recordarás de tu niñez, es hoy una excepción en un país cuyos avances en política de igualdad de género es indiscutible.

Aun siendo consciente de que los fondos europeos han ayudado mucho en el avance de España,  hay que reconocer que, además de aeropuertos sin aviones, en nuestro país se han construido durante los últimos años muchas infraestructuras que eran poco menos que imprescindibles y de las que ya disponía Alemania en los 70 y 80.

La vida cultural y artística de este país ha visto surgir en los últimos años a tantos talentos que hacer una lista justa robaría demasiado espacio. Gran parte de los casi 58 millones de visitantes anuales que nos convierten en el segundo destino turístico del mundo por ingresos se da cuenta de que este país tiene una gran oferta cultural, más allá de los tópicos de playa, tapas y toros que tanto parecen gustar a algunos medios alemanes.

¿Y qué decir del castellano? La creciente importancia de una lengua que ya se está convirtiendo en el segundo idioma del mundo se ve reflejada en el ascendente interés por su aprendizaje en educación secundaria en casi todos los Bundesländer de la República.

Me molesta que en tu discurso no menciones que, además de los escándalos de dopaje y las deudas millonarias de los clubes de fútbol, este país ha conseguido ser bicampeón de Europa y campeón del Mundo en fútbol y baloncesto; ha ganado la Copa Davis cuatro veces en los últimos diez años y ha logrado grandes títulos individuales en tenis y Fórmula 1.

Quiero pensar que yo realmente soy muy crítico con España, pero no me gustaría perder la capacidad de seguir valorando las posibilidades de un país que todavía está a tiempo de cambiar para hacer las cosas bien. Al igual que tú, yo también estoy harto de oír ese discurso exculpatorio de la incompetencia patria buscando culpables en Berlín o Bruselas; pero también me exaspera esa cantinela tan alemana del “das würde in Deutschland nicht passieren” o “bei uns ist alles besser”.

Presentar sólo esa cara negativa de España creo que no ayuda a la recuperación del país en absoluto. Si uno realmente siente simpatía por su pueblo y por su gente, una crítica constructiva que animase a los españoles en estos durísimos tiempos que corremos probablemente podrían ser el perfecto pregón a unas fiestas en las que me podría imaginar a tus padres en la plaza escuchando con orgullo en tus palabras que su esfuerzo sí ha merecido la pena.

Un cordial saludo,

Lito Vila Baleato

 

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