Wert y pijamas de rayas

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Soy profesor y me encanta serlo, aunque tenga que ser en un país diferente al mío. Leo a diario con  gran interés las noticias sobre el sistema educativo español, soñando con el (casi) utópico día en el que se anuncie una ampliación del gasto público en educación o la modificación del proceso de selección del profesorado que acabe con un sistema basado en unas oposiciones obsoletas.

Lamentablemente, y creo que de manera acentuada en las últimas semanas, la prensa nos ha deleitado con unos titulares que reflejan el estado actual de nuestro sistema educativo.

Mientras los estudios demuestran que nuestros escolares de Primaria obtienen peores resultados  que la media europea en las destrezas básicas (Matemáticas, Ciencias y Lectura), en España discutimos sobre la enésima reforma educativa de nuestra corta democracia, como si todo Ministro de Educación tuviese la necesidad de modificar aquello que su predecesor había reformado con respecto al gobierno anterior.

No seré yo el que niegue la necesidad de una reforma educativa, pero me parece de vital importancia plantear propuestas o leyes a medio y largo plazo (de consenso, de todos y para todos), evitando así que con cada nuevo gobierno se lleven a cabo cambios que no siempre ayudan a mejorar el rendimiento de nuestros escolares. Los ejemplos de leyes duraderas en los países con mejores resultados en PISA así lo aconsejan.

El discurso de las fuerzas independentistas catalanas con su actitud anticonstitucional que amenaza con no acatar las nuevas leyes (retando al gobierno central a poner un guardia civil en cada aula) poco ayuda en un estéril debate que parece pretender usar el argumento de la lengua para desviar la atención de otros (graves) problemas.

Muy a gusto prescindiría además de ministeriales símiles taurinos o de absurdas comparaciones de nuestros escolares con niños judíos durante el nazismo alemán; pero lo que más triste me ha parecido estos días ha sido la propuesta extremeña de “motivar” o “incentivar” económicamente el regreso a las aulas de secundaria con “recompensas” de 1.000 € al mismo tiempo que se congelan presupuestos para becas a estudiantes con buenos resultados académicos.

Es cierto que cada alumn@ recuperad@ sería una victoria (además un parado menos en las listas) pero estaríamos premiando con una motivación muy poco pedagógica y siendo inmensamente injustos con muchos que se esfuerzan. ¿Es así como queremos invertir nuestros recursos en educación?

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