Yo, oposito

Opositar en otra comunidad


 

NO TENGO OPOS DE PRIMARIA:

¿ME CAMBIO DE ESPECIALIDAD O DE COMUNIDAD?

Las oposiciones son una carrera de fondo, un duro camino que debemos recorrer intentando ser los primeros en llegar a la línea de meta. Esto hace que en estas pruebas ocupe un papel fundamental el factor psicológico. Debemos estar preparados para dar un giro de 180º en todo momento en caso de ser necesario.

Llevamos meses, incluso años, preparándonos para ese momento y, cuando creemos que va a llegar, todo cambia. Las últimas noticias anuncian que en nuestra comunidad no habrá plazas para nuestra especialidad y entonces tenemos que cambiar de rumbo. En ese momento tenemos que tomar una importante decisión: ¿cambiarse de especialidad o de comunidad?

El pesimismo se apodera de nosotros y tenemos que hacer frente al pánico para tomar lo antes posible una determinación. En un primer momento cualquiera de las dos opciones parece impensable, no queremos creernos lo que sucede. Es en este momento cuando uno debe ordenar sus ideas y decidir cuál de las dos vías supone la elección más acertada.

Siempre he tenido claro que quería opositar, fuese donde fuese, y pese a mi decepción inicial, pronto comencé a sopesar ambas alternativas. Realmente, más que decidirme, tuve que mentalizarme del rumbo que a partir de ese momento iban a tomar los acontecimientos.

Cambiarme de especialidad parecía impensable: un temario nuevo, una nueva programación y, lo que es más importante, tratar de defender algo que, en la mayoría de las ocasiones, no tiene nada que ver con nuestro ámbito y ni siquiera nos atrae.

Parecía claro que pese a los miedos iniciales iba a cambiar de comunidad. Nada me ataba en Galicia y el afán por defender todo el trabajo que había preparado era realmente lo que dirigía mis pasos. Pero las cosas no terminaban aquí, todavía había otra decisión importante que tomar: ¿a cuál de las restantes comunidades que convocan iba a ir?

Durante unos días barajé varios lugares, teniendo en cuenta su tamaño, la población y el número de plazas. Finalmente, me había decidido, Murcia iba a ser “el lugar”. Iba a ir a la otra punta de la península en busca de mi destino, una de aquellas tan deseadas 26 plazas de Educación Primaria.

Después de haber cambiado todos los detalles referentes a la contextualización de la programación y estudiado el temario y la legislación pertinentes, finalmente, el día llegó. Emprendía rumbo hacia una gran aventura.

Los nervios estuvieron presentes desde el primero momento. Miedo al rechazo por venir de otra comunidad “a quitarles la plaza”, miedo a que mi programación y mis temas fuesen muy diferentes a los que allí se hacían y no gustasen, miedo a que mi acento supusiese un contratiempo y, en definitiva, miedo a lo desconocido.

Afortunadamente, mis temores pronto se disiparon. No era la única persona que venía de otra comunidad (había un amplio abanico de acentos). Todos los allí presentes me trataron como una más, incluso se interesaron por descubrir algo más acerca de mi comunidad. Así fue como la diversidad pasó de ser un problema a convertirse en algo enriquecedor para todos.

Además, el tribunal contribuyó a que la experiencia resultase muy positiva. Los cinco integrantes se mostraron amables y muy atentos, haciendo que durante todo el proceso nos sintiésemos lo más cómodos posible. Y estoy segura de que sin olvidar que ellos también, en algún momento, estuvieron sentados del otro lado.

Los exámenes de la parte A, tanto el práctico como el tema, transcurrieron con total normalidad y fueron corregidos de forma anónima, realizándose el correspondiente acto de cierre y apertura de cabeceras. Luego, en la parte B, la prueba didáctica, el tribunal se comportó de forma muy correcta, prestándome su total atención durante la hora y media que duró la defensa. Contra todo pronóstico, mi acento se convirtió en algo secundario para dejar paso a mi trabajo. Les había gustado y así me lo hicieron saber brindándome, al final de la defensa, unas palabras de ánimo.

Desafortunadamente, no conseguí sacar la plaza en Murcia, pero estas oposiciones me han servido como experiencia vital, para quitarme los miedos de encima y para estar preparada cara a la siguiente convocatoria. Cambiar de comunidad no tiene por qué ser una mala experiencia sino todo lo contrario, una forma de afrontar la situación desde otra perspectiva y aprender de la diversidad y los nuevos retos. Sin duda, volvería a opositar en otra comunidad sin pensármelo dos veces.

 


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