Vuelta a España en tren. 1) TrenHotel

Vuelta a España en tren. 1) TrenHotel

En mi última entrada en Tirando Millas, hacía una reflexión acerca de lo limitante que nos resulta a los gallegos movernos en transportes terrestres, y más concretamente en Renfe. La comparaba con una auténtica maldición bíblica, por su precio, tiempos de viajes, y sobre todo lo poco prático que nos resulta si queremos movernos con eficiencia por la península. Cierto, que el avión es imbatible en precio y duración, pero quería saber si en pleno siglo XXI, Renfe puede ser algo tolerable, soportable, y sobre todo moderadamente barato. Hago un experimento sociológico en lo que llamaría Cruzando España con Renfe.

Digamos que la primera etapa tiene que ser inevitablemente a Madrid, capital de Reino. Nadie en su sano juicio por precio suele elegir pasar nueve horas en un asiento, y opté por la romántica opción de “cama turista”. Casi 90 euros por trayecto en un compartimento en donde la lotería del azar hace que Renfe elija a tus otros tres compañeros de viaje. Como Renfe democratiza la experiencia que es una barbaridad, en mi vagón había, tres antisistemas, un peregrino, y yo “alguien de dificil categorización”.

TrenHotel, algo viejo y sobre todo descartado de todas las rutas del resto de la península que es envíado a los pobres gallegos. Ya se sabe, nos quejamos muy poco. Compartimento limpio moderadamente decente, y algun que otro lujo como lavabo con toalla, y una colección mínima de artículos de aseo personal. No nos engañemos, el calor es insoportable, y el compartir litrona, en un acto de amistad universal no garantiza un viaje cómodo.

Adoro el nostálgico restaurante del TrenHotel. Traca, traca, traca…..baches, traqueteos, pero me recuerda a una experiencia de viaje como las de antes. No se equivoque no verán un ambiente de película de espías con conspiraciones, o las cinéfilas escenas de trenes pausados, escenas de amor en encuentros casuales, pero si que tiene su puntito de gracia, y el menú a pesar de ser especialmente caro resulta agradable y hasta con una dosis mínima de estilo. La magia de la velada se esfuma de forma radical al toparme con la invasión de la hostelería del fungible y los café en vasos de cruel cartón.

Entro en mi compartimento, y todo está dormido y tranquilo. No ha habido ninguna confrontación ideología entre peregrino y alternativos, y todos estaban dormidos. Uno por la dureza del camino, los otros ante los efectos de las tres o cuatro litronas que yacían vacías en la papelera. El tramo gallego siempre ofrece una sinfonía perversa de baches, ruidos de latas, curvas vertiginosas, saltos, chirridos. Una melodía fatal, que no favorece el descanso a pesar de la inestimable ayuda de mi compañero de fatigas viajeras “Trankimazin”. Adicionalmente un mundo de sensaciones. Olores, aromas de zapatos, ventosidades varias, y un fluido raro volando por al aire cada vez que alguien indeterminado tosía.

Siempre se llega con el sueño partido, y con un intenso dolor de huesos. La sensacional forma de viajar entre Santiago y Madrid, lleva casi nueve horas por que además “debes de pagar”, la módica cantidad de 80 euros. Ahora me explico porque los aviones de Ryanair alcanzan casi el 100% de ocupación, con tarifas bajas usualmente, y que quizás se debe a que mucha gente busca viajar de un punto A a otro B, sin los placeres de tanta magia ferroviaria. Previamente se me comunica en petitt comité que el TrenHotel desaparecería en septiembre para meter dos carísimos semiaves, diarios y tarifas multiplicadas por dos.

Sigo pensando en las palabras de RENFE, por las que se perjuraba que el TrenHotel no se llenaba. La verdad es que los jugosos sueldos que le pagamos los Españoles a su junta directiva, marketing, departamento de prensa, nos hace merecer disculpas más creíbles. ¿No será para ganar más además de costear con nuestros impuestos a la criatura?. No seamos mal pensados.

Y seguiré……….

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