Santander según Marta Hazas

Santander según Marta Hazas

Antes de aterrizar, percibimos ya su estratégica localización en una de las bahías más hermosas del mundo. Mar y campo, tejidos como una colcha de retales Verdi-azul; agua y manto verde cántabro, ciertamente agreste, que define la idiosincrasia de una urbe, que se vanagloria de su aspecto natural, ecológicamente sostenible, y fuertemente influído por dos vientos dominantes que regulan el clima: la surada y del noreste. Sin embargo, no me cabe la menor duda, de que los dioses se muestran celosos de los lugares demasiados hermosos. Los dioses la castigaron desatando dos tragedias; en 1893 el Cabo Machichaco explota y causa 590 muertos, y el devastador incendio de 1941 consume su casco histórico.

Esta tragedia, todavía ejerce un potente influjo en el subconsciente de los cántabros, que aun se lamen las heridas con cierta nostalgia. Sin embargo, mirando al futuro como pueblo tenaz, que supera los embates del destino, como las Pedreñeras que desafían los elementos cruzando la bahía contra viento y marea, ha sabido levantarse y crear un urbanismo medianamente decente..

Aunque mi primera impresión fue bajo una cortina de lluvia, de esos días tan lúgubres, que hace que todo sea un fotograma en blanco y negro, el sol hizo revivir los colores naturales de la ciudad. Y fue una sinfonía cromática, que hizo brillar una Santander poliédrica.  Mil caras, que van desde el bullicioso entorno de Paseo de Pereda: la Santander tradicional y comercial, y más allá el entorno de la Playa de la Magdalena, con su faceta señorial, cuando es elegida a principios de siglo como la capital de “ricos y famosos”, además de la familia real, para disfrutar las virtudes del mar.

Comencé a rememorar una Belle Epoque alegre,  con una deliciosa estancia en el Hotel Real. Blanco y decadente en lo alto, que nos hace recordar un “principios de siglo” pomposo, lúdico y señorial, cuando Santander pugnaba por ser la alternativa a Biarritz. Casetas de baño, sombreros de paja, bañadores de cuerpo entero, y un rosario de mansiones que decoran las playas del entorno de la Magdalena, y que muestran otra cara de la ciudad balnearia por excelencia. Mi lista de opciones es breve, para no quitar relevancia a la visión de nuestra protagonista. Comienzo a pasear en el entorno de la estación de tren, la catedral de Nuestra Señora la Asunción, o sea  la Santander “fetén” de toda la vida.

Un espacio de edificios añejos, como el Banesto, Banco de España, Correos o la Fundación Botín, y que se suman a otros lugares como la Plaza Porticada. Luego me voy al Museo de Bellas Artes, el Marcado de la Esperanza (modernista) y del Este, de mercado tradicional a lugar delicatessen semi pijo. Como ciudad literata por naturaleza, hay dos figuras claves como el poeta Pereda, y Menéndez Pelayo, del que todavía podemos visitar su Casa-Museo-Biblioteca.

Y finalmente tenemos la Santander, que lucha por desprenderse del tufo provinciano, con una apuesta por la vanguardia, como el MMC (Museo Marítimo del Cantábrico, o el parque de las Llanas. Termino en el mar, con las imponentes mansiones de Avda de la Reina Victoria, y las playas que rodean a la península de la Magdalena, con su famoso palacio, cual buque fantástico que parece listo para hacerse a la mar, y en donde el Sardinero es el epicentro veraniego por excelencia. Pero mi percepción de la ciudad importa mucho menos, que la de Marta Hazas.

Una actriz que es un todoterreno interpretativo, y que ha dado siempre muestras de brillantez en todos sus papeles, es el anfitrión perfecto. De la melífera Amelia en la serie del Internado de Antena 3, pasando a la heroína, que se pone el mundo por montera en Bandolera, o más recientemente, con sus geniales interpretaciones teatrales como Amigos hasta la Muerte. Involucrada como nadie con su ciudad, de la que todavía mantiene un blog en el diario montañés, nos muestra los secretos de su Santander natal. Y nadie mejor para mostrárnosla, que a través de unos expresivos ojos, tan azules como la bahía de Santander.

INTIMO Y PERSONAL

-Si tuvieses invitados en la ciudad, y tuvieses que ejercer de cicerone, ¿Qué puntos turísticos no deberían perderse?. ¿y cuales no tan turísticos son especialmente significativos para ti?

Sin duda paseo en la Regina hasta Somo para comer allí, visita a Cabárceno, el Palacio de la Magdalena y el Sardinero. Hay otros como playas fuera de la ciudad, con chiringuitos para tomar las rabas, vistas de la bahía entre calles en medio de la ciudad…Si salimos fuera de la ciudad Santillana del mar, Comillas, Isla, Noja, Suances…Potes…

-¿Que recuerdos guardas de tu niñez en Santander?.

Tardes de verano en la caseta de mi abuelo en la playa de la Magdalena, jugar en la Plaza del Ayuntamiento, o en la calle alta en la papelería de mi madre, meriendas en la papelería de mi yaya, navidades por la Calle San Francisco, el Club Deportivo Parayas…helados de Regma.  A mi me parece un lujo, da calidad de vida. Con todo al alcance de la mano…

-¿Cuales son los “poderes” de Santander?. ¿En donde radica su secreto para cautivar?

Creo que en su gastronomía, y lo cortas que son las distancias. Hay buenas playas en la ciudad, también.

-¿Cómo definirías el carácter santanderino?. ¿Conservas algo de su ideosincrasia?

Es cierto que somos cerrados, pero creo que cuando nos abrimos lo hacemos de corazón; esto es lo que comparto. A veces considero, que es una ciudad que peca de conservadora en temas culturales, y de ocio para gente joven

-¿Qué echas de menos de tu ciudad cuando estás fuera?.

A mi familia y el mar. También lo bien que se come

-Sabores de Santander. ¿Nos podrías hablar algo de su gastronomía?. ¿Sitios recomendables para comer y tapeo?.

Tanto para tapear como para sentarse a la mesa, es difícil equivocarse; hay buena materia prima. Me gustan El Cañadío, el A11, el Rampalay…por ejemlo para tapear y tomar unas rabas. Para cenar El Cañadio también, Puerta 23, La Bombi, La mulata, Casa de comidas Tetúan,  la lista es larguisima

-¿Qué compras típicas no deberíamos dejar de comprar?.

Sin duda, los Sobaos y anchoas

-Un sitio para divertirse (copas, pub….), para pasear  y evadirse

La plaza del Cañadío es centro de reunión improvisado, sirven buenas copas en el pintoresco El Master, para evadirse los paseos por la playa en invierno, Mataleñas, y el faro

-Intuyo que tu entorno condicionó que decantaras por el mundo del arte. ¿Que motivo su decisión?. ¿Crees que Santander es una ciudad cinematográfica?. ¿Te gustaría rodar en tu ciudad?

Mi entorno no tiene nada que ver, pero quise ser actriz desde siempre. No  en el sentido que me gustaría, pero creo que es cinematográfica por su belleza y porque ha acogido algún rodaje; es donde yo ruedo la mayoría de mis cortos con Burbuja Films del director Alvaro de la Hoz. Me encantaría participar en la serie Gran Hotel que se graba en el Palacio de la Magdalena, cerquita de casa!!! Claro que me gustaría rodar ahí sería perfecto

Fotos: Turismo de Santander. Y Lysa Gora S L

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