19 de septiembre de 2021
por Arantxa Serantes
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Entrevista a Dioni Arroyo

El escritor Dioni Arroyo es uno de los grandes representantes de la literatura de ciencia ficción en España. Se le han hecho muchas entrevistas a lo largo de su carrera, relacionadas con el oficio y con su inspiración y métodos a la hora de escribir sus obras. Pero en esta ocasión, no he querido centrarme en sus libros, sino en ofrecer un relato más intimista del autor que ahonde en sus motivación para escribir y en el sentido último de sus palabras, ya que en su universo literario, hay espacio para el análisis del comportamiento y de la política social postmoderna, incluyendo el transhumanismo, uno de los temas que está teniendo mayor controversia, por lo que implica y por sus posibles consecuencias.

Esta es una invitación a la reflexión y al reconocimiento, desde la Metanoia, título de uno de sus libros más recientes  cuyo significado nos remite a una «transformación» entendida como un movimiento interior que surge en toda persona, desde lo más profundo de su ser y es tan necesaria en los tiempos que vivimos.

¿Estamos en un tiempo en el que es necesaria una Metanoia, siguiendo la etimología de la propia palabra?

Sí, estoy convencido de ello. Podemos estudiar durante años las causas por las que hemos llegado a esta situación, en las que el último informe IPCC de las Naciones Unidas alertan sobre las consecuencias del cambio climático, y en lo pronto que llegará el colapso. Lo importante es que ahora, conscientes de los retos del futuro próximo, sepamos cambiar de rumbo, aceptar los cambios y actuar como si toda la humanidad fuéramos ciudadanos de un solo país, sabiendo que nos estamos jugando el porvenir de nuestra especie en el planeta. Es necesario un cambio radical en las prioridades de nuestra vida cotidiana, y saber que tendremos que renunciar a una buena parte de nuestro bienestar, a un decrecimiento económico doloroso para evitar el colapso, que supondría el final. Y todo esto lo tendremos que llevar a cabo esta década, que, ojalá sea la de la metanoia para que la vida nos dé a los humanos una segunda oportunidad sobre la Tierra.

En algunos de tus libros tratas el tema de la identidad perdida o de la búsqueda de la misma, ¿Ya no nos reconocemos como seres humanos o es que estamos constantemente reinventándonos?

Vivimos un tiempo de cambios, la tecnología avanza de manera exponencial, la llegada de la inteligencia artificial y la cibernética nos van a transformar, y los procesos históricos se aceleran sin permitirnos detenernos para pensar. Todo es tan vertiginoso, estamos tan imbuidos del dataísmo y la poder de los big data, que aceptamos como natural el hecho de una llegada masiva de información que nos desborda, de información con muy poco conocimiento, lo que genera algunos dilemas sobre lo que vivimos como supuesto “progreso”. En este sentido, el ser humano en su infinita soledad, necesita tiempo para reconocerse de nuevo, para revalorizar lo que de verdad considera importante, para las relaciones humanas, para la admiración de la belleza de la naturaleza, para el amor, para disfrutar del placer de la pereza, del derecho que tenemos al descanso y reposar las ideas. Necesitamos tiempo para identificarnos delante de un espejo. Perdemos nuestra identidad porque el progreso se realiza con una premisa: que seamos engranajes, piezas secundarias de una maquinaria que produce sin cesar, para un sistema económico al que servimos, porque nacemos para trabajar, para producir y servir esa maquinaria que nunca nos va a agradecer los servicios prestados. Somos una legión de esclavos que se creen libres, y ese es el más grave de los problemas: se ha anulado la capacidad crítica que nos permitía reflexionar, y han logrado que nos creamos felices gracias a la posibilidad de consumir, alimentando un sistema que crece de espaldas a nosotros.

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3 de agosto de 2021
por Arantxa Serantes
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El instante aprendiz

por Helio Strassburger (*)

Todas las cosas son de tal naturaleza que, mientras más abundante es la dosis de locura que concluyen, tanto mayor es el bien que proporcionan a los mortales
Erasmo de Rotterdam

Al esbozar apuntes sobre una lógica de la locura, un envés del absurdo se desvela en astillas de múltiples caras. Frontera donde la normalidad se reconoce en sus paradojas.
Una de las características de la expresividad delirante es ensimismarse en desacuerdo con el mundo alrededor. Crea dialectos de difícil acceso para proteger sus versiones de mayor intimidad.
El papel de la Filosofía Clínica en la intersección con la crisis inmediata también es presentación indeterminada en un proceso caracterizado por la exageración de la manifestación del que comparte. Un no saber vehicula provisionales verdades en el compartir deconstructivo de las sesiones. Representaciones existenciales difusas se alternan en narrativas del tiempo de la persona. El lenguaje de la locura se constituye en un conjunto de convivencias estúpidas. El punto de partida es la extraordinaria lengua de la persona estructurada en alguna forma caótica.
Ernst Cassirer refiere: “Hay cosas que, en virtud de su sutileza y su infinita variedad, desafían toda tentativa de análisis lógico. Y, si existe en el mundo cualquier cosa que debamos tratar de la segunda manera, es la mente del hombre. Lo que caracteriza el hombre es la riqueza y sutileza, la variedad y la versatilidad de su naturaleza” (Cassirer, 2005).
Los rastros de la diferencia pueden dejar pistas en los términos agendados, en la falta de plenitud discursiva o desestructura personal.
El Filósofo Clínico se hace aprendiz, en la intersección con las lógicas de lo extraordinario. Siente, oye y percibe las inéditas formas de conversación, por donde la persona exhibe contextos aún irreconocibles. Más que un camino de regreso a las anterioridades, también posible, se trata de una iniciación en el mundo compartiente. Investigar reflexivo y compartido de las discontinuidades, rupturas y esteticidades entrevistas en la búsqueda de algún confort existencial.
En el inicio de la clínica se trata de hacer inmersión en la condición diferente del sujeto y conocerlo en versión propia. Preliminarmente, si tiene un interés en la expresividad y desdoblamientos de esos álibis de la crisis. No se ofertan consejos, fórmulas listas o alguna lectura de los clásicos.

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2 de julio de 2021
por Arantxa Serantes
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El amor sin objeto

por Clara Goás VargasIago Varela Romero (*)

Cuando era jovencita creía que el amor más grande era el de las películas, el de una pareja enamorada, con brillantes miradas, con duración de por vida. Pero cuanto más tiempo pasaba, más se iba desmoronando la fantasía. Hasta que me di cuenta, que esa idea del amor, era un patrón, una fórmula sin vida, pues ésta siempre es cambiante e imprevisible como una corriente de creación continua. Cuando un amante marchaba, yo sentía que el amor se iba y me quedaba vacía, pero de alguna forma misteriosa, el amor siempre volvía. Con el tiempo descubrí que también estaba, aunque no hubiera amante, persona, animal o fuente causante de mi felicidad. El amor estaba aunque otra persona no me lo otorgara o incluso aunque yo misma me lo denegara.

En momentos en que mi mente se relajaba, la felicidad sin causa, sin objeto, per se, se colaba. Mi mente, astuta estratega, siempre maquinaba buscando más belleza y más amor, pidiéndome mejorar sin cesar, corriendo una y otra vez en pos del sueño de poder un día alcanzar su gloriosa idea de la perfección. Y el amor esperaba, tranquilo, a un desliz, en un pequeño relax para irradiar feliz. Cuando los ojos guiados por una mente estructurada en conceptos buscan algo, pueden no reconocer aquello para lo que no tienen modelo, pueden no reconocer, ni aunque esté presente, al amor más bello si de éste nada oyeron. Quizá ni siquiera sea la mejor palabra para nombrarlo porque no es apasionado. Por lo menos, en mi caso, cuando ese amor sin objeto, ese amor que no busca ni encuentra, ese amor que me habita en cada momento, sin que yo muchas veces lo perciba, se muestra, es como un espacio, una luz, una paz, un casi imperceptible éxtasis, un lugar seguro.

Con el tiempo, y algunas técnicas meditativas, me di cuenta, de que aunque en mi vida sintiera un huracán de emociones, pensamientos caóticos, dolor, o cualquier cosa que yo pudiera considerar negativa, esa suave dicha era sostenida por una mirada serena, neutra, constante, que permanece presente, en cada instante, contemplando la vida. Y al igual que  la vida, que no rechaza nada, que no dice a una persona que no vale o no es digna, sino que la acoge en su corriente creativa, así es la mirada pura de este tipo de amor que describo. Observa formas, pensamientos, sentimientos, sonidos, olores, sensaciones… Las atestigua. Y éstas, al saberse acogidas, se despliegan, se relajan, se sienten seguras, ya no evitadas, ya no sucias, sino sostenidas y aceptadas bajo la neutralidad de esa mirada.

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16 de mayo de 2021
por Arantxa Serantes
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El viajero de los mañanas

por Hélio Strassburger (*)

«El filósofo es una de las formas en que se manifiesta el taller de la naturaleza: El filósofo y el artista hablan de los secretos de la actividad de la naturaleza».

Friedrich Nietzsche

El espíritu aventurero inadecuado para la cristalización del conocimiento, se rehace en las escaramuzas de un territorio movido por el movimiento. Su sesgo de intimidad precursora se alimenta de las calles, carreteras, suburbios inmerecidos. Es inusual que se puedan compartir fácilmente estos eventos antes del enlucido conceptual. La irregularidad narrativa como propósito sin propósito adquiere casi poesía, para intentar decir algo sobre hechos irreconciliables desde la perspectiva de límites bien definidos. Esta lógica de singularidades fluctuantes se aplica a cosas irreconocibles en el vocabulario conocido.

Su desprecio por las fronteras, objetivado por acuerdos y leyes, es capaz de anticipar mañanas en el ahora irrefutable. En un carácter de existencia marginal entre lo cotidiano y el espejismo de las distancias, parece querer estructurarse en la dialéctica del azar. Se instituye una especie de no lugar en una percepción visionaria de las cosas y eventos que te rodean. Los refugios existenciales descritos en la provisionalidad de los apodos buscan denunciar la multiplicación de los exiliados, donde es posible apreciar el proyecto personal en nuevas direcciones.

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15 de mayo de 2021
por Arantxa Serantes
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Ética y videojuegos: Una breve reflexión

games

por Manuel Gutiérrez Gómez (*)

Preocupante. Se ha puesto de moda, en los videojuegos de estos últimos años. El realismo: Incluso en juegos de fantasía como Elder Scrolls o The Witcher, han de tener esta característica y han de permitirles ciertas libertades a los jugadores. No solo libertad para recorrer de un lado a otro ese mundo imaginario, pudiendo elegir entre hacer el bien o el mal, pudiendo alejarte de los clásicos finales felices de cuento de hadas.

Comenzó con un juego como Overlord, donde apareció la novedad de que ahí eras el villano en vez del héroe. Aunque con cierto tono de humor, te divertías «haciendo el mal». Luego vino The Witcher , basado en novelas. Una fantasía oscura donde tus decisiones decidían como avanzaba la historia y normalmente el mal tenía consecuencias, pero el premio merecía la pena. La moda se extendió a sagas célebres como Elder Scrolls, en Skyrim al poder elegir el camino del mal…y comprobé para mi asombro, que elegir el mal siempre daba las mejores recompensas. Por poner un bonito ejemplo (intentaré no hacer spoilers): En una misión tienes que elegir salvar a una persona o directamente asesinarla…y sólo conseguirás un poderoso objeto mágico único si la apuñalas sin escrúpulos ¿Pero por qué? ¿No hay suficiente dosis de realidad en el mundo real? ¿Y en la vida real los crímenes no tienen sus serias consecuencias?

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13 de mayo de 2021
por Arantxa Serantes
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Hacia unas Humanidades más digitales

En un mundo en el que lo humano tiene obsolescencia programada, me pregunto si aún hay lugar para la esperanza, a través de la co-creación. La cultura de los Labs ciudadanos y de experimentación, por los que he pasado a lo largo de mi vida académica y mi incorporación a la docencia universitaria, han sido y son una fuente de inspiración para crear este nuevo sitio. Desde mis comienzos como blogger de El Correo Gallego con A Duermevela hasta llegar aquí, ha pasado una década, pero no ha cambiado la esencia de lo que he querido hacer desde siempre: Vivir por y para las Humanidades, por todo lo que podemos jugarnos si abandonan la esfera de la vida pública. Nos queda tanto por aprender, por crear, por inventar…

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