6 septiembre, 2014
por Antonio Pais
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Bailaches, Carolina

Querida Julia:

Te veo jugar, saltar, correr, disfrutar… y pienso en ti como deportista. Ya te lo dije alguna vez: me da terror ser el típico padre que quiere tener una hija campeona de algo: el típico padre entrenador que machaca a su hija hasta que ésta logra éxitos… o no. Si una cosa tengo clara es que tú serás lo que quieras ser; y, ya hablando de deporte, llegarás donde puedas y quieras. Eso sí, lo que te voy a exigir es que, dados los beneficios, hagas deporte; y creo que para eso no te voy a tener que insistir mucho: lo llevas en los genes.

Cuando yo era joven (hace mucho) entre las mujeres en España había una cultura deportiva muy débil. Eran una minoría muy ninoritaria, si se me acepta la expresión, las mujeres que hacían deporte. Y eso se dejaba notar en los resultados en la elite: apenas triunfos destacados de las españolas. Recuerdo, así por encima, a algunas jugadoras de baloncesto (Anna Junyer, Rosa Castillo, Marisol Pahíño), a dos excelentes tenistas (Arantxa y Conchita)… y poco más. Se llevaba más la atroz cultura del ‘marimacho’, y creo que se me entiende.

Ahora acabo de ver el excepcional triunfo de Carolina Marín en el Campeonato del Mundo de bádminton, una especialidad deportiva que siempre que veo me deja el mismo pensamiento: qué difícil es jugar a esto, aúna dificultad técnica con una exigencia física brutal. En Galicia es famosa la canción, tú ya la conoces: -¿Bailaches, Carolina?; -Bailei, sí señor. En la final de Dinamarca el baile de Carolina ante la Federer del bádminton, la china Li, fue precioso. Creo que no fui el único que se emocionó viendo tan sensacional actuación: Carolina fue un prodigio táctico, técnico, físico y competitivo: la Federer china, campeona olímpica y mundial, encontró a su Rafa española: qué grande.

 

Así que España encontró a otra pionera en un deporte poco mirado. Y lo mejor es que el triunfo de Carolina este verano se suma a las prodigiosas actuaciones de las chicas en waterpolo, o de la saltadora de altura Ruth Beitia, o de la maratoniana Sandra Aguilar (un abandono nunca puede ocultar una proeza; la lucense volvió a recordarnos que el éxito y el fracaso son dos impostores que van de la mano) o de la nadadora Mireia Belmonte o de las de la sincronizada (en los Europeos de natación España logró trece medallas… todas en categoría femenina). Sé que en la lista merecerían entrar muchas más: todas las que compiten merecen estar aquí: a todas, mi enhorabuena.

Porque el dato es el que es: el deporte femenino en España brilla como nunca: un dato que me llena de orgullo y satisfacción. Olé por las chicas, y que sigan los éxitos. Y que, sobre todo, siga la racha de que la cultura deportiva cala cada vez más profundo en ellas.

En mi pequeño rincón, yo pienso en el día en el que te pueda preguntar: -¿Bailaches, Julita? y tú me respondas, toda orgullosa: -Bailei, sí señor, toda acalorada después de haber hecho el deporte que a ti te dé la gana y en el nivel que a ti más te guste, y tras haber ganado o tras haber perdido.

Un beso muy fuerte, Julia. Hoy estás caprichosa: has pataleado y has llorado, ¡a tus casi cuatro años! porque no te querías vestir con la ropa que había elegido tu madre; ahora estáis las dos en la calle… y tú, alegre y contenta con la ropa que tanto rechazabas hace unos minutos.

20 junio, 2014
por Antonio Pais
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Gracias por el juego

Querida Julia:

 

En la estantería blanca de nuestro salón no hay demasiados libros: no puedo presumir de librería, no, aunque confiese que he leído. En un rinconcito de esa estantería reposa, pequeño y humilde pero brillante, como lo fue quien lo escribió, un libro maravilloso del que espero charlar contigo, cuando lo hayas leído, algún día: ‘Gracias por el fuego’. Lo escribió un escritor descomunal, un genio de la narrativa, un poeta, un magnífico contador de las historias más humanas que quizás no ha tenido el reconocimiento que se merece: el uruguayo Mario Benedetti.

Entre las novelas de Benedetti quizás sea ‘La tregua’, espectacular, maravillosa, redonda, perfecta, la que ha tenido más reconocimiento. Hoy yo quiero utilizar la que me parece otra obra maestra suya, ‘Gracias por el fuego’, cambiando una letra, para encabezar ocho pensamientos, ocho ideas, en los que resumir mi opinión sobre la selección española de fútbol y sobre algunos de sus jugadores más emblemáticos.

1. Gracias por el juego. Hace apenas ocho años, la selección española de fútbol no sabía competir y tenía mil complejos que terminaban siempre en el síndrome de los cuartos de final: en esa ronda jugábamos como nunca y perdíamos como siempre. La cosa fue así hasta que coincidió en el tiempo una genial generación de jugadores a los que un sabio en fútbol, Luis Aragonés, convenció de que podían ganar… y lo hicieron, primero con Luis y después dirigidos por otro genio, Vicente Del Bosque. El sueño consistió en que España, jugando un fútbol espectacular, se hizo reina de Europa, dos veces, y del mundo: una racha nunca antes vista, y la protagonizó ¡España! Por todo ello: mil gracias.

2. Crítica o ingratitud. España, La Roja, ha tenido una pobre actuación en el Mundial. Las razones de cada uno son válidas porque son las suyas. Pero quien es deportista sabe que cuando se juega al fútbol, al tenis o al cricket, se puede ganar y se puede perder; ahora se ha perdido, ¿y? Lo mejor de La Roja es que ha sabido ganar y ha sabido perder. La crítica es legítima. Estos días se ha censurado a tipos como Mourinho o como Maradona; está claro que al primero no le vamos a pedir elegancia, y el segundo simplemente da pena (sin ironías: es así) cada vez que habla; pero ni Mou ni Diego han matado a nadie, simplemente han dejado dos opiniones: que España estuvo triste o que Iker no debió jugar. Mirando a la crítica interna, la de los propios aficionados españoles, un apunte: ésta no debe llegar a ser ingratitud; que he escuchado que los que perdieron en Brasil deberían volver a nado.

3. Hora de abdicar. La naturaleza es sabia. Y en la naturaleza llega el momento en que al león, al ciervo, al lobo… que dominan en la manada, los echa otro más fuerte. Lo que le ha pasado a La Roja es de lo más natural: hasta los mejores sueños un día se terminan. Seis años en lo más alto desgastan, y jugadores clave de la selección no han llegado ni en su edad ni en su momento de forma ideales.

4. Sobre Xavi Hernández. He leído en ‘As’ un artículo de Alfredo Relaño con el que estoy muy de acuerdo: esto, el ciclo, duró lo que duró Xavi, un jugador que tenía como virtud adueñarse del ritmo y, con ello, de los partidos. Siempre lo dije: tras hacer pies, oro-plata-oro-plata, quizás el primero al que elegiría sería Xavi… que tiene 34 años y un montón de partidos y de lesiones detrás. Pese a todo, en la primera parte del choque ante Holanda (lo que jugó España), Xavi dio un recital.

5. La estrella de Iker. Iker Casillas, mirado en su conjunto: sus enormes cualidades, también algún defecto (los balones por alto, sobre todo), sus postes… su estrella, en definitiva, es otro gran protagonista de la Belle Epoque. Un ganador de todo, otro que en el oro-plata habría que elegir cuanto antes. Pero al final hemos sabido que detrás de Iker no había una máquina, sino una persona. Un tipo miserable llegó de Portugal para descubrirnos que Iker se entrenaba mal, que filtraba a la prensa y que era mal compañero… cosas que nunca se habían dicho antes, durante más de una década. Si alguien tenía derecho a fallar, como lo ha hecho, es Casillas… que hasta pidió perdón: no hacía falta, Iker.

6. Sobre Del Bosque. Un señor y un deportista en el mejor sentido de las dos palabras. Dicen que puede dejar La Roja… y lo cierto es que se ha ganado también el derecho a hacer lo que quiera.

7. El estilo. Se ha hablado del fin del tiqui-taca. En mi opinión, al fútbol hay que jugar bien… y ese jugar bien permite muchas cosas: el contragolpe eléctrico del Real Madrid o de Holanda, por ejemplo, o la posesión de balón o la defensa. El problema no es el estilo, sino cómo lo llevas a la práctica: sin intensidad ni ritmo cualquier estilo está llamado al fracaso, con ellos lo único importante es saber competir.

8. El futuro. Sin pensar mucho cuento a Sergio Ramos, lo que nos queda de Iniesta que es mucho, a Javi Martínez, a Koke, a Illarra, a Iturraspe, a Thiago y a Jesé si no hay mala suerte y se recuperan de sus lesiones, a Isco, a Deulofeu, a Carvajal, a De Gea, a Muniain… veo un futuro claro. Y lo mejor de todo es que ahora ya hemos descubierto el fuego, ya sabemos cómo se gana: no lo enseñó una gloriosa generación de jugadores que van a dejar paso por la ley natural del fútbol y de la vida. Si el rey ha muerto, siempre hay que decir que viva el rey.

Un beso, Julia.

20 mayo, 2014
por Antonio Pais
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Cuando todo va mal

Querida Julia:

Recuerdo el día. Era verano: creo que finales de junio, puede que julio. Pasé por la Plaza de la Quintana, de la catedral de Santiago, porque había un concierto gratuito de un grupo que siempre fue mi debilidad, Los Secretos. Pero como sorpresas te da la vida, antes de que saliera el grupo madrileño, como telonero, le tocó a un cantante gallego: Juan Rivas. El artista que no conocía cantó tres o cuatro canciones; la melodía de una de ellas, ‘Cuando todo va mal’, se quedó para siempre conmigo.

La letra de la canción tenía (tiene aún, claro) tela: cuando todo va mal, beber para olvidar, cantaba el tal Rivas. Y aunque sea en otro tono, aunque sea para hablar de baloncesto y no de la vida, aunque sea para analizar la tremenda decepción de que el Real Madrid no ganase una final de la Euroliga en la que partía con el cartel (se lo colgaron muy bien colgado) de claro favorito… pues aun teniendo en cuenta todo esto, recordé la canción: sí, la verdad es que todo fue mal.

Lo primero que hay que decir que al equipo que no le fue nada mal, porque alfombró muy bien el camino hacia su sexta corona europea, fue al Maccabi de Tel Aviv, el otro finalista. Desde lo ya comentado de ponerle al Real Madrid no ya el cartel de favorito, sino el de superfavorito, o el cartel de equipo (el Real) que podía destrozarlo (al Maccabi), hasta tener una extraordinaria afición, gente que no sólo se desplazó hasta Italia en masa sino que no dudó en pagar (aquí el dinero también mandó), en comprar entradas para ver la final por las mismas calles de Milán, donde se jugaba, el Maccabi sacó un sobresaliente en su preparación de la final; no queda sino felicitar al campeón.

Cuando empezaron a jugar, tanto el Maccabi como el Real Madrid sabían que la diferencia deportiva entre ellos no era ni mucho menos la que se vendió: aún creo que el Real Madrid es mejor equipo, que en una fase anterior de la competición había dos veces ante el Maccabi; pero lo había hecho con muchos apuros, las dos veces. Así que cuando el Madrid salió a la cancha y vio que unos 9.500 llevaban camiseta amarilla, ya no lo vio tan claro. Y después, cuando comprobó que la manera de competir de su rival era la de siempre, excelente, y que el acierto lo acompañaba (aguerrida defensa, tremenda fortaleza en el rebote, el triple siempre oportuno, Rice iluminado al final, fe sin límites)… pues entonces, el Real vio su Novena Copa de Europa definitivamente muy complicada.

Dos claves: una, el Maccabi, que se vio favorecido porque jugó con presión cero (llegó a Milán como el equipo ‘Cenicienta’; alcanzó la  final tras completar un pequeño milagro ante el potente CSKA; jugó después la final ante un rival que por contra había ganado por casi ¡40! puntos de diferencia su semifinal), dio la de cal: jugó con corazón, fe y acierto, impulsado todo ello desde la grada, y supo sufrir cuando fue abajo en el marcador: enhorabuena, no se le resta ni un mérito: se lo ganó.

Segunda clave: cuando todo va mal, cuando todo juega en contra. Muchas cosas fueron contra el Real Madrid: Rudy Fernández, su jugador más desequilibrante, su mejor competidor, jugó con un dedo roto; faltaba Draper, una baja siempre muy importante (es un gran base; juega poco pero es crucial) pero más aquí: ni permitió el descanso apropiado (y habitual en todos los partidos del curso) para Sergio Rodríguez ni estuvo cuando se le necesitó para defender bien a Rice; Sergio Llull no es santo de mi devoción, pero no es normal que falle los siete tiros que realiza en un partido; y, por contra, llegar a la final tras haber ganado por esos casi 40 puntos de diferencia sólo puede jugar en contra.

Con todo eso, con esas dos claves, el Real Madrid estuvo muy cerca de ganar; de hecho empató el partido en el tiempo habitual, sin prórroga.

Un espacio queda para hacer crítica, claro. El Real Madrid no ofreció su mejor versión por segunda final consecutiva de la Euroliga, y eso habla de un déficit competitivo del equipo en general y de algunos jugadores en particular: Mirotic, Carroll, por supuesto Llull. Un apunte para Pablo Laso: sigo considerando que es un gran técnico, un maestro… aunque un maestro joven; en esta final se vio quizás superado por la mucho mayor experiencia del entrenador del Maccabi en este tipo de situaciones, pero lo sucedido le va ayudar mucho: va a ser aún mejor.

Aunque nunca me ha gustado el tono excesivamente paternalista que rodea al equipo de baloncesto del Real Madrid, no creo que haya que cebarse en este caso con un equipo que hace bien poco ni llegaba a la Final Four. Más bien, la postura debe ser animarle a seguir su camino, a que aprenda de sus errores: así un día ganará… más de lo que ya lo está haciendo, y con un baloncesto realmente bello.

Hay veces, en efecto, que todo va o sale mal; pero en este caso no creo que sea cuestión de ponerse a beber para olvidar.

Un beso, Julia

23 abril, 2014
por Antonio Pais
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Adiós al realismo mágico

Querida Julia:

 

Aprovechando los días de vacaciones que teníamos en Semana Santa, de lunes a viernes, decidimos ir a conocer El Algarve portugués. En Albufeira estuvimos, y tú más que nadie, felices: es fácil ser feliz cuando luce el sol, cuando tu única duda es ir a la piscina, con toboganes diversos y columpios y hamacas, o caminar 200 metros para acabar en una playa magnífica, de agua y arena impresionantes; también, cuando no tienes horarios impuestos sino los que tú eliges, o cuando te mueves como pez en el agua en un no menos magnífico hotel; o cuando estás rodeado de gente tan encantadora como lo es, por norma muy general, la portuguesa. Sí, no estuviste en Macondo pero viviste unos días instalada en lo que el mejor escritor de siempre diría que fue un realismo mágico.

 

Éste es un blog de deportes y de cine… que debe hacer una pequeña excepción porque la realidad lo merece. Coincidiendo con nuestro realismo mágico en Albufeira se fue a otro sitio ese mejor escritor de siempre del que te hablo: don Gabriel García Márquez. Tuve la gran suerte de leer (un bendito profesor me obligó), a mis quince años, ‘Crónica de una muerte anunciada’, una novela suya que me impactó; y unos años más tarde le llegó el turno a LA NOVELA, la que me llevó del todo al mundo del realismo mágico: ‘Cien años de soledad’, la historia que cada cierto tiempo debo volver a leer porque, como diría el propio Gabo, aun teniéndola delante, aun leyéndola una y otra vez, no me cabe en la imaginación: no me creo que se pueda escribir algo tan bueno, algo tan bonito, algo tan perfecto.

 

Te hablaría mucho más de Gabriel García Márquez: del cuento (o el ahogado, como reza su título) más hermoso del mundo, Esteban; de sus artículos: de cómo, en efecto, el periodismo es el mejor oficio que existe; de que el amor triunfa aun en los tiempos del cólera; de que un viejo y entrañable coronel, y su mujer y su gallo, no tienen quien les escriba… de tantas cosas. Pero, para abreviar, sólo pediré desde aquí que sobre Gabo, que no se morirá nunca, caigan siempre mientras descansa flores amarillas; a mí también me hubiera gustado haber venido al entierro del Rey, como anunció el gran Melquíades.

 

Gracias por hacerme tan feliz, don Gabriel; y no me distraiga mucho a los ángeles con sus historias, que deben velar por nosotros.

 

En el mundo del deporte, también muchos avezados analistas han hablado estos días del fin de un realismo mágico: el fin del ciclo feliz que ha labrado el Barcelona en los últimos años: un fútbol, en efecto, mágico: la casi perfección hecha fútbol. La derrota del Barça en la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, tras las que sufrió el equipo del señor Tata Martino (qué gran tipo) en la Liga de Campeones y en la Liga española, han llevado al diagnóstico claro: fin de ciclo.

 

Como has podido comprobar (estos días entras llorando al cole), el realismo mágico no es eterno, como no puede serlo la felicidad. Particularmente, el principal problema que le veo al Barça actual es que lucha contra su propia leyenda; y uno pierde siempre si se compara con una leyenda. Y también es verdad que, lógicamente, el paso del tiempo desgasta y produce estragos: Puyol ya pasó, Víctor Valdés se va, las pilas de Dani Alves han sido alcalinas pero hasta ésas se acaban un día, como se agrieta la batuta del gran Xavi o pierde luz hasta el dios Messi.

Por lo demás… el Barça sigue siendo un equipo espectacular: a ratos juega muy bien, y siempre compite: siguen y aún son jóvenes Busquets, Piqué, Messi (hasta los dioses tienen derecho a descansar un rato), Cesc, Pedro… y, algo menos, el mago Iniesta. Con un par de necesarios retoques, la maquinita puede tener una buena réplica… aunque siempre será distinta al original.

Esta misma temporada, pese a estar algunos de sus genios en la cuesta abajo o ya abajo del todo, y pese a haber tenido mil problemas extradeportivos, el FC Barcelona ha luchado bien en todas las competiciones: en Europa, el mejor Atlético jamás visto lo apeó en cuartos por un gol; en la Copa del Rey pudo bien ganar la final, aun sin merecerlo; y en la Liga… en la Liga algunos de esos destacados analistas, reconocidos por su magisterio en fútbol y por su gran experiencia, ya lo han descartado: se olvidan, sin duda, de lo que su citada experiencia les ha enseñado. Al tiempo, pero mi opinión es que el Barça del fin de ciclo, el que dijo adiós a su realismo mágico, bien puede ser campeón de Liga este curso; y desde luego, opciones tiene.

Un beso, Julia.

24 marzo, 2014
por Antonio Pais
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Los líderes que el Real Madrid no necesita

Querida Julia:

Dos niñas vienen a buscarte para jugar. Te preguntan si quieres jugar en el tobogán, y tú les contestas con un contundente ‘no’. “Entonces, ¿a qué quieres jugar?”, te pregunta una, dos años mayor que tú, como la otra. Piensas dos segundos. “Pues… al escondite”, respondes al fin. Y es a lo que jugáis. Confieso que sigo la situación con orgullo de padre. “Mi hija tiene madera de líder: tan pitufa, y ya decide a qué se juega”, pienso, no sé si equivocado precisamente por mi papel de padre, a la vez que recuerdo cuando, siendo yo otro pitufo, decidía quiénes eran los titulares y quiénes los reservas en el equipo de fútbol de la clase; y cómo venían a hacerme la pelota, yo encantado, los que no lo tenían claro para ganarse un puesto: qué tiempos. Aunque después sea una anécdota, y a mí desde luego no me importa mucho que lo seas realmente, está bien lo de ser el líder… si lo sabes ser, si predicas con un buen ejemplo.

Porque hay casos de líderes perjudiciales. Acaba de terminar el Clásico del fútbol español, un apasionante Real Madrid-Barcelona que deja la Liga al rojo vivo: ha ganado el Barça 3-4 en un partido en el que ha habido tres penaltis, dos a favor del Barcelona, y un expulsado en la jugada clave del partido: sí, Sergio Ramos: penalti y roja.

Nada más acabar el partido ( y ésa es su única disculpa, aunque no sea grande, habla Cristiano Ronaldo; habla el jugador al que su presidente Florentino Pérez, en lo que parece una operación más de marketing de las que tanto le gustan, ha disfrazado como ‘el Di Stéfano del siglo XXI’, el gran líder del gran Real Madrid del siglo XXI: el que debe llevarlo a sus grandes sueños, sus grandes logros: un marciano como jugador, pero además el novio que toda mocita madrileña querría tener.

Pero habla CR y lo único que se le ocurre es recuperar el fado portugués, que parecía desterrado del Real Madrid desde la salida del ínclito Mourinho, y lanzar a los cuatro vientos: “A lo mejor mucha gente no quería que el Real Madrid ganase, porque así el Barcelona estaba fuera, descartado de la Liga”. CR habla de los múltiples errores que ha cometido el árbitro, Undiano Mallenco (uno de los más graves, y desde luego quizás el más claro, fue pitar penalti por una falta cometida fuera del área… sobre él, sobre Cristiano), un árbitro que estaba “blanco y nervioso” y que “no da el nivel”. Añade, por último (en mi opinión, su frase más acertada y con la que estoy de acuerdo), que al Real Madrid “se le tiene envidia”.

La intervención del intento (o invento) de Di Stéfano del siglo XXI es, también en mi opinión, totalmente desafortunada y es otra muestra de hasta qué punto se ha torcido el libro de los valores en el club blanco: si algo nunca pudo ser el Real Madrid del siglo XX, el de Di Stéfano, fue llorón en la derrota, ni cazador de brujas; eso lo dejaba para otros, los ilustres perdedores… y ahí es donde jugaba la envidia, que no se evaporó.

Llega después Sergio Ramos, uno de los capitanes del Real Madrid. Y lanza un dardo similar: “Espero que, por el bien del fútbol, Undiano no nos pite en lo que queda de temporada. Ha sido un descaro y los que tienen que tomar nota, que la tomen. Que nos dejen luchar por los títulos”, dice, explicando que en su expulsión “ni toqué” a Neymar y que “hay cosas contra las que no se puede luchar”.

Sergio Ramos se podría hinchar a vetar árbitros: tiene 27 años y ya ha recibido 19 tarjetas rojas desde que está en el Real Madrid, récord histórico. Como quizás dirás tú, Julia, en breve, los profes (árbitros) le tienen manía. Desde luego, siempre lo expulsan a él. Y lo que olvida son los (bastantes) penaltis que ha cometido y que no le han señalado.

Cristiano Ronaldo habla de que lleva cinco años en España y de que se ha “dado cuenta”, perspicaz él, de que a veces también se juega fuera del campo. De lo que quizás no se ha dado cuenta en de que en esos cinco años ha ganado una Liga y cero Copas de Europa: como acostumbraba a hacer el Di Stéfano del siglo XX, vaya: ¡la comparación es perfecta!. Pero ya que estamos, recordaré una frase que lancé hace tiempo: en el siglo XX, el Real Madrid tenía a Di Stéfano y el Barça, a Kubala; en el siglo XXI, el Barça tiene a Di Stéfano (Messi) y el Real Madrid, a Kubala (CR).

Lo que no necesita el Real Madrid, y es otra humilde opinión, es a líderes de su vestuario como Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos. Compárese su actitud con la de Carlo Ancelotti ante la misma derrota; claro que hay ganadores y hay perdedores.

Un abrazo, Julia.

 

27 febrero, 2014
por Antonio Pais
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El equilibrio era esto (Carletto)

Querida Julia:

 

Hay una palabra que adoro. Una palabra, un concepto, que me parece igual de eficaz para la vida y para el deporte. La palabra en cuestión es ‘equilibrio’. Siempre me ha parecido la palabra clave: quien encuentra el equilibrio, encuentra un tesoro. Tengo que reconocer, ahora que no nos oye, que yo no encontré el total equilibrio en mi vida hasta que no apareció en ella Mónica, tu madre; los beneficios de esa aparición los disfruto día a día. Abundando más, ese equilibrio se fortaleció cuando naciste tú: desde entonces me siento completo, capaz de competir en felicidad con el resto del mundo: contigo siento que ya no me falta nada.

Es curioso, Julia: contigo y con tu madre es como si estuviera siempre en la playa: del mismo modo que en la playa (con buen sol y mejores arena y agua, claro; es decir, con sol en una buena playa gallega) basta con estar, sin más, para sentirte muy bien, lo cierto es que a mí ahora mismo, para ser feliz, a mí me basta con teneros a mi lado: con oír vuestras voces, con veros.

Pero vuelvo a la clave, al equilibrio. Si algo puedo pedir para ti en la vida es que lo alcances: que seas equilibrada para trabajar y para divertirte, para amar y para ser amada, para hablar y para escuchar, para leer o ver cine, quieta, y para hacer deporte, en movimiento; para dar y para recibir, para reír y para llorar. El equilibrio es una herramienta que te ayuda a acelerar y a frenar, a conservar y a arriesgar, a ahorrar y a gastar, a criticar con mesura y acierto… a tomar en cada momento la mejor decisión.

Defiendo desde hace muchos años que en el equilibrio está la clave de la vida. En el mundo del fútbol, en los últimos meses, tenemos un ejemplo muy claro de los beneficios de vivir equilibrado: el Real Madrid de Carlo Ancelotti, el campesino italiano que trajo la tranquilidad, pero también la sabiduría y la templanza, a un equipo que estaba muy necesitado de todo ello.

Un apunte: en los medios de comunicación cada vez se tiende más a la exageración y a la precipitación. Un periódico habla enseguida de un niño argentino que hace malabares con el balón como del ‘nuevo Messi’, por ejemplo. Y en el caso que nos ocupa, el Madrid viene de jugar un partido extraordinario… de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Un medio (acabo de verlo y escucharlo) ya compara a los tres delanteros actuales del club: Bale, Benzema y Ronaldo, con Puskas, Di Stefano y Gento; y dice que puede ser el inicio de una etapa triunfal como la de entonces…  sí, ya te he dicho muchas veces que las comparaciones son odiosas… por no decir imbéciles.

No, este artículo no va por ahí. No voy a juzgar al Real Madrid, ni a alabar el equilibrio que ahora muestra, por su último gran partido. Lo que quiero destacar es cómo ese equilibrio ha llegado como fruto de un proceso, de un buen trabajo; no ha sido su último partido, han sido sus (muchos) últimos partidos. Pieza esencial en ese logro, claro, ha sido el entrenador del equipo, Carlo Ancelotti, Carletto: la palabra adecuada, la decisión correcta. Y con él, viendo a su equipo convertido en una máquina de ganar… serena, el madridismo ya sueña. Aunque si el propio Carlo me estuviera escuchando, me llamaría a ser prudente y a que no hiciera ruido: él es sabio en fútbol, y sabe que lo que es hoy es paz y tranquilidad, mañana es guerra.

No parece fácil, sin embargo, que el Madrid seguro de sí mismo, pleno de confianza y de calidad, vaya a venirse abajo ahora; y mucho menos, que cambie su talante. Otra cosa son los títulos, que llegarán o no: la competencia es seria y sólo gana uno. Pero su equipo tiene la mejor de las virtudes: es un equipo equilibrado, que tiene la misma facilidad para marcar que para impedir que le marquen; que no pierde los nervios ni la confianza a las primeras de cambio; y eso, unido a la calidad de los jugadores del conjunto blanco, es promesa de logros. Ya se verá qué pasa, no falta tanto.

Lo mejor de todo es que Carletto lo ha conseguido desde la normalidad: con sabiduría e inteligencia, pero sobre todo con serenidad y sentido común. Es un Real Madrid mucho más cercano a su esencia, también al que no era desde hace años. El Madrid ha pasado de ser un equipo al borde de un ataque de nervios en la lamentable etapa de Mourinho a ser ahora un equipo sereno, maduro… que juega muy bien al fútbol y domina todos sus registros. No es lo más importante aquí, pero tendría gracia que, encima, el equipo de Ancelotti ganara en un año tanto o más que el de su predecesor en tres.

Un beso, Julia

12 febrero, 2014
por Antonio Pais
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Cuando Luis encontró a Xavi… y viceversa

Querida Julia:

Ya habrás oído eso de ‘Dios los cría, y ellos se juntan’. La verdad es que es una frase que más bien se utiliza para hablar de alguien malo que se ha juntado con otro malo. Pero a veces también vale para hablar en positivo. Yo te veo jugar con tu amiga Lupe, o con Elena, o con Nadia en el colegio, y lo pienso… igual que pensé que, ya en la guardería, tú fuiste a hacer buenas migas con Inés o con Matías o con Sergio. Es así: en la vida todos buscamos las alianzas que creemos que mejor nos pueden ir, o que más nos llenan. En tu caso, lo que celebro es que veo que no te cuesta mucho hacer amistades: eres abierta y sociable; y lo que deseo es lo que solemos desear los padres, lo mismo que me pedía a mí de pequeño mi madre, tu abuela Chelo: “Júntate con los buenos”.

Hace algunos años, para suerte y gloria del fútbol español, dos tipos fueron a juntarse en el camino: un entrenador, Luis Aragonés, y un jugador, Xavi Hernández. Ninguno de los dos parecía estar en su mejor momento, los dos parecían estar buscando el camino por el que hacerse importantes en el fútbol. Como dice la canción esa de la chinita, “andaban perdidos y se encontraron los dos”. El camino los unió, ya digo, para gloria del balompié español: del magisterio de Luis en el banquillo y del de Xavi en el campo nació el sueño, la transformación de la triste oruga en mariposa bella y feliz.

Luis Aragonés siempre me pareció un tipo muy especial… en ocasiones, para mal. Hablo como solemos hablar los periodistas: desde fuera, sin conocer al personaje a fondo… es decir, sin demasiada base. Pero sí que la imagen que parece que también se encargó de vender Luis fue la de un tipo de carácter agrio, que hacía escenas para que las filmasen las cámaras; un tipo descreído, mal encarado, de vuelta de todo, sin excesiva ilusión para todo aquello que no fuera un partido de fútbol y su preparación; simpático, a su manera.

Luis, es una opinión (no  información), fue un especialista en fútbol. A mí, desde luego, me cuesta verlo como un triunfador fuera del mundo del fútbol. En este terreno, eso sí, destacaría dos aspectos: 1) Sabía mucho. 2) No recuerdo a un jugador que haya hablado mal de él, y sí a muchos que hablaron muy bien; Luis, desde luego, siempre defendió con todo a sus plantillas, y lo hizo aun a costa de ponerse contra la directiva y cuando estaba ante la entonces gran opción de su vida: entrenar al Barcelona.

Aragonés perdió entonces, perdió el tren del Barça como había perdido otros tantos trenes antes. Hace unos días alguien comentó que Luis fue un ganador; y lo hizo con el comentario que tan poco me gusta: “Cuando perdía, no se le podía ni hablar”, dijo. Es decir, que se cabreaba porque perdía… y para mí, ya lo dije alguna vez, eso no es ser un ganador. En su carrera en el fútbol, creo que Luis Aragonés perdió mucho; no lo recuerdo en grandes triunfos pero sí en muchos equipos menores, alejado de la posibilidad de ganar títulos.

Pero un buen día, Luis encontró a Xavi. El técnico había sido nombrado seleccionador español; y era un técnico cuyo ‘librillo’ siempre se abría por una página, la del contragolpe. Pero cuando vio a Xavi, y cerca de él a otros como Iniesta, Casillas, Silva, Cesc, Silva… pero sobre todo a Xavi, tuvo un bonito sueño: España era campeona teniendo la pelota e imponiendo la calidad técnica de sus jugadores, bajitos pero resultones; había nacido La Roja.

En ese sueño, la estrella era Xavi. Y la cosa tiene gracia, porque entonces Xavi pasaba por un momento muy delicado, como él mismo ha confesado: era un jugador lleno de dudas, en el Barça no sabía si subía o si bajaba e incluso se había planteado irse. A Luis le dio igual, le dijo mire usted aquí en La Roja va a ser el amo, y no se preocupe que las críticas si las hay me las comeré todas yo. Mano de santo: Luis había creado al gran Xavi.

Y eso es mucho. Ya sabes Julia, lo poco que me gusta comparar, y más si es de épocas diferentes. Pero la regla bien vale una excepción: Xavi, en mi opinión, ha sido quizás el jugador más importante en la historia del fútbol español. Nunca, desde luego, he visto a un jugador que tenga tanto peso sobre el juego de un equipo… y hablamos de un equipo que ha sido campeón de Europa y del mundo. Xavi es el maestro que manda a diez alumnos cuándo acelerar, cuándo frenar; el que tiene ojos en la nuca, el pase perfecto y la personalidad para decir nosotros somos mejores; el que tiene la mentalidad y el saber competir; el que dirigió a España, hasta entonces perdedora, a ser campeona del mundo.

No fue campeón del mundo Luis Aragonés, que dejó La Roja tras su primer gran triunfo: la Eurocopa de 2008. Luis se fue entonces, pero ya había dejado el germen ganador: ya había convencido a los jugadores españoles de que podían ser los mejores jugaran donde jugaran, y haciéndolo con armas propias y genuinas. No se equivocaba: el juguete le salió muy bien hecho, perfecto; y España, para orgullo nuestro, sorprendió al mundo.

Luis, ya lo sabes, se despidió del fútbol y de todo hace unos días. Todo el fútbol español lloró por él. Xavi no tuvo que decir nada especial: su cara en el minuto de silencio que se guardó en su partido con el Barça lo dijo todo.

Un beso, Julia

29 enero, 2014
por Antonio Pais
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Nala y Damayanti

Querida Julia:

Te contaré algún día, cada vez más cercano, la historia de Nala y Damayanti, recogida del libro de la selva india, el ‘Mahabaratha’, y contada “hace más de dos mil años a los hombres antiguos” por el poeta Vyassa. A mí me llegó, bendito el día, en el gran libro de tapas marrones del que ya te hablé y que guardo como un tesoro: el libro escrito por nuestro viejo amigo, el gran Alejandro Casona.

Casona define a Nala, del país de los Nisadas, como “más hermoso que el mismo Indra, rey de los dioses”, un príncipe “valiente y piadoso” que gozaba domando caballos salvajes.

Damayanti, hija del rey Bhima, vivía en el país de los Vidarbas. Era Damayanti, en la descripción de Casona,  “hermosa entre todas las doncellas. Su rostro era más gracioso que la luna creciente y sus ojos más bellos que la flor azul del loto. Su voz era tan melodiosa, que al hablar parecía que cantaba”.

Hasta Nala llega la leyenda de la belleza de Damayanti. Y viceversa: Damayanti, avisada por un cisne de alas de oro que le habla, decide convocar asamblea nupcial para escoger marido. A la asamblea se presentan Nala y los más hermosos príncipes de la tierra, y también todos los dioses.

Con todos los pretendientes reunidos en un amplio salón, Damayanti debe elegir marido. Cuando ve a Nala, no duda: sin vacilar, se dirige hacia él para entregarle la guirnalda de lotos que lo designará como el elegido. Pero cuando los dioses comprenden que van a ser derrotados, adoptan todos la forma de Nala: Damayanti ve de pronto ante sí cien Nalas, todos hermosos, todos iguales. Con una sutil frase: “¡Oh, dioses! Vuestra gloria es tan grande, que no puede caber en el amor de una débil mujer”, convence a los dioses, que vuelven a su estado normal.

La historia entera de Nala y Damayanti ya te la contaré. Ahora sólo te diré que, como sucede en las leyendas mitológicas, hay comedia y hay tragedia; hay amor, mucho amor, pero también envidias y resentimiento; y al final, como no podía ser de otra forma, el amor triunfa. “Y los hombres y los dioses fueron dichosos largos años con la dicha de Nala y Damayanti”, cierra Casona.

Pensé en la bella leyenda india tras ver, o más bien sufrir, la final del Abierto de Australia entre Rafael Nadal y Stanislas Wawrinka. Una final que tantas expectativas nos había despertado: quien más y quien menos, en nuestro entorno, estaba ya viendo a Rafa levantar la copa al cielo australiano, morder su decimocuarto trofeo Grand Slam… y, para más gloria, pasar a la historia como el primer tenista de la era Open capaz de ganar al menos dos veces los cuatro torneos grandes: Rafa ha ganado ¡ocho veces! Roland Garros, dos veces Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos, y una el Abierto de Australia.

La era Open en el tenis, te explico, se inició en 1968. Hasta entonces había jugadores profesionales (al circuito profesional se sumaron Rod Laver o Andrés Gimeno, por ejemplo) que recibían dinero de una especie de mánager que montaba el espectáculo; y tenistas aficionados que en teoría, y hay que subrayar lo de en teoría porque ya se sabe que hecha la ley, hecha la trampa, no cobraban. En 1968 se decidió que fuera las caretas, que a jugar todos juntos… cobrando.

Rafa Nadal estaba ante una gran oportunidad: jugar una final ante su amigo suizo Stan, al que había superado las doce veces que habían jugado hasta el pasado domingo, y sin ceder un solo set. Aunque Rafa estaba avisado: este Wawrinka era otro, era un lector convencido del tatuaje que se marcó para siempre en su brazo, y que se podría traducir así: “Lo has intentado. Tantas veces fracasaste. No importa. Inténtalo otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor”.

Que el bueno de Stan había interiorizado ese mensaje, que no tener miedo a fallar y su derecha ya no se volvía un arma contra él mismo en los momentos decisivos, y que también había asumido las enseñanzas de su entrenador desde la pasada primavera, un zorro sueco del tenis llamado Magnus Norman (“No puede ser que seas Mr. Chico Bueno”, le dijo de entrada) quedó claro en los dos últimos enfrentamientos que Wawrinka tuvo contra el serbio Novak Djokovic, y de manera muy especial en el último, que ya te conté y en el que el suizo dejó atrás ¡catorce! derrotas ante Nole. Su tenis, una mezcla explosiva de altísima calidad técnica (con nota especial para su revés) y potencia (con nota especial para su saque) merecía un lugar entre los más grandes.

Nadal llegaba advertido, por lo tanto. En la madrugada española del sábado al domingo escuché (tú dormías en el coche, volvíamos de una cena familiar) una entrevista con Toni Nadal, tío y sabio entrenador de Rafa, que advertía del peligro de Wawrinka; cuando el entrevistador se despidió de él y le deseó suerte, Toni contestó: “La vamos a necesitar”. Fue un presagio.

Porque la suerte le falló esta vez a Rafa. Los dioses le dieron la espalda al héroe, tal vez celosos de él como lo estuvieron en su día de Nala. Wawrinka, espléndido, había impuesto el torrente de su tenis en el primer set cuando, en el inicio del segundo, la espalda de Rafa dijo basta.

No me aventuro a decir que Rafa hubiera ganado esa final, aunque mi intuición y mi corazón me dicen que sí: que Rafa, como hizo tantas veces, hubiera sacado su mejor arma, el gen competitivo, para remontar. También hay que pedir un respeto por Stan Wawrinka, el respeto que su tenis y su nueva mentalidad se ganaron durante este espléndido Abierto de Australia 2013: fue el mejor. Nunca se sabrá lo que hubiera pasado.

En todo caso, que a Rafa no le importe tanto. Aunque las oportunidades no pasan eternamente, como él mismo dijo tras la final (a pie de pista, micrófono en mano, de nuevo se ganó el corazón del tenis mundial), a un héroe como él lo está esperando la gloria… que tanto le ha dado ya. Como pasó con Nala, Rafa sabe que el camino es largo, duro, lleno de momentos amargos; pero también sabe, como el héroe hindú, que al final está esperando Damayanti.

Un beso, Julia

21 enero, 2014
por Antonio Pais
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El tatuaje de Wawrinka

Querida Julia:

Como habrás podido comprobar (muchas veces sufrir) en tus tres años y poco de vida, no soy ningún maestro en educación de hijos. La cosa es así, a los padres no nos forman en esta carrera que es difícil y en la que, creo, no hay verdades absolutas: lo que puede valer para un niño puede no ser lo mejor para otro. No obstante, sí que te puedo decir que hay algunos principios básicos, cosas que parecen elementales en toda educación. Y será por mi amor por el deporte, pero estoy convencido de que éste ofrece enseñanzas, principios, básicos para educar a un niño. Pensé (otra vez) en eso después de ver el espectacular partido entre un serbio, Novak Djokovic, y un suizo, Stanislas Wawrinka, en ese no menos espectacular torneo que es el Abierto de Australia. Un principio clave para el deporte y para la vida está grabado en el tatuaje que lleva en su brazo Wawrinka.

La frase tatuada reza así: “Si lo intentaste y fallaste no importa. Inténtalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”. Me parece algo elemental, algo que quisiera que tuvieras claro muy pronto: nunca hay que rendirse, ningún problema es insuperable: siempre es posible vencer si lo intentas.

Que se lo digan al propio Wawrinka, que había perdido ¡las catorce veces anteriores! que había jugado contra el gran Nole Djokovic. Y al menos dos de las derrotas precedentes llegaron de forma cruel: en semifinales del US Open, hace sólo unos meses, Djokovic ganó tras un maratón de tenis, en el quinto set y tras superar una desventaja de dos parciales a uno; y en el pasado Open de Australia, Djokovic había ganado 12-10 en el quinto set.

Wawrinka no le ganaba a Nole desde el ya lejano 2006: fue en el torneo de la ATP en Viena. En total, dos victorias de Wawrinka (la otra fue por abandono de Nolecuando iban 6-6, en la final de Umag, Craocia, en 2005) y 17 de Djokovic en los partidos anteriores entre ambos.

Pero eso no contó para Stanislas. “Inténtalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”, pareció de decirse. Y el suizo se fue fiel a sí mismo. Cuando había jugado el mismo partidazo que en las dos ocasiones precedentes, cuando otra vez se vio dos sets arriba ante el intimidador Nole, cuando vio que había ganado dos sets y había perdido uno… cuando todo el estadio (y yo desde mi casa) pensó “esta película ya la vi, partidazo de cuatro horas y al final gana el terrible serbio, el otro cederá”… cuando pasó todo eso y además Wawrinka perdió su servicio ya en el inicio del quinto set, el suizo dijo que no se rendía: el pasado no cuenta… aunque tanto cuente en tenis.

Fue la gran lección de Stanislas, un gran talento de ya 28 años al que dos dedos, o quizás también jugar al tenis en tiempos de su compatriota ilustre, el gran Roger Federer, han apartado con terquedad de la gloria. Pero el chico dijo basta, esta vez no. El partido de cuartos de final del Abierto de Australia entre Wawrinka y Djokovic puede figurar por derecho propio entre los más grandes: qué espectáculo, qué derroche de talento, qué lucha de mentalidades entre dos bestias pardas, con perdón; qué revés cruzado del suizo, qué devoluciones de Nole, qué saque de Stanislas, qué restos del serbio; qué alternativas, qué emoción: puro tenis. Y al final, ¡qué lección, Stanislas que cambiase el guión para vencer esta vez 9-7 en el quinto set! ¡Inténtalo otra vez, Stan, falla de nuevo y mejor!

Así que ya lo sabes, Julia. Creo que ya te lo había dicho antes, pero en el deporte en general y en el tenis en particular tienes el mejor modelo educativo: tu mejor maestro. Y te dejo, que aunque soy padre, o precisamente por eso, quiero seguir aprendiendo; aún queda Open de Australia, aún queda tenis, todavía nos queda el deporte.

Un beso, Julia

9 enero, 2014
por Antonio Pais
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Diego, ‘Tata’, Carletto

Querida Julia:

Dicen que en la línea de salida se conoce al ganador. Vamos, que ya desde el inicio se puede predecir quién tendrá éxito en la vida, a quién le irá regular y quién está predestinado a sufrir. A mí me parece mucho decir. Te miro a ti ahora,  miro a las personitas que tienes generalmente a tu alrededor: a tus amistades o a tus compañeros de clase, y no lo veo en absoluto claro. No acierto a distinguir entre buenos y malos, o mejor dicho, entre quienes tienen un futuro bendecido por la fortuna y quienes caerán en desgracia; también es verdad que esto último no puedo o no quiero verlo: sinceramente, sólo acierto ver que todos estáis bendecidos para que os vaya bien. Que así sea: que todos ganéis en la vida.

Traslado la cuestión al fútbol y a los tres entrenadores de los tres equipos que parecen predestinados a luchar por el título de Liga: Diego Simeone (Atlético de Madrid), Gerardo ‘Tata’ Martino (Barcelona) y Carlo Ancelotti (Real Madrid). ¿Cuál de los tres es el ganador, quién está destinado a triunfar esta temporada? Te confieso que la respuesta que me doy a mí mismo es similar a la anterior: no puedo decirlo, veo triunfadores allá donde mire. La única conclusión es que eso de que en la línea de salida se conoce al ganador no vale: los tres son ganadores natos.

Lo fácil sería apostar por que Diego Simeone no se llevará el gato al agua: basta un vistazo a la historia para descubrir que el Atlético ha sido mucho menos ganador que sus dos rivales: el Atlético juega en un terreno que tradicionalmente le ha sido vedado. Y si además miramos presupuestos, plantillas, mentalidad y demás, parece claro: en la línea de salida ya se ve que el Atlético no será el ganador. Parece…

… pero el caso es que el Atlético, de la mano de su técnico, se está esforzando más allá de lo razonable para romper la teoría. A base de buen esfuerzo colectivo, y a base de defender la concentración de ese esfuerzo en 90 minutos, una semana sí y la otra también, a base de ir “partido a partido”, resulta que cuando la Liga va a llegar a su ecuador el Atlético nos ha demostrado que es tan candidato como el que más. Hay mucha gente que sabe mucho de fútbol y ha repetido desde el principio que el Atlético no es candidato, que no aguantará el infernal ritmo que se ha impuesto a sí mismo; que no es candidato en la Liga de los 100 puntos.

Puede ser. Pero el fútbol nos ha demostrado mil veces que once unidos son mucho más que once separados. Lo que ha logrado Simeone es un pequeño milagro: ha mentalizado a once inferiores de que pueden luchar contra dos onces muy superiores… vistos uno a uno. Como colectivo, como once excepcionalmente bien conjuntado, el Atlético parece poder luchar contra cualquiera. Yo veo lo que veo: que a día de hoy el Atlético saca con solvencia sus partidos de Liga: no sólo gana, sino que es difícil que no gane: marca goles con cierta facilidad y es muy complicado marcarle uno.

Con esa fórmula, el Atlético ya ganó esta temporada en el Bernabéu. Y este sábado, en el Calderón, afrontará con las mismas armas su particular reválida: llega el actual rey, llega el Barça; si gana…

Pero lllega el Barça… del ‘Tata’ Martino, el Barça que tantos recelos ha despertado desde que comenzó la Liga a pesar de que no hace sino ganar y ganar, y después ganar. También aquí han sido muchos los que han adelantado un final rápido de la etapa gloriosa del Barcelona, un réquiem por el Barça de Pep Guardiola. Frente a ellos, el ‘Tata’ Martino ha demostrado su enorme capacidad, su nivel, su personalidad: sin hacer ruido, volando por encima de adversidades (la cada vez más cercana decadencia de Puyol y Xavi, las lesiones de Messi y de Valdés, las dudas del famoso entorno culé), el Barça vence y, poco a poco, convence.

Si no está Puyol, valen Masquerano, Piqué y Bartra; si baja Xavi, y también Iniesta, está Cesc para demostrar lo que vale; si  falta Messi, Pedro y Alexis se rebelan con goles para reivindicar su valía; y si no ha estado Valdés, Pinto no ha dado el cante. Todo eso ha tenido detrás un apoyo común: un entrenador sabio y con una enorme personalidad, un técnico que no se arruga para dejar en el banco a grandes nombres para poner a hombres; que no llora por las ausencias. No sé si al final llegarán títulos para él, que el fútbol es caprichoso; pero si me piden mi valoración personal… el ‘Tata’ ya se me ha ganado.

Atlético y Barça, Diego y ‘Tata’, se la juegan este sábado en el Calderón… y viendo por la tele ese partido, esperando que sus dos rivales se maten entre sí, estará Carlo Ancelotti, ‘Carletto’. Lo confieso: soy devoto de Carletto: aun reconociendo que no lo tenía difícil sustituyendo en el banquillo a un tipo de nula clase como Mourinho, el italiano ha demostrado tener un gran nivel personal. Un dato: apaga sin levantar la voz (él sólo levanta la ceja) los amagos de incendio que hay a su alrededor, la impresión que queda es que acostumbra a tomar decisiones sabias; una excepción, si se me permite: yo pondría de titular en la portería, siempre, a Casillas.

Y su Real Madrid, a ratos, también convence y avisa a sus rivales de lo peligroso que puede ser. Hasta ahora sólo es una sensación, hasta el momento los dos más fuertes de la Liga son el Barça y el Atlético. Pero ojo al Real Madrid. Hace unos años, Barcelona y Madrid llegaron al final de la Liga muy igualados; y recuerdo que en televisión le preguntaron a Carletto. Su respuesta, con su sonrisa pícara: “Pero estas Ligas, Capello (entrenador entonces del Real Madrid) las suele ganar, eh?”.

Fabio Capello y el Real Madrid ganaron esa Liga a los Ronaldinho, Deco, Puyol, Xavi … y Messi. Y bien harían Barça y Atlético en dejar lo más lejos que puedan a su rival de este año: uno se imagina a Carletto sin inmutarse, con los tres equipos igualados en la tabla a falta de pocas jornadas y comentando para sí, con una sonrisa taimada por dentro y cara de póker por fuera: “Pero estas Ligas, Carletto…”.

Un beso, Julia.