Fútbol no apto para menores

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Querida Julia:

Cada mañana, en la parada del autobús que te lleva al colegio coincidimos con Carlos, un niño de unos nueve años de edad. Recientemente, tras la eliminatoria de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, él mostró orgulloso (la llevaba debajo del ‘anorak’ y de una sudadera) la camiseta rojiblanca. Carlos es ‘colchonero’. Por eso cuando, el día después del partido de ida de la misma Copa del Rey, en la eliminatoria de la ronda siguiente entre el Atlético y el Barcelona, le pregunté qué le había pasado a su equipo (1-0), su cara triste ya había respondido por él cuando habló: “No pude verlo, era muy tarde”. El partido en cuestión había comenzado a las diez de la noche. La madre de Carlos me explicó que al día siguiente, nada más despertarse, lo primero que hizo el niño fue ir a ver cómo había quedado su equipo.

Hace tiempo que me pregunto quién es el genio que decide la programación, el día y la hora, de los partidos en el fútbol español. La pregunta incluye una segunda: ¿Por qué? La cuestión tuvo más fuerza en el comienzo de la temporada, en agosto, cuando incluso hubo partidos que comenzaron un día (a las once de la noche) y acabaron otro (a la una de la madrugada).

Es un fútbol no apto para menores (o para mayores como yo: me niego a ver partidos con ese horario). Aunque yo diría más bien que son partidos puestos sin decencia alguna en un horario indecente. Y aquí vuelvo a la segunda pregunta: ¿Por qué? ¿No se trata, al poner un horario, de facilitarle las cosas al aficionado (y aquí entran niños y adultos) que quiere acudir a un campo de fútbol? ¿Y no se trata, sobre todo, de crear afición? Porque impedir que los niños vean un partido de fútbol no parece la mejor forma de crear afición: es acabar con la cantera del mejor aficionado, el que va al campo.

A quienes marcan los horarios en el fútbol español parece que no les importan estas cuestiones. Ni tampoco parece importarles que los campos estén casi vacíos: ellos programan un Getafe-Celta, por poner un ejemplo, el lunes por la noche y se quedan tan panchos: que vaya gente al campo es lo de menos; y tampoco importa mucho la audiencia en televisión.

Y para quien no va al campo… mientras los románticos añoramos el tintineo de los goles del ‘carrusel deportivo’ de las radios, quienes deciden siguen empeñados en que haya partidos de fútbol todos los días y a todas las horas: eso sí, rara vez dos a un tiempo: hay que estirar la manta del fútbol.

Tampoco les importa a los genios de la decisión que haya un fútbol llamado modesto detrás del fútbol profesional. Que los aficionados estén cómodamente instalados en un bar de su localidad, una tarde de sábado o de domingo, y jueguen una partida de cartas mientras de fondo, en la televisión, disputan sucesivamente sus partidos el Real Madrid, el Barcelona y el Atlético de Madrid es lo importante; que mientras tanto se jueguen partidos de Segunda División B, de Tercera o de Preferente en esas mismas localidades y las gradas estén vacías no tiene la menor relevancia.

A la pregunta del porqué de la programación, por qué jugar en días y horarios insólitos que van contra la tradición del fútbol español, la respuesta ‘oficial’ apunta al interés económico. Pero también aquí habría mucho que decir: en Alemania y en Inglaterra no hay problema en que varios partidos de fútbol se jueguen al mismo tiempo, en horarios más ‘reconocibles’ los sábados o los domingos: las gradas en esos partidos están llenas, quienes no van al campo sí podrán escuchar en la radio el tintineo de los goles… y económicamente, las ligas alemana e inglesa funcionan bastante mejor que la española. ¿?

Escribo esto el día anterior al partido de vuelta de la eliminatoria entre el Atlético y el Barça. La madre de Carlos me ha dicho que, al empezar una hora antes (a las nueve de la noche), le dejará ver el partido. Bueno, algo vamos ganando; espero que no haya prórroga. En todo caso, quienes deciden seguirán tan ufanos: “Así se hace afición al fútbol”, dirán. O quizás se preguntarán y se responderán, llenándose de razón: “¿Los niños? Los niños no pagan”.

Un beso, Julia

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

2 Comments

  1. Me ha gustado mucho el artículo sr. Pais. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice de los horarios, o más bien de los «deshorarios». En mi casa se han vivido varios dramas al respecto. Pero sobre todo estoy totalmente de acuerdo con que se debe apoyar más al deporte de base, no ya al de Tercera sino incluso a las liguillas locales, las de los coles….en fin, fomentar el deporte desde lo más bajo. Y todo tipo de deporte. Un saludo.

  2. Totalmente de acuerdo Sr, Pais, brillante artículo.

    Creo que las clases dirigentes en este país miran más su propio interés que el general, y así nos va…

    Como todo es cíclico y depende mucho de las personas que gestionan en cada momento, seguro que volverán los tiempos del carrusel, no lo dude.

    Fuerte abrazo,

    El Nadal del Ebro

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