En noviembre, cine

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Querida Julia:

 

Tantas veces sucede que la belleza, la diversión, la plenitud… llegan de forma inesperada y son las mejores. Vas creciendo y forjando tu carácter, y en él yo acierto (o quiero) ver muchas similitudes con el mío. Un ejemplo: no te van en exceso, aunque termines disfrutando y mucho con ellas, las grandes fiestas, las que llegan con ruido; prefieres el disfrute que se presenta sin avisar, el festejo simple que no esperabas, la tarde feliz en buena, aunque no excesiva, compañía. Y junto a eso también aprendes que en ciertas atmósferas lo pasarás bien, por humildes o simples que sean: son un seguro de vida.

Algo de lo que te hablo me pasó a mí hace ya algunos años, digamos que unos quince. Estaba en un momento importante de mi vida, un momento que fue difícil en lo material y en lo personal pero que también fue uno de los momentos en los que más libre y más feliz me he sentido en mi casi medio siglo de vida. En ese momento apareció en mi vida, para llenarla durante un mes, la magia de Cineuropa.

En el mes de noviembre aparece cada año en Santiago este magnífico ciclo del ‘otro cine’, el que no se suele ver en las salas comerciales: Cineuropa. Un ciclo que inventó y desarrolló un loco del cine llamado José Luis Losa: un tipo que, desde lo conocí siendo niño-adolescente, siempre me pareció que vivía mejor en la vida de las películas que en la real. Chicho Losa me parece un sabio del cine: con las excentricidades propias de un crítico de arte, con sus a veces incomprensibles (al menos para mí) manías, pero doctor en cine.

En los últimos años del siglo pasado y en los primeros del actual, el mes de noviembre fue para mí el mes del cine: del mejor cine, del que más disfrutaba. En versión original, como a mí me parece que tiene que ser o más me gusta una película, lo mejor de Cineuropa era que te metías a la sala sin saber muy bien lo que te esperaba. Sabías que la película era de tal o de cual director, su nacionalidad, su género, si tenías suerte leías un pequeño avance… y poco más. Pero ahí se obraba el milagro: la mayoría de las veces salías encantado de una sala en la que se respiraba cine: una sala sin ruidos, sin gente comiendo palomitas o patatas y en la que la puerta se cerraba al comenzar la película.

En ese momento importante de mi vida, en el que tantas dudas tenía en lo personal y, sobre todo en los primeros noviembres, también en lo profesional, Cineuropa fue para mí un verdadero salvavidas: veía cine que me llenaba, cine repleto de realidad porque te mostraba lo que sucedía en el mundo, conocimientos que te servían y mucho para la vida… cine variado, de todas partes; películas, en fin, muy bien elegidas, perseguidas y, no se sabe muy bien cómo, traídas antes y mejor que nadie por el maestro Losa.

En Cineuropa tan pronto visitaba películas de genios a los que ya conocía (recuerdo con especial agrado un completo ciclo de Eric Rohmer) como descubría que puede haberlos en Finlandia (Aki Kaurismaki) o en Hong Kong (Wong kar Wai y su maravillosa belleza, ‘2046’), o en Japón (conocí al maestro Ozu) o en Alemania o en Estados Unidos o en Argentina o, por supuesto, en Francia (ah, ‘La chica del puente’). Vi películas buenísimas que te disparaban directo al corazón (Losa siempre disfrutó con las películas que te impactan, y recuerdo en especial ‘Sweet sixteen’ y ‘El dulce porvenir’), otras en las que se paraba la realidad (‘Elephant’)… y alguna otra, como la del mexicano aquel cuyo nombre no quiero recordar, que me parecieron un bodrio (Losa se rió cuando se lo dije; “Es un genio”, comentó).

Cada mes de noviembre el cine se apoderaba de mi vida, la guiaba. Esperaba con ansiedad a que llegara noviembre para que, en dos y hasta en tres películas diarias a las que iba tras ajustar mi agenda laboral hasta límites insospechados (bendita locura), Cineuropa me sorprendiera con su belleza y con su calidad sin patria. Descuidaba, o desplazaba, todo: noviembre era por y para el cine.

Pasaron los años. Mi vida se ajustó, por fin y para mejor. Aunque sin saber muy bien por qué, llevo ya bastantes años sin pisar Cineuropa, que sé que sigue atrapando en Santiago a todo amante del cine. Desde Bertamiráns, tan cerca y tan lejos, recuerdo con nostalgia los tiempos en los que mi vida se volvía caótica y se iba un mes en una sala: ese tiempo en los que no importaba nada más, que noviembre era el mes del cine.

Un abrazo, Julia

Autor: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

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