¿Qué haces tú allí? (A José Luis Abós)

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Querida Julia:

 

Veo en ‘El Mundo’ una foto de portada impactante, espectacular. La foto muestra a varios hombres, de raza negra, subidos en lo alto de la valla que separa Marruecos y Melilla: buscan su Edén, occidente; huyen del hambre y de la vida de última clase, con la promesa de subir algún día al tren de primera. La foto también muestra, a unos metros tan sólo de los hombres encaramados a la valla, a varias personas jugando al golf. Sí, la vida es injusta. En tu sencilla interpretación de las cosas, tú también te sientes muchas veces perseguida, Julia, u objeto de alguna injusticia; ya lo dijo muy bien Serrat: nada ni nadie puede impedir que sufran (los niños). En todo caso… sí, la vida es injusta.

En nuestro mundo, el occidental, y aunque no se pueda comparar con el drama de hombres que se tienen que encaramar durante horas a una alta valla en su huida de la enfermedad, del hambre, de la miseria… pues en este mundo nuestro también hay cosas muy injustas. Aquí, y es la única situación de igualdad con las tierras de la miseria, también llega la muerte; y a veces lo hace de forma que nos parece precipitada, en el momento y a la persona que no tocaban, cruel.

Como la de José Luis Abós, 53 años, zaragozano que estaba en el mejor momento de su vida profesional y personal. Un gran entrenador de baloncesto (fue tan bueno que triunfó con estrépito en una ciudad tan difícil para los de casa como Zaragoza) y una gran persona: humilde, honesto, sincero, de sonrisa perenne y buen talante. Hace unos meses, cuando ya planificaba una nueva temporada con el CAI, llegó la noticia cruel: Abós tenía que dejarlo, no podía seguir por una enfermedad. La enfermedad era un cáncer. Pregunté y me dijeron que la cosa tenía la peor pinta. Lloré entonces, lloro ahora.

Unos meses antes, en la sala de prensa del pabellón Fontes do Sar, tras un Obradoiro-CAI Zaragoza en el que me tocó trabajar, había saludado a José Luis Abós. O más bien quise darme a conocer, ver si me recordaba después de tantos años: “Hola, soy Antonio Pais, ¿te acuerdas de mí? Entre 1990 y 1994, cuando empecé como periodista en Zaragoza, hablaba mucho contigo… por teléfono, que cada martes y cada jueves hacía una página de baloncesto regional en ‘El Periódico de Aragón’. Y te vi dirigir algunos partidos al equipo júnior del CAI. ¿Te acuerdas, José Luis?, alguna vez te saludé y hablamos, ya cara a cara”. Eso era lo que pensaba decirte.

No me diste tiempo. Me viste y fuiste tú el que me preguntó: “Hombre, ¿qué haces tú aquí?”. Porque te acordabas perfectamente de mí, y eso indica muy bien lo que eras: una persona normal, un tipo al que los éxitos no habían cambiado un ápice: un amigo de sus amigos de siempre, alguien que en el triunfo no olvidaba sus inicios. Y lo cierto es que la pregunta, qué haces tú por aquí, te la podía haber hecho yo, José Luis: para ser sincero, sobre todo en un principio me costaba verte como primer técnico del CAI, o de un equipo puntero de la ACB: yo llevaba asociada tu imagen a la de entrenador en las categorías de formación: ahí eras el mejor, ahí fuiste dos años campeón y otra subcampeón de España junior con el CAI, tres años seguidos; y otro más campeón infantil. Un maestro.

Pero no te conformaste con ser el mejor en la base. Supiste absorber y ampliar conocimientos como ayudante de grandes entrenadores: Mario Pesquera, Alfred Julbe. Gustavo Amanzana, Edu Torres… y diste el paso de ser primer técnico en la LEB: Bilbao, Lugo, Mallorca, Girona… y hasta, amante fiel del baloncesto, tuviste el valor, la fuerza y la humildad de seguir formándote como entrenador un año en la liga universitaria de Estados Unidos.

Y en 2009, el gran premio: primer entrenador del CAI Zaragoza. La oportunidad, no es casualidad porque es un presidente excepcional, te la dio Reynaldo Benito. Y le respondiste: repito, fuiste tan bueno que lograste ser profeta en tu tierra… siendo tu tierra Zaragoza. Devolviste al equipo al lugar que nunca debió abandonar, la ACB, y después firmaste varias temporadas magníficas: el CAI ¡semifinalista!

Como técnico fuiste muy bueno, como persona fuiste aún mejor. Pero ahora el periodista joven e ilusionado al que un día trataste tan bien, el mismo periodista al que recordaste de inmediato, en un lugar tan lejano y tantos años después, sólo te puede preguntar: “Hombre, José Luis, ¿qué haces tú por allí, por el cielo?».

Un abrazo, Julia

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

7 Comments

  1. Me ha gustado mucho el artículo Sr. País, porque esta escrito en un tono de respetuoso cariño y eso ensalza aún más la figura de quien se habla.
    Debería valorarse más la inteligencia emocional, en realidad la inteligencia más productiva.

    • Muchas gracias, pury, uno siempre agradece los halagos, por mucho que digan que debilitan. Mi cariño hacia José Luis Abós es, en todo caso, grande. Sólo un apunte le hago, aunque a usted se lo permito todo: mi apellido es Pais, padres en gallego; el acento siempre me lo ponían en Zaragoza, recuerdo a un profesor que repetía una y otra vez ¡País, País, País! Y yo, naturalmente, no le hacía ni caso, je je. Hasta en mi diploma de licenciatura de la carrera viene el apellido con acento; no mandé cambiarlo, en una prueba más de dejadez.

      Y como siempre, distinguida señora, sin acritud. Le recomiendo que lea usted hoy (24 de octubre) en el Marca la carta póstuma de José Luis Abós: comprenderá, por si no lo ha entendido ya, que no cabe sino quererlo.

  2. Al día siguiente de escribir mi artículo he leído la carta que don José Luis Abós dejó escrita para que se publicara cuando muriera. Me ha impactado mucho, y no hace sino ratificar todo lo que cuento de él. Sólo tipos con una humanidad tan grande como Abós pueden hacer una cosa así. Termina dando gracias a la vida porque le dio todo… 53 años, dos hijos, una «maravillosa» mujer, Eva. Creo que nosotros, los que nos quedamos por un tiempo más aquí, tenemos un deber: aprender de personas así y no olvidar nunca la enseñanza que nos dejan.

  3. Es cierto!!! No me había dado cuenta, imperdonable lo del acento. Disculpas! Mil disculpas. Pero sin ningún lugar a dudas, el halago debilita. Por supuesto: sin acritud.
    P.d Impresionante la carta.

  4. En primer lugar, disculpas por no haber leído el artículo hasta hoy, no volverá a ocurrir.
    Estimado Sr. Pais,

    Mi más sincera enhorabuena, me ha encantado el artículo, seguro que Pepelu, allá donde esté, estará orgulloso de la palabras que le has dedicado. Creo que al final las personas seremos recordadas por nuestros actos… José Luis, acordándose de ti con esa naturalidad innata, se te ganó para siempre, como se ha ganó a tantos otros que le conocieron y trataron.

    Se nos ha ido un grande, nunca lo olvidaremos. Ahora toca llamar al pabellón «José Luís Abós», sería un grave error no hacerlo.

    P.S. Su hermana Beatriz sí fue a Madrid para que quitaran la dichosa tilde a su apellido en el título de Medicina….

    • Querido Nadal del Ebro:

      Muchas gracias por todo. Aunque el pabellón Príncipe Felipe es un emblema de Zaragoza (cuántas horas pasé y cuántas cosas vi yo en ese pabellón: cosas de baloncesto, de tenis, de fútbol sala…), estoy de acuerdo en que sería una gran noticia ese cambio de nombre. Y respecto a mi hermana Beatriz, ella siempre se caracterizó por ser más juiciosa y tener más claridad de ideas y más iniciativa que yo; y hasta es más guapa, lo cual es mucho decir dada mi tan elogiada belleza.

      Fuerte abrazo

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