Blancanieves

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Querida Julia:

Hay una escena en ‘Blancanieves’, de Pablo Berger, en la que podría embotellar la fascinación que me produce la película. Hablando de padre a hija, no es difícil de prever. Sí: es la escena en la que el padre, el torero Antonio Villalta, que ha quedado inválido tras ser cogido por el toro ‘Lucifer’, ve por primera vez a su hija. “Perdóname, mi amor”, le dice a Blancanieves/Carmencita, la hija a la que rechazó nada más nacer ésta, culpándola de la muerte en el parto de su gran amor, Carmen de Triana (Inma Cuesta); la niña, que no sabe lo que es el rencor,  lo perdona y se lanza a sus brazos. En los ojos de un espléndido actor, Daniel Giménez Cacho, se puede ver en esa escena la devoción de un padre por su hija; en esos ojos, al menos, me vi representado; y sentí tu abrazo. Como en otros tantos aspectos, o en tantas y tantas imágenes, ‘Blancanieves’ tiene ahí magia: la magia de lo que es una obra maestra del cine español.

Debo confesar mi culpa: hasta hace unos días no había visto la película.. que es de 2012 y recibió elogiosas críticas y numerosos galardones; pero yo no la había visto. No me preguntes por qué: ni yo mismo lo sé. La película, en todo caso, me ha parecido una maravilla: la grandeza del cine, desde su fascinante blanco y negro hasta el silencio de las palabras, rescatado por la brillante sonoridad de la música compuesta por Alfonso de Vilallonga. Y la clave de todo: la extraordinaria adaptación del cuento de los hermanos Grimm (la película recuerda también de forma intensa a Cenicienta) a una realidad española, a la Sevilla del flamenco y los toros, del matador y la tonadillera.

Con su espectacular música, con excelentes actores, con esa idea genial de filmar en blanco y negro y sin palabras que nos lleva inmediatamente a pensar en la excelente ‘The Artist’ (Pablo Berger lo lamentó en sus explicaciones: su idea fue muy anterior, pero la película francesa, también muda y en blanco y negro, llegó antes), ‘Blancanieves’ emociona desde el inicio; como desde la entrada se puede ver que todo está en su sitio, muy bien puesto: no falta una coma, no sobre un punto: arte a flor de piel, arte español.

Antonio Villalta, el gran torero, se enfrenta en la plaza a seis toros. En la grada lo siguen, nerviosas, su mujer, Carmen de Triana, la famosa artista flamenca, y la madre de ésta, que interpreta de manera espectacular Ángela Molina: el talento, la actriz. La sonrisa nerviosa del torero, sus rezos antes de la actuación, no sirven de mucho: ‘Lucifer’, el sexto toro de la tarde, lo arrolla. Y en el hospital hay dos dramas: Antonio tratando de sobrevivir, Carmen con doble tarea: seguir ella y dar vida a su hija; logra lo segundo, no lo primero.

Antonio, quizás ya en las redes de su enfermera, su posterior mujer a quien interpreta de forma magistral Maribel Verdú, no quiere ni ver al bebé Carmencita. La niña Blancanieves (increíble, tremenda en su papel Sofía Oria) se queda así con su abuela: con ella, y con su gran amigo el gallo Pepe, crece y vive su primera comunión; junto a los dos sufre el enésimo rechazo del padre, a quien sabe en un coche que escapa y que nunca podría alcanzar. La abuela la rescata bajo una mesa, en otra escena para enmarcar: el llanto de la niña por el no del padre se olvida (ah, la bendita inocencia de los niños) con el sentir de la música, con el alegre flamenco: sale la vena artística de Carmencita. La abuela (qué gran muerte) no puede resistir tanto ajetreo y la niña pasa a vivir con su padre y con su madrastra, que la humilla con los peores y más duros trabajos.

La película, como te dije, ofrece para mí lo mejor cuando la niña desobedece a la Verdú (prohibido ir al piso de arriba) y va al encuentro de su sangre, del padre marginado en una silla de ruedas, también humillado por la perversa madrastra que se ha quitado la careta. La escena sin palabras del reencuentro (o descubrimiento) lo dice todo: estremecedora, brutal en su ternura. Cuando la madrastra, ajena a todo, no mira, Antonio le da clases a su hija: Carmencita, la torera. Pero la madrastra Verdú no tarda en descubrir la, nunca mejor dicho, faena. Y su venganza se la sirve (y hace comer de ella a la niña) en plato caliente: pollo ‘en Pepetoria’. Cruel.

Tras escapar de la muerte a la que la condena su madrastra, Carmencita (ya Macarena García) encuentra su otra vida… y la otra excepcional adaptación del cuento en un giro mágico del guión: se une a siete enanos toreros, incluido Gruñón, un enano enamorado de la joven Blancanieves… ¡y hasta un enano travesti! Un espacio para el esperpento de Valle-Inclán.

Como el talento siempre sale por algún lado, un imprevisto le permite a Carmen descubrir su calidad torera. Pero como también, al menos en España, al talento siempre lo están esperando manzanas envenenadas, Carmen muerde en el coso, ya vestida de gran triunfadora, la que le ofrece la madrastra celosa de su fortuna; y todo en la misma plaza en la que su padre (aquí ya muerto) sufrió la cogida que lo dejó inválido.

Quedaba por saber si llegaría el beso salvador, el beso de amor que devolviese a la vida a Blancanieves. La película juega a darle una oportunidad a la esperanza y otra al final triste: ustedes eligen, viene a decir. A esas alturas no importa tanto; lo que queda es el filme genial, la magia del cine en 104 minutos de una historia que conmueve: más de hora y media de cine excelso, de talento puro, de película que pone cada cosa en su sitio sin que falte ni sobre nada. Yo, que soy un poco así, elegí el final triste: a Blancanieves ya la había rescatado para siempre la mirada enamorada de su padre, la que tan bien conozco.

Un beso muy fuerte, Julia.

 

Autor: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

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