Coach K: el hacedor de equipos

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Querida Julia:

Si me pongo muy pesado me lo dices, no tengas problema. Pero, viendo lo que ha sucedido en el reciente Campeonato del Mundo de baloncesto, que se ha jugado en España, he tenido más clara que nunca una noción que considero básica: los deportes de equipo se hicieron para jugar en equipo, no para provocar lucimientos individuales. Te diré que tú como individualidad me pareces muy buena: me pareces simpática, ingeniosa, bonita; pero lo que me deja aún más feliz es verte jugar en el parque o en el colegio con tus amigas, o recibir informaciones de que te integras sin problema alguno en la dinámica del grupo, o ver que eres generosa: para mí que estás en el camino bueno.

Es el mismo camino que, estoy seguro, hace muchos años descubrió un entrenador de baloncesto, estadounidense descendiente de polacos. Su nombre, Michael Krzyewski: sí, mejor decir su apodo: Coach K.

En coherencia con la idea de que el baloncesto es un juego de equipo, debo confesar que nunca he sido un enamorado del que se practica en la NBA, la Liga Profesional de Estados Unidos… que me parece de largo  (y en esto no soy tan original) la mejor competición de baloncesto del mundo. Salvo gloriosas excepciones como los eternos Celtics de Boston o los actuales Spurs de San Antonio, quizás los Lakers del gran Magic Johnson o los Chicago Bulls del dios disfrazado de jugador de baloncesto, Michael Jordan, no he logrado ver (los que de verdad saben de baloncesto piensan muy diferente; yo, siendo honesto, no lo he percibido así) a equipos funcionando perfectamente como tales. Para mí, en resumen, la labor de equipo es, en general en la NBA, buscar el mejor escenario para que se luzca la figura de turno; buscar la superioridad. Claro que esas figuras abundan: en la NBA juegan los mejores talentos del mundo del baloncesto: los más rápidos, los que corren y saltan más, los más fuertes…

 

Por eso valoro aún más la lección de baloncesto que nos ha dado el equipo de Estados Unidos en el reciente Mundial. Y por eso destaco la labor de su extraordinario técnico, Coach K. La verdad es que ya había llovido: desde 1984, cuando los estadounidense ‘fabricaron’ un conjunto tremendo, una máquina de baloncesto dirigida por Bobby Knight, un bloque con un jugador que ni viéndolo nos cupo en la imaginación, un tal Michael Jordan… pues desde entonces no había visto un equipo-equipo tan formidable como éste.

Todo el mérito, todo el crédito, para Coach K. El técnico encontró numerosos obstáculos cuando tuvo que fabricar el equipo: renunciaron los mejores (el increíble LeBron James y el fenómeno Kevin Durant a la cabeza), se lesionó otro pilar (Paul George), alguno más llegó sin rodaje (Derrick Rose). A Coach K le dio igual, él simplemente se dedicó a hacer lo que mejor sabe: lo que lleva haciendo desde 1980 en la universidad de Duke, en un puesto que no ha abandonado pese a las numerosas ofertas de ir a entrenar… a la NBA.

El mayor mérito de Coach K, a mi modo de ver, fue convertir a jóvenes figuras de la NBA en un equipo que funcionó con armonía: un conjunto en el que todos atacaron y defendieron muy bien, un conjunto en el que todos pusieron su elevado talento al servicio del colectivo. Bajo la experta batuta de Coach K, que repartió minutos entre sus doce jugadores desde el primer partido, la máquina se fue engrasando de tal modo que los partidos fueron cada vez más una exhibición de potencia, de velocidad, de calidad, de un ritmo frenético y constante que los rivales estaban muy lejos de poder seguir: las amplias diferencias en el marcador fueron, así, algo lógico.

Con Coach K de guionista impusieron su ley bajo los aros el formidable ‘Mainimal’ Faried o el coloso Anthony Davis o el irascible Cousins; lucieron su ametralladora tiradores como Curry, Irving o Thompson; Hardem confirmó que no destaca, ni mucho menos, sólo por su poblada barba: es todo calidad, la misma que DeMarcus DeRozan mostró con cuentagotas, pero que estaba ahí… como la de Rose, que consiguió lo imposible: a base de fallos demostró que tiene tanto talento para el baloncesto como el mejor.

Y viéndolos jugar, correr, saltar,  defender, atacar… disfrutar en la cancha, reía por dentro el hombre siempre serio por fuera, un hombre de 67 años de baloncesto: Mike Krzyewski, Coach K, el técnico que confirmó que las estrellas brillan más si lo hacen todas a la vez: el hacedor de equipos.

Un beso muy fuerte, Julia

PD: Me resistía a hacerlo, pero no puedo. Pese a que ya sabes que no me gustan las comparaciones, esta vez es inevitable: si Coach K es un magnífico entrenador, Juan Antonio Orenga, el entrenador de la selección española, es un pésimo entrenador; si Mike hace equipos, el tal Orenga los deshace; si Mike repartió minutos con sabiduría, Orenga se pasó en la distribución (Pau Gasol, 29 minutos contra Serbia siendo España ya primera de grupo) o los negó (Abrines, tres minutos en ese partido); si Mike sabe leer perfectamente el baloncesto, Orenga es maestro en perder partidos ajustados…

No diría esto de Orenga si (y en esto tampoco soy original) no lo pensara antes de jugarse el Mundial. Puede discutirse si Orenga estuvo solo, o en compañía de otros, a la hora de llevar al equipo español a la debacle; lo que para mí no tiene discusión es que el tal Juan Antonio, simplemente, es un entrenador muy malo.

 

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

2 Comments

  1. Buenos días Sr, Pais,

    Simplemente quería hacer una sugerencia: me gustaría que se actualizase la foto de Julia con los globos. No sé si opina lo mismo.

    Fuerte abrazo,

    El Nadal del Ebro (derrotado en semis…) snif snif

    • Querido Nadalito del Ebro (el ‘ito’ no es casual: lo veo a usted un tanto disminuido):

      1. La foto de Julia no se cambia ni se cambiará: es una referencia, y cada vez que la veo me inundan los recuerdos… y ya sabe que soy soy ‘mu sensible’.

      2. Respecto a su derrota en semifinales y su ‘snif, snif’, aprovecho su gran nivel cultural para recordarle lo que le dijo la madre de Boabdil a éste tras perder Granada…

      Sin acritud, fuerte abrazo

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