El enigma Iker

| 1 comentario

Querida Julia:

Tienes casi cuatro años. Si miro hacia atrás y busco el peor día en la relación que, como padre y educador, he tenido contigo, no tengo dudas: una jornada de verano que fue feliz la transformé en infeliz, en digna de olvido, con una decisión. Tú tenías casi tres años, estábamos en Portosín y habías reído y jugado toda la tarde con tus primos, los hijos de mis hermanos. Cada vez es más raro que estemos los cuatro hermanos juntos, pero el caso es que ese día coincidimos: allí estaban tus siete primos Pais. Se acercaba la noche y hubo que tomar la decisión: irnos a casa o quedarnos a cenar con ellos; en mala hora, y sin motivos de peso (sí lo era precisamente disfrutar de esa rara ocasión de estar juntos), decidimos lo primero. Y fue en mala hora porque tus primos ya se estaban sentando a la mesa de un restaurante para cenar: cuando pasaste junto a ella y viste la situación, la rabieta que cogiste fue de campeonato: llorando fuiste todo el viaje (con caravana fue más largo) a Bertamiráns, y llorando te dormiste después.

No te culpé entonces, y no te culpo ahora al recordarlo: tú te rebelaste ante una injusticia, ante una decisión de tus padres que no podías comprender: te estaban privando de la felicidad. La sensación que me quedó a mí fue que te había fallado; la sensación que tuve entonces y que tengo ahora es que fui injusto contigo, que te castigué sin motivo ni causa. Y la única nota un tanto positiva que saqué, que saco, es triste: te preparé para un mundo malvado.

He vuelto a pensar en ese día hoy, sábado por la noche. Por la tarde se ha jugado el derbi madrileño: el Atleti ha ganado 1-2 en el Bernabéu. Pero lo más llamativo del choque es que gran parte del estadio, la afición blanca, ha pitado con fuerza al portero de su equipo: a Iker Casillas. Y lo más curioso de todo, siendo muy curioso, no es que la afición del Real Madrid pite a rabiar a uno de sus símbolos. No: lo más curioso ha sido que no había razón alguna para esos pitos, que comenzaron al encajar el Real Madrid el primer gol… que en absoluto fue culpa del portero, como sí decidió, caprichosa, la afición: un córner al primer palo y un rival que remata con cuatro defensas al lado.

La situación, en todo caso, se enmarca en lo que para mí es un caso que el mejor psicólogo dudo que pudiera resolver. Iker Casillas lleva toda su vida en el Real Madrid y, a mi modo de ver las cosas, en ese tiempo ha dejado un reguero de virtudes: en el campo ha sido uno de los mejores porteros que jamás he visto, y desde luego el más ganador: ha sido clave para que su equipo, el Madrid, y su selección, España, ganasen Ligas, Copas, Ligas de Campeones, Eurocopas, ¡un Mundial!… y siempre se le ha visto una conducta intachable con sus rivales y una lealtad absoluta a sus colores.

Así que las razones de tanta persecución hacia él, y desde su propio bando (por parte de tanto rival derrotado sí se comprendería) las desconozco, no las puedo comprender. Será porque es alto y guapo; será porque se casó con una chica también muy guapa y han tenido un hijo que promete ser alto y guapo; será porque ser un triunfador se puede pagar muy caro, será por la ‘maluntocracia’ de la que habló mi amigo Gonzalo… no lo sé. El caso es que ya hace vasi dos años que comenzó la absurda cacería del portero Iker Casillas, la espera del mínimo fallo para atizarle.

La pasada temporada, Iker rindió con nota muy alta con el Real Madrid. Por otra decisión incomprensible, nunca vista, Casillas jugó la Copa y la Liga de Campeones, pero no la Liga española; curiosamente, el equipo blanco ganó las dos competiciones que jugó Iker, que encajó un gol en toda la Copa del Rey y lo hizo todo muy bien en la Liga de Campeones hasta que en la final se tragó un gol que pudo ser fatal: ese fallo (grave) es lo único que se recuerda.

 

La impresión que me queda desde fuera es que ha sido el propio club, el Real Madrid, el que tomó con gusto la semilla que en su día fabricó un malnacido, la tiró a rodar a la nieve y ha dejado durante meses que la bolita haya ido creciendo: ahora es ya una señora bola que parece imposible de sujetar… salvo que surjan de nuevo los guantes salvadores de quien, a sus 33 años, aún está a tiempo de recordar que, posiblemente, es el mejor portero del mundo.

Un beso, Julia. Y perdona por lo de aquella mala tarde.

Autor: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

Un comentario

  1. Precioso artículo Sr. Pais, a veces los hijos nos enseñan, y hay que saber escucharles… pero es mucho peor no darse cuenta, así que enhorabuena por la reflexión.

    En cuanto a Iker, qué decir… creo que después de Churchill, nunca tantos debemos tanto a un portero! pero la masa no sabe ni piensa… y efectivamente la envidia a algunos les corroe…

    Fuerte abrazo,

Deja un comentario

Los campos requeridos estan marcados con *.