La hortografía

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Llevo años inmerso, como otros tantos profesores, limitándome al ámbito educativo, en esta “guerra titánica”. José María, feísima metáfora en la actualidad. Por ello diremos “conflicto”.  Hablo de la hortografía. No sé cómo se podría solucionar este ninguneado problema que es bautizado con total descaro por una parte más o menos significativa del alumnado como “la razón más sencilla de los profesores para suspendernos”. José María, te distancias con ese “se”. Es una pelea que casi está perdida, dicen compañeros derrotistas, que no derrotados. Triste. ¿Verdad? Intelectualmente, me siento casi como un púgil noqueado que va de rincón en rincón en busca del restablecedor bálsamo de Fierabrás que le reconstituya una vez más el ánimo. Muchas veces tengo ganas de echar al aprendiz de río que es el Manzanares las normas y las reglas creadas por la RAE. No sirven de nada hoy en día. Bueno, sí. Para transgredirlas. ¿Flotarían? ¿Se hundirían como las brujas en la Edad Media cuando querían comprobar su falsa o verdadera nigromancia? Hoy, un adolescente, desde una necedad obscenamente exteriorizada en las redes, y con inmensa desfachatez, muestra su ignorancia ante la normativa ortográfica y te monta un baile folclórico en el aula convirtiéndote la corrección de los ejercicios en un pandemónium. Y ya no digamos cuando le comunicas un suspenso por ortografía. Pues no estoy de acuerdo, te espeta con todo descaro. No entiendo por qué en Lengua me tienes que bajar la nota por sólo diez faltas de ortografía. Cada vez los chicos cometen más errores al escribir. Ellos dicen que eso es lo de menos si la idea está bien, que no hay que castigar una nota por tal chorrada, que ya vendrá un corrector automático por detrás que ponga en su sitio las jotas y las bes mal empleadas. La mayoría de ellos no entienden la importancia que tiene un párrafo bien escrito y rechazan el placer de la literatura bien elaborada. No, profe, no. Fíjese en Juan Ramón Jiménez. ¿Qué nos habló usted de su particular uso del grafema equis? Y así no sé cuántas razones más. Yo les digo que no hay que hablar de ortografías particulares cuando se trata de escribir bien, que en este caso las normas no son un corsé dañino que les roba la libertad de expresión. Pues ni loco lo consigo, es cómo pedir el demonio y el cordero. Escribir bien es cosa de viejos. Aora ay ke skribr komo uno kiera. Y quedan como dioses en el Olimpo mientras yo peleo por la rectitud de la forma, no de su contenido. Vamos a reírnos un poco. Esta pequeña reflexión la ilustro con una anécdota de Valle-Inclán que me contó un viejo profesor hace ya unos cuantos años. Don Ramón tenía su tertulia en un café de la calle de Alcalá de Madrid, La Granja El Henar, hoy ya desaparecido, como tantos otros. Los interlocutores le tenían un poco de respeto, ya que el creador de Max Estrella hablaba muy claro, y en más de una ocasión los puso pingando al comentar sus desacertados comentarios. Un amigo que no frecuentaba las tertulias lo saludó una noche. Charlaron brevemente. Aún recuerdan los contertulianos lo que le espetó cuando salió en la conversación el tema de los engaños amorosos. No viene al caso, José María, eso otro día. Al despedirse, le habló así: Te escribiré sin falta, te lo prometo. Valle-Inclán, sin bajar la voz estridente que tenía, le contestó: ¿Sin falta o sin faltas? Y antes de que el amigo, un poquito aturdido ante un sinfín de escrutadoras, le contestara, añadió con gran ironía: Te lo pregunto porque sin faltas no creo que seas capaz de hacerlo. Los contertulios rieron la ocurrencia escandalosamente. Volvamos a la actualidad. Espero, me dijo un día un profesor de Cultura Clásica, que no lleguemos a convertirnos en carontes de la ortografía. Me gustó la metáfora. La adopto. Me explico. Carón es el barquero de Hades. Es el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte si tienen unas monedas ─no consumar faltas de ortografía─ para pagar el viaje. Aquellos que no puedan pagar ─los que cometan faltas de ortografía─ tendrán que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, hasta que Caronte acceda a trasladarlos, después de corregirles los miles de descuidos que hayan cometido a la hora de escribir.

jmmaiz@telefonica.net

Author: José Mª Máiz Togores

Profesor e escritor. O primeiro, de seguro. O segundo, iso creo.

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