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La visita del Papa desde el colegio La Salle

La visita del Papa desde el colegio La Salle

No paro de preguntarme qué extraña razón puede haber para venir con el bocata a cuestas desde algún confín de la península para ver pasar como si del pelotón de la Vuelta ciclista se tratase, a su Santidad Benedicto XVI. Si hasta, como he oído a algún ingenioso personaje, “le deberían haber quitado puntos del carné por exceso de velocidad”. Pues he aquí en la imagen a una pareja que se vino desde Lugo el pasado día 6 a Santiago a disfrutar de la visita. Dicen -no me hagan mucho caso-, que fue un fracaso. Uno, que admira y respeta a Jesús desde la perspectiva del hombre que habla como lo que es, un hombre libre e ideológicamente comprometido, no puede más que sentir absoluta indiferencia ante el descendiente dinástico de San Pedro apóstol, ni tampoco disimular cierta alegría por el “escaso” (aún no hay cifras a esta hora) seguimiento civil que tuvo su presencia en Galicia. Los compostelanos de la ‘city’ abandonaron la capital, y los viajeros de los apenas 400 autobuses que vinieron a estas tierras, de los 2.000 que se esperaban, estuvieron lo justo como para no gastar un duro.

 

Así, sin querer evitarlo, se fueron los millones que le costó al pueblo gallego esta bendita visita. Que sí, que es un beneficio como imagen para el Camino, pero opina este humilde servidor que podrían haberse ahorrado los cuartos planteando otras opciones rituales. Pensemos que en Cataluña se reunió a los fieles en una plaza de toros, ahora que ya no va a haber animalitos con cornamenta por allí. Había sitio para dar y tomar y sin necesidad de palcos a lo “gala de los Goya”. Es un ejemplo. Se podría tomar nota. Piensen que hace sólo unos meses los compostelanos se vieron sometidos a la visita de 12 mil fieles católicos que cantaron, bailaron y “demás” a lo largo de varios días e unas jornadas llamadas “Peregrinación y Encuentro de jóvenes (PEJ 2010)”. Volvieron locos a más de un vecino. La cosa quedó resultona en pleno estadio de San Lázaro. Quizás de aquello se derivó esto (lo de la huida de los “nativos”). Tanta adoración, tanto cántico pro-papa, termina por ahuyentar al personal.

¿Y qué nos queda de todo esto? Pues que tenemos una Real Filharmonía que se merece un monumento, una estatua para colocar en la rotonda principal de la Capital, a ellos sí que hay que dejarles espacio público para que se les homenajee. ¡Qué maravillosa actuación en la catedral! Sin palabras. Mis felicitaciones.

En la imagen, dos fieles contemplan en la pantalla instalada en La Salle con motivo de la llegada de su Santidad a Compostela.

 

Foto: J.E.
Fecha:
20101106

 

Author: Marcos Basmati

Estando sentado a la derecha del padre tomó el ratón y dijo: "¡Tomad y tened todos un blog...!"

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