Crónicas de Rayne

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Para Manuel Gutiérrez, faro-guía
y a mi madre in memoriam

Dentro de aquel navío de precisión, había amplias estancias. Era una hermosa réplica del modelo original Skyfarer, que tanto podía surcar los mares como los cielos. La puerta del fondo llevaba a la biblioteca del barco donde se encontraba el comandante Salman, que ponía su atención en un manuscrito con el título reescrito Código de Hamura -Crónicas de Rayne. Esto despertó la curiosidad del comandante.

Nova Alexandria, 20 de junio de 1837 – Archivo de la Biblioteca

¿Hay en esta tierra un lugar más hermoso que aquel que alberga el conocimiento y la historia de la humanidad? – al menos eso pensaba Rayne mientras clasificaba las entregas que los barcos que provenían de otras tierras debían aportar cada vez que llegaban al puerto. Como si de un hilo rojo tejido por el tiempo se tratase – al igual que Salman – encontró una serie de libros con un emblema que llamó su atención. Estaban escritos en una lengua mística. Sin embargo, recordaba haber visto en algún lugar aquella efigie en el antiguo mercado de Kalaf, así que decidió calcar el dibujo y pensó en seguir investigando aquellas misteriosas entregas. Por aquel entonces no era consciente de que un merodeador etergénico vigilaba sus pasos. Era un administrador que tenía como misión supervisar la entrada y salida de la información. Rayne era una mujer muy singular, librepensadora y rebelde como su esposo. Mientras ella era una activista del saber, él tenía una compañía de pequeños barcos mercantes y construía uno muy especial empleando las últimas tecnologías del momento, desarrolladas en su arsenal, con el fin de entregárselo a su pequeña hija. Sabía que estaba siendo vigilado por su gran influencia entre el gremio de los comerciantes y con el tiempo, sus enemigos planearon e hicieron efectivo su asesinato, lo que provocó que Rayne y su hija tuvieran que aprender a vivir solas. Su único apoyo era Kiran, el mejor amigo del clan y gran navegante.

Salman, mientras se iba adentrando en la historia, no dejaba de pensar que aquel relato le era muy próximo y hubo un momento en el que todo dio un giro.

Así lo relataba Rayne en su crónica:

(…) fue entre aquellos edificios del mercado que se triangulaba y adivinaba aquella forma escondida con la ayuda de un artilugio instalado en sus gafas, un decodificador denominado taledoxon. Sí, no había duda, era el emblema de la logia de Kemet, de la que algunos filósofos hablaban, temerosos de que cumplieran su amenaza: Una conspiración para quemar la biblioteca.  Los antiguos ya lo habían hecho en otro tiempo y en otra tierra, pero la historia siempre se repite. Conseguí acudir a una reunión del maestro de la gran logia haciéndome pasar por uno de ellos. Allí se hablaba de detener el Reloj Perpetuo. Según cuenta la leyenda si se detiene se invocaría a las Furias. Aunque de todos modos, la biblioteca debería arder para debilitar el progreso. Eran conscientes de que el próximo siglo traería la tecnología y un nuevo orden en el que sólo ellos tendrían acceso a su lenguaje, pero se trataría de un lenguaje que permitiría no sólo hablar con las máquinas sino canalizar la fuerza de ataque sónico. Apareció una artificiera visionaria vestida con una armadura de extensión radial que la convertía en un poderoso gigante capaz de destruir lo que encontraba a su paso. Una máquina para la muerte, un coloso invencible. En aquellas reuniones clandestinas, se hacían demostraciones de ciertos inventos que eran testados con humanos, para poner a prueba la fuerza de los hombres-máquina. Desde aquel entonces, no dejé de hacer anotaciones en este diario manuscrito con la esperanza de que la  información llegara mediante alguno de los legajos a puerto seguro o esconderlo en alguna de las cámaras de algún barco de la compañía.

Se acerca la rebelión y no hay forma de detenerla. Puse todas las naves de la compañía al servicio de la biblioteca para que se llevasen lo más valioso. Tuvimos que saquearla por la noche, cuando la ciudad se hizo silencio. Se me erizaba la piel al pensar que los aliados de Kemet me buscaban para darme captura y destruirme, porque había descubierto su plan. En esos momentos sólo podía pensar en Kiran al que le he encomendado el cuidado de mi hija llevándola consigo en el barco Naumon. Podría dejarlo todo atrás, pero sigo los ideales a los que soy fiel, aunque para ello deba arder el mar.

Cambiar la pluma por la espada, con la ayuda de algunos artefactos llevados por aeronautas desarrollados en el arsenal, Esos necios sólo creían en la fuerza de la violencia, no conocían bien el poder de la astucia y la ciencia, agrupando lentes y superficies brillantes al sol. Deslumbramos a los atacantes que golpeaban a ciegas y obtuvimos una gran ventaja estratégica. La guerra no es tan gloriosa y bella como las describen las gestas y leyendas de nuestros libros, es triste y cruenta y todos mueren gritando y no con un semblante noble y estoico.

El sacrificio de Rayne, restó fuerza pero no poder a Kemet, ya que a partir de entonces hicieron valer un gran dominio social y político que se fue expandiendo de generación en generación a través de The Globe, una compañía que aspiraba a crear artefactos de alta precisión técnica, neonaves, que les otorgaban el monopolio y las patentes para desarrollar estos ingenios. Salman salió de la biblioteca tan conmovido como perdido llevando consigo el testimonio vivo de una historia que nunca antes había oído.

-¿Hamura? – Se preguntaba Salman – ¿Un error tipográfico o una coincidencia?

Cuando llegó al puente de mando vio a Amura, la capitana, de espaldas. La miró con una misteriosa sonrisa y antes de decir una sola palabra comprendió de qué forma aquella mujer y aquel barco iban a cambiar el rumbo de su historia.

Autor: Arantxa Serantes

Humanista digital y Doctora por la USC

2 comentarios

  1. Me encanta como escribes, la verdad me estas alegrando la cuarentena, mucha gracias por dar tratamiento a mi locura, eres un tratamiento revolucionario contra esto de estar en casa

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