Backdoor (no mires atrás) #crimenperfecto

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Zonas grises. Sobre mí, la lluvia ácida de aquel cadáver cibernético. La identidad ya no era sólo un cuerpo inerte. Vivimos en una vida líquida, entre lo real y lo referencial, en la que no importa cómo eres sino quién dices ser. Mi nickname en la red es @kria. Así me conocen los #sinnombre. En mi mundo, sin acceso a tu ID estás literalmente muerto. No puedes volver al sistema, no existes dentro de NODE.  Vives en un entorno digital integrado, más allá de la domótica o de internet tal y como se conoció hasta entonces. La vida auténtica había quedado atrás en favor de una existencia conectada al núcleo y a un gobierno abierto en el que se conocía hasta el origen de tus emociones.

Él nunca supo que pertenecía a los #sinnombre ni que era hacktivista. Cuando nos conocimos desde la app Symbio del NODE fue como ir del cielo… al suelo. Aquel acoso y derribo  me hizo valerme de todos mis conocimientos para deshacerme de un malware que había entoxicado la relación. Acostumbrado a que siguiera su juego de poder, ya que era alguien importante, desconocía cuál era su mayor vulnerabilidad. La memoria es frágil y si sabía esperar podría vengarme de aquel hombre sin dejar huellas digitales, que el sistema pudiese rastrear. NODE registraba y analizaba sentimientos. Era una plataforma inteligente y habría de sortear importantes barreras, como la del karma (nivel de popularidad). Sus discursos políticos habían tenido bastante repercursión y habían sido grabados en vídeo.  Tener acceso a los archivos con su ID no sería difícil, así que no lo dudé. Bajar su karma fue el primer paso para deteriorar la imagen. Pude crear vídeos usando inteligencia artificial para que su impopularidad creciese y perdiese adeptos. A medida que iba menguando en ránkings, sentía cómo su mirada cargaba contra mí, pero no podía probarlo. Yo sólo era la “mujer de”. Necesitaba protegerme de su violencia con aquella muerte lenta.

La ayuda de otros #sinnombre no se hizo esperar. Provocamos la eliminación de noticias y eventos para menguar la repercusión de su actividad social y de una forma drástica, el metabuscador iba encontrando menos resultados. Ninguno de los que trabajaban para él encontraban explicación a aquel fenómeno a pesar de los protocolos de cyberseguridad. Toda su energía la fue volcando en su narcisismo, lo que me facilitaba la labor. Mientras tanto, me movía como un ratón en el laberinto para encontrar nuevas brechas de seguridad. La ID era lo equivalente a ser usuario único. Si el sistema no te reconocía en tres ocasiones, se entendía como una usurpación de identidad y los servicios de seguridad depuraban responsabilidades sobre el usuario. Automáticamente, acababas en el limbo. Un limbo en el que no podías comprar ni vender, tampoco comunicarte, ya que no podías identificarte. Provoqué dos fallos en el sistema y para no ser descubierta, mi tercer movimiento debía ser más cuidadoso. Mediante la distorsión de voz y desvinculación de sus constantes vitales, procedentes de sus gadgets, este sería su final.

Los #sinnombre ya no creemos en una justicia que se olvidó de nosotros porque no había pruebas o cicatrices. Esperaba hasta que moríamos, hoy igual que ayer, porque era difícil hallarlas. Por eso creamos una red computacional colectiva capaz de ver a quien ya nos mira. Mañana comezaba mi nueva vida y él se marchará por la puerta de atrás del sistema. Es un archivo corrupto que se alimentaba con mis fuerzas. En mi cabeza ahora resuena un no mires atrás, no mires atrás…porque es así como debe terminar el juego. Acabar con su vida y convertirlo en un simple cadáver sangriento, sería caer muy bajo. Hay unas tumbas mucho más profundas en las oscuras cavernas de nuestros sentidos.

Certamen #crimenperfecto para Tierra Trivium

Autor: Arantxa Serantes

Humanista digital y Doctora por la USC

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