¿Son las publicaciones un altavoz de la cultura actual?

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Siempre fui avida lectora de revistas divulgativas, periódicos o magazines. De un tiempo a esta parte, he pensado que la verdadera cultura ya no está en las publicaciones que están al alcance de la mano, en cualquier kiosco o biblioteca. Lamentablemente, se desperdicia esta oportunidad. Hace poco, tuve entre mis manos un suplemento de tendencias y había demasiada publicidad, además de tener unas fotografías exageradamente grandes con muy poco texto a su alrededor. Debían creer en la máxima de que “una imagen vale más que mil palabras”.

El caso es que esa revista tenía la traducción en inglés en la misma página, tal vez para que los turistas pudieran interesarse en ella. El caso es que en ningún momento parecía una revista editada en España (aunque así era). Ni un sólo vestigio de noticias o eventos que fuesen del lugar, ni una sola firma autóctona en los artículos. Me pareció similar a las que podemos leer cuando volamos en avión, que son un intento fallido de entretenimiento mientras va pasando el tiempo.

Lo mismo ocurre a veces con algunos suplementos culturales, no muestran las tendencias tal y como surgen en la vida real. Internet ya está por encima de ellas, porque en dichos artículos ni siquiera se hace referencia a redes sociales o a webs, no tienen edición digital o si la tienen está tan desactualizada que no merece la pena entrar. En otros casos, se ha puesto tanto énfasis en la app que el papel le resta la originalidad o el posible interés que tenía.

Los magazines independientes son el único salvavidas que tiene la cultura. Lo que pasa es que a estos últimos les falta la publicidad. Como podéis comprobar, unas van por defecto y otras por exceso. ¿Es esta la cultura a la que aspiramos? ¿Es lo que esperamos ver o el social media es una oportunidad para el cambio? Según Mary Elizabeth Williams como consumidores de cultura, no tenemos una voz propia a la hora de elegir los contenidos que deseamos ver. Ni en el cine, ni en revistas ni en cadenas de TV. Se dan informaciones sesgadas y deciden por nosotros, por lo que se trata de un modelo prefabricado, altavoz de ideologías diversas o de fines lucrativos con clara vocación empresarial.

Cualquier intento de proteger la cultura, parece vano, porque no incide en lo verdaderamente importante. No es cuestión de descargas o de derechos de autor, sino de lo que realmente queremos preservar y cuidar. No se trata  sólo del futuro de los grandes autores/marcas o de las multinacionales, que podrían ser los más perjudicados. Los pequeños grandes detalles también importan. Hay publicaciones en internet verdaderamente valiosas que tardan demasiado en consolidarse o en llegar en formato papel al potencial lector. Faltan incentivos para estas industrias culturales, medios para proteger las obras digitales que si no llega a ser por las licencias de software libro, IBSNs y similares, el autor no podría compartir su obra con mayor libertad de maniobra.

Los buscadores y agregadores son los que más hacen visibles estos proyectos y buenas ideas. Creo que eso todos los editores lo saben. ¿Por qué no se llega nunca al fondo del problema?: La tasa Google, la piratería, la acotación de la copia privada, la acotación del derecho de cita, etc son preguntas sin respuesta. Dilemas en los que todo el mundo, al final, acaba perdiendo. Una pugna homérica entre el derecho a la información vs. derechos de autor. El problema es que cada vez es menor el contenido original de un escrito. Se cita cada vez más, porque en eso se basa la opinión, en contrastar medios diferentes a través de un mismo canal que lo aglutina todo.  Espero que la sentencia “rectificar es de sabios”, también se aplique de vez en cuando.

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