El teísmo: Oriente mira a Occidente

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El universo y todo lo viviente cabe en una simple taza de té o eso parece decir Okakura Kazuzo en uno de sus libros, que para mí ha sido todo un descubrimiento. A medio camino entre filosofía oriental y síndrome de Sthendal, el teísmo es un modo de vida, no exento de espíritu crítico. En El libro del té, se pone la mirada en Occidente y se capta el espíritu huidizo y superficial de nuestra civilización, que sólo es capaz de combatir el tedio con un afán de novedades y cuando estas se acaban, el dominio se convierte en el único medio para civilizar y conquistar aquello que difiere de lo conocido o de la vana costumbre.

Los efectos de la mutua incomprensión residen en el antropocentrismo que se afana en enseñar y no en aprender, una fe que en otro tiempo era símbolo de unos valores reducidos a una mera recitación o dogma que carece de vivencia en la mayoría de las ocasiones cuando para Oriente rige todos los órdenes de la vida.  Okakura critica que a lo largo del tiempo, se ha faltado a la verdad, a la hora de interpretar o transcribir el espíritu de los textos  y la forma de ser orientales, una especie de “venganza silenciosa de lo nuevo” provocaba en occidente una especie de violencia que se extiende, de un tiempo para siempre, del entorno más cotidiano a los más deleznables conflictos bélicos. Se toma  por la fuerza aquello que no se comprende del todo.

Lo que resulta más increíble es que el género humano sea capaz de lograr grandes hazañas y a la vez cometer tantos errores. No entiendo como podemos alcanzar ambos extremos. Para el teísta, todo proceso comienza a través de las pequeñas cosas. Según Kazuzo: “la independencia de América comenzó con la destrucción de unas cajas de té en el puerto de Boston” quizás porque “el té no tiene la arrogancia del vino, el individualismo consciente del café ni la inocencia sonriente del cacao”.

El té, como símbolo unificador de un pueblo, crea su propia cosmogonía, se convierte en un rito, en un medio de socialización o en una medicina para la razón ilustrada incapaz de trascenderse. La gran crítica que hace este libro a occidente es que somos hombres y mujeres de acción y no de contemplación.  Aprender a ver los efectos de la acción humana nos haría ver que pocos personajes históricos están verdaderamente cubiertos de gloria.   Todo lo alcanzaron con sangre y fuego por eso, el mundo es tan pequeño, circular y acuático como el borde de esa misma taza de té de la que hablaba al comienzo.

Animaros a leer el libro que podéis descargar desde el link y a ver el vídeo que hay tras la taza de té…

Autor: Arantxa Serantes

Humanista digital y Doctora por la USC

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