La memoria de los árboles

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Estos días llevo intercambiando mails con el artista y ceramista Francisco Pérez Porto. Es un hombre con un gran historial al servicio de la creatividad y de los sueños. En uno de sus mensajes, me hizo llegar algunas fotografías de sus recientes exposiciones. Pasen y vean.

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Como se puede comprobar, aquí hay numerosos vestigios de leyendas artúricas y mitos célticos, unas veces plasmados de forma simbólica y otras de forma explícita. Las imágenes de esta presentación son un reflejo del bosque de Merlín, de las luces y las sombras hechas color, pero en algunas de estas fotos se aprecia la fase anterior, la de la obra inconclusa que pugna por salir y que todavía está en ciernes.  Los que conocemos al artista, sabemos que el paisaje gallego le emociona y que su expresión escultórica es un emotivo canto a la tierra.

En El Progreso, en un artículo de la autoría de Santiago Jaureguizar: “Pérez Porto confesa que se echó por el camino de la cerámica porque quería ser “pintor y escultor”, y fue la cerámica la que lo llevó “al arroyo” al permitirle hacer “las dos cosas”. Creo que esta afirmación explica el porqué de su vocación como ceramista. Si los árboles tuvieran memoria, seguro que lo recordarían, porque él los ha esculpido y pintado de todas las formas imaginables, para crear en su imaginación un bosque animado, como el que narraba Fernández Flórez, que quizás reclame su espacio en otros mundos.

Autor: Arantxa Serantes

Humanista digital y Doctora por la USC

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