7 abril, 2013
por Miguel Giráldez
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Noemí Sabugal: tiempo de silencio

La escritora leonesa publica ‘Al acecho’ en Algaida, una historia trágica en medio de las oscuridades de 1936

Una entrevista de José Miguel Giráldez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la penumbra cálida del Hotel Virxe da Cerca, en Compostela, me encuentro con Noemí Sabugal. Mientras, fuera, cae la lluvia pertinaz. Se diría que hace mil días que llueve: sin pausa, sin prisa, con dedicación. Llueve a Dios, que dicen aquí, con ese rigor y ese estilo que hacía muchos inviernos que no veíamos. En la penumbra cálida de este hotel, Noemí Sabugal se refugia del invierno como quien entra en el vientre de un submarino. Esta periodista leonesa (ahora en Diario de León) acaba de publicar Al Acecho, una historia oscura que roza los párpados de la tragedia de 1936. Es en ese instante en el que se desarrolla la trama, negra por más señas, en torno a unas niñas desaparecidas y muertas por una mano asesina. Sus cadáveres, rigurosamente colocados, las manos juntas, la ropa arreglada, no hacen más que intensificar la desazón. Pero esa historia, en realidad, está abrazada por los últimos días de paz en Madrid. El Frente Popular ha ganado las elecciones y hay un perfume de tragedia invadiendo el ambiente. Se percibe la trémula mano de la incertidumbre. Noemí Sabugal ahonda en aquellos días frágiles que la memoria, o los periódicos de la época, conservan con nitidez. Días en los que las amenazas del desastre se mezclaban con anuncios comerciales que prometían pechos más erguidos y duros a las mujeres jóvenes. La belleza se daba la mano con la pobreza y el miedo. La esperanza brotaba entre los pliegues de la oscuridad, pero más tiniebla sería arrojada sobre los más débiles.

Llueve ahí fuera de forma inmisericorde. Un café ante Noemí, que me recuerda días de mi propia infancia leonesa. Y los periódicos. Hablamos de amigos comunes, aunque conocidos en edades distintas. Hablamos, por ejemplo, del gran Alfonso García, alma máter del suplemento cultural Filandón, uno de los grandes periodistas y divulgadores culturales que conozco. Aunque Alfonso es, sobre todo, un hombre en el buen sentido de la palabra bueno. Hablamos de algunas cosas. Noemí Sabugal (Santa Lucía, León, 1979) está envuelta en la penumbra, sonríe con cierta timidez, sin excesos, cuanta lo agradecida que está, lo bien que le ha ido. Finalista del Fernando Quiñones por El asesinato de Sócrates. Premio Cossío de Periodismo en Castilla y León. Y ahora, el Felipe Trigo por esta novela que acaba de ver la luz, y que publica Algaida. En la portada dos niñas desharrapadas (“que podrían ser mis abuelas ahora”) contemplan quizás un bombardeo de fuego sobre la ciudad de Madrid. Le digo que es un libro de colores rojos y negros, de oscuridades, de putrefacciones, de suciedades. Un libro en el que se adivina el aliento fétido de la guerra. Un libro que describe las entrañas humeantes de una ciudad en la que se cuece la gran orgía de la muerte. Le pregunto cómo ella, tan joven, ha podido entrar con tanta verdad en esas humeantes entrañas. “Si hablamos con la gente mayor, y quién no tiene gente mayor, rápidamente entiendes cómo era aquel momento terrible”, explica Noemí Sabugal. “A mí me ha llegado, sobre todo por parte de mi familia asturiana, que en la cuenca minera sufrió una represión importante. Hay que darse cuenta de que mucha gente que ahora tiene una edad avanzada sólo eran niños entonces. No se percataron de lo que supuso la guerra. El final de los progresos, del avance incipiente de la mujer, de tantas cosas. Hoy lo sabemos bien. En realidad, existía en las familias un cierto pacto de silencio, aquellas cosas de las que era mejor no hablar. Cosas que dolían”, cuenta. “Y luego, sí, está la documentación. No me interesaba tanto por la documentación de los hechos como de los ambientes, de la atmósfera. Quería ver cómo se vivía exactamente en cualquiera de aquellos días, y los archivo digitalizados de los periódicos del año 36, que se pueden consultar en la Biblioteca Nacional, te devuelven justo eso: lo que pasaba cada día. Fue para mí una fuente de información muy interesante”, reconoce. “El Heraldo de Madrid, la Época… una revista femenina como La Estampa… o el ABC, que tiene su propio archivo digital: eran algunas de la publicaciones del momento, algunas de las que he consultado. En realidad me interesaban cosas que pueden parecer nimias. Lo que ponían en el cine, lo que costaba, si era refrigerado o no (pues el precio variaba). Me interesaba si el Madrid había jugado, qué reacciones aparecían en los periódicos. Y sobre todo los anuncios. Algunos de esos anuncios se reproducen en las páginas de la novela. Son curiosos, estrafalarios a veces. Con todo lo que se venía encima,  allí estaban, los anuncios de la vida más asombrosamente cotidiana. La vida. Allí estaban la cremas para mujeres, un aparato que, por lo visto, servía para endurecer lo pechos… y ahora nos llama la atención la teletienda…. (ríe). También había bastante publicidad para aumentar el tamaño del pecho, mediante píldoras, etc. Es curioso y tiene una lectura profunda: pensemos que, con la guerra y la dictadura, todo esto cambió radicalmente. La mujer, prácticamente, dejó de tener pechos: ropa hasta el cuello y de la rodilla para abajo. Ya nada de eso tendría sentido. Y así comprendes cómo la apertura de aquel momento, a sólo unos pasos de la guerra, fue realmente importante”, subraya Sabugal. Leer más →

17 marzo, 2013
por Miguel Giráldez
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El 18 de marzo, a las 20.00 en A Coruña, con Oscar Pazos

Mañana lunes, 18 de marzo, os espero a las 20.00 en la Libreria Arenas, del Cantón Pequeño de A Coruña, para la presentación de un magnífico ensayo: Madrid es una isla, de Oscar Pazos, que acaba de publicar Los libros del lince. Allí estaremos, junto al editor, Enrique Murillo, y el propio autor. Será un buen momento para debatir sobre las relaciones entre el estado central y las periferias.

17 febrero, 2013
por Miguel Giráldez
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En A Coruña, con Enrique Vila-Matas

ENTREVISTA / ENRIQUE VILA-MATAS

“Yo no tengo las obsesiones que tienen mis personajes”

Una entrevista de José Miguel Giráldez

En el hotel Zenit de A Coruña cae la sobremesa del invierno, con su recado de lluvias. El Atlántico está literalmente ahí al lado, golpeando con fuerza el paseo marítimo, levantando cortinas de espuma. En el hotel Zenit, a esta hora, se respira una tranquilidad de luces bajas, conversaciones agazapadas en las esquinas. Nadie diría que el invierno brama fuera como un animal en celo, que el viento entra por las calles como entran los caballos en la recta final del hipódromo. Espero a que aparezca Enrique Vila-Matas. Javier Pintor se ha encargado personalmente de decirle que aquí estaremos, en el hotel, esperando su llegada. Pintor organiza unas jornadas de autor, y en la tarde en la que esta entrevista va a tener lugar, Vila-Matas es el invitado. Una suerte para el público, pues Vila-Matas es uno de esos autores literariamente escurridizos, casi inaprehensibles, cuya literatura debes atrapar como se atrapa un conejo en el jardín. Reduciéndolo poco a poco contra los setos. Y aún así, es probable que termine escapándose.

La primera vez que hablé con Enrique Vila-Matas fue por mediación de la gran Nahir Gutiérrez, de la editorial [Seix-Barral]. Creí que no sería fácil, pues consideraba que, si su literatura me había fascinado por su dificultad, tratar con él no sería mucho más sencillo. No sólo lo fue, sino que a partir de aquel primer contacto mantuvimos un cierta correspondencia electrónica (Vila-Matas no será un geek, pero tiene un cierto apego por la comunicación virtual, por llamarla
de alguna manera; y está en la pomada digital, como su página web demuestra). Lo cierto es que yo, que he sido vilamatiano hasta las cachas, me hice un buen amigo virtual de Vila-Matas, es decir, un amigo invisible. Con él tengo en común el amor por Joyce y las cosas joyceanas. Quizás decir amor sea mucho decir. Dublinesca me había encantado, y más cuando me enteré de sus andanzas joyceanas cerca de Dublin, y de todo lo demás. Cuando terminé Aire de Dylan le solicité otra entrevista, pero estaba cansado y volcado en la promoción de su obra en otros países (es, sin duda, uno de nuestros grandes autores internacionales). “Como amigos que somos ya, le pido a usted que me dispense”, me dejó dicho en un mensaje electrónico. Sin embargo, no dudó en prestarse a una larga charla en esta visita a A Coruña. No siempre puedes tener a Vila-Matas frente a ti, durante exactamente una hora, para hablar de absolutamente todo su universo literario. Así que me siento afortunado. Y hubiéramos seguido, de no ser que llegaba la hora de su intervención ante el público, de la mano de Pintor y Seoane. Vila-Matas llegó y, aunque no me había visto en persona antes, se dirigió hacia donde yo estaba, en la penumbra, bajo la luz casi mortecina de una lámpara. “Giráldez, supongo”, dijo, o me pareció oír que dijo. Y tal vez porque consideraba que los joyceanos nos debemos gratitud mutua, o incluso fidelidad, no dudó en sentarse y en hablar durante una hora larga.

No soy un especialista en su obra, pero si un profundo admirador. Y como sus novelas están pobladas de puertas minúsculas por las que se escapan sus personajes hacia otras novelas, como todas sus obras están relacionadas, unas con otras, de misteriosa manera, como si todo respondiera a un universo único, a un escenario único, no resultó fácil hacerse con el gobernalle del navío, pues Vila-Matas, lo mismo que no es un escritor fácil, tampoco es un entrevistado sencillo, y tienes que poner suma atención en sus claves, en sus senderos, que se bifurcan, y en todos esos viajes al interior de la noche de sus personajes.

Vila-Matas mira directamente al interlocutor cuando habla, pero con cierta timidez y contención, aunque vaya a decir algo realmente provocador (a veces lo hace). También baja la cara, como buscando introspección, y luego goza con la sorpresa, con la extrañeza de las cosas. Como en su propia obra, en numerosas ocasiones se refiere a la técnica, al oficio de escribir, pero en otras fabula con sus propios personajes, que sin duda tienen una parte de sí mismo. Acaba de reeditarse (ahora en Seix Barral) El mal de Montano, una novela de 2002. Y esta es ya una noticia más que suficiente para hablar con Enrique Vila-Matas. ¡El mal de Montano! Un espectacular viaje a sus atormentados personajes metaliterarios. ¡El mal de Montano! Le digo que tiene fama de escribir desde el ensayo, desde la opinión. También cuando escribe novelas. Y confiesa que sí, que el ensayo es algo que siempre le ha interesado mucho. “Hay novelas mías en las que el ensayo es importante. Aire de Dylan, en cambio, es más narrativa. Pero si nos referimos a El mal de Montano y a Pasavento, que van seguidas, es verdad que se puede hablar de que están construidas como una mezcla de autobiografía falsa, ensayo, libro de viajes y narración inventada. Entonces, cuando hace diez años aparecía El mal de Montano, es cierto que no se trataba de una obra al uso, aunque tenía sus antecedentes, desde Magris a Sebald, pasando por Sergio Pitol, autores todos ellos que fusionaron narración y en ensayo en muchas ocasiones”, explica Vila-Matas. “No es un género, es una mezcla de cosas. Es más bien un estilo”, dice.

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22 enero, 2013
por Miguel Giráldez
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En el adiós a Gonzalo Canedo

Ahora creo que conocí a Gonzalo Canedo demasiado tarde, atravesados ya sus cincuenta. Pero, en realidad, él sólo estaba empezando. Tras un largo viaje profesional por el mundo de los libros, con sus alegrías y sus desengaños, había decidido fundar su propia editorial. Desde cero y a los cincuenta años. Yo apenas sabía de la existencia de Gonzalo, porque, aunque no había roto los lazos con su Galicia natal, con su pequeña Cerceda natal, él era uno de esos gallegos que a lo largo de generaciones triunfaron en el mundo de las letras o de la comunicación en Cataluña (hay unos cuantos). Barcelona era su escenario.

Pero un día llegaron dos de sus primeros libros a mi mesa. Dos de los primeros volúmenes nacidos al calor de Libros del silencio. Me di cuenta de que allí latía el trabajo de un verdadero amante de ese oficio, de uno de esos editores que viven el nacimiento de un libro con el nerviosismo de un padre o como un adolescente vive el primer amor. Esas cosas se notan. Supe entonces que Gonzalo Canedo había logrado al fin lo que siempre había querido. Tras una larga travesía por todas las junglas y todos los desiertos de la edición, allí estaba él, con su pequeña pero excelente editorial, con aquellos libros cuidadísimos, libros, algunos, no exentos de un libérrimo salvajismo literario, temblorosos quizás como cachorros de tigre bajo la lluvia, pero dispuestos a enfrentarse con dignidad y elegancia a una vida en solitario. Tuvo Gonzalo al fin su habitación propia. Aquella de techos milagrosamente altos en un entresuelo de Provença, calle fundacional de lo literario barcelonés. Leer más →

23 diciembre, 2012
por Miguel Giráldez
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‘Democracia’, libro del año 2012 para ‘Tres libras de libros’

Entrevista con Pablo Gutiérrez / autor de ‘Democracia’ (Seix Barral)

‘Mi novela es una comedia, pero no quería que nos dejara los pies fríos’

‘Creo que este mundo hostil no tiene remedio’
Una entrevista de Miguel Giráldez

Hablas con Pablo Gutiérrez (Hueva, 1978) y tienes la sensación de que ve la literatura como algo que acompaña su verdadera vida, no como una profesión principal. Tienes la sensación de que ve el universo de los escritores, ese universo a veces tan difícil, como un lugar distante. Un lugar al que no pertenece. Un lugar por el que sólo pasa, de vez en cuando. No es un perfecto desconocido (en 2010 ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa, por ejemplo), pero no parece importarle demasiado si su nombre es reconocido o no, si va a lograr un lugar bajo el sol de la literatura o no. Y, sin embargo, la crítica habla maravillas de Pablo Gutiérrez. Su última novela, Democracia, publicada por Seix Barral, ha tenido en poco tiempo una recepción extraordinaria. No es para menos, porque nos encontramos ante una mirada demoledora, divertida, cáustica, inteligente, al origen de la crisis económica y sus consecuencias. Y todo arranca, claro, con la caída de Lehman Brothers.

Pablo Gutiérrez, que ya en su día había sido elegido por al revista inglesa Granta, en su edición en español, como uno de los mejores narradores jóvenes de nuestro país, confirma ahora esas expectativas. Plenamente. Democracia es radical, es radicalmente buena. Es novedosa, innovadora, diferente. Es irónica, es aplastante. Es brutal. Y es muy divertida. Lo que agradecemos a Gutiérrez es su elegancia, su calidad literaria, y, al tiempo, su delicada capacidad para hacer añicos todos los decorados que nos presentan, todas las falsificaciones de la historia, todas las verdades interesadas. No hay nada que hacer, porque la prosa de Gutiérrez es muy poderosa. Creo que es imbatible.

Pablo Gutiérrez todavía está sorprendido por toda esa ola de reconocimientos que, sin embargo, no parece que vayan a cambiarle. “La crítica ha sido muy benevolente conmigo, y no deja de sorprenderme”, dice. Quizás lo que sucede es que mis textos son muy diferentes a los del canon, a lo que se espera. Y eso ha llamado la atención de la crítica y es posible que a los lectores les haya ocurrido algo parecido. Nada es crucial (2010) se extendió rápidamente. Creo que unos lectores se lo transmitían a otros, y eso es muy importante”. Le digo que a pesar de vanguardismos notables, como los de Vila-Matas, como los suyos, hay cierto adocenamiento en la literatura, y una cierta falta de riesgo. Y le digo también que él supone para mí, como para otros, una mirada nueva. Gutiérrez es el creador de una forma de escribir
inesperada y reparadora. “No leo muchas novedades, ni tengo mucho juicio sobre lo que se escribe”, reconoce, no sin prudencia. “Lo que sí creo es que se ha ido prescindiendo del idioma, se ha simplificado, buscando quizás, con la llaneza
de estilo más lectores, y yo creo que el efecto que se produce es el contrario”, apunta. “Creo que se debe a la influencia de escritores como Foster Wallace, y otros autores de su cuerda. Creo que nos hemos contagiado de un estilo que tal vez proviene de cierta novela americana. O mejor: nos hemos contagiado del estilo de la traducción. Por eso, hay textos que suenan igual, independientemente de la lengua en la que estén”. Frente a estos síntomas de globalización de la novela, Gutiérrez reivindica el lenguaje. El lenguaje especial, el lenguaje, incluso, retorcido. “Yo voy a ser sincero. No tengo grandes cosas que contar, no tengo grandes tramas. Ni soy capaz de imaginar novelas históricas, ni novelas negras… no… eso no me pasará. Creo que en cuanto introduces un arma, un detective y una gabardina, cualquier novela se viene abajo. Hay pocas novelas negras que me interesen. Sólo Simenon, me parece. El resto es muy aburrido”, explica. “Por eso, el lenguaje, que marca las diferencias, es fundamental para mí”, concluye.

Esta novela es brutal. Explica que lo que hay ahí fuera es brutal y terrible. En Democracia hay humor e ironía a raudales, pero hay mucha tragedia. “Es una comedia, pero quería que nos dejara los pies fríos”, dice Pablo Gutiérrez. “Eso sí, no quería héroes: quería personal normales, incluso con poca capacidad de reacción. Es decir, como somos nosotros en la vida diaria. Y la conclusión es ninguna. No hay. La verdad, creo que este mundo hostil no tiene remedio. Pero bueno, si tengo madrugadas, seguiré escribiendo”.

LA CLAVE “La novela, ‘Democracia’, funciona como una sucesión de breves instancias, a veces de un sólo párrafo, y la idea era mantener al lector alerta. Un párrafo objetivo suele estar seguido de otro que es una especie de parodia. La novela es sobre esta estafa, sobre esta crisis, pero, por encima de todo, quiero que la novela sea una comedia”

14 diciembre, 2012
por Miguel Giráldez
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Acerca de Cercas

La ley del deseo

Con Javier Cercas, en A Coruña. Venía el escritor con mucha prisa, y con el miedo en el cuerpo por el aterrizaje del avión. Fue día de tormenta y por lo visto el aparato se movía como una paloma tocada del ala. Rober G se une a la charla, porque él lo ha leído todo acerca de Cercas. Y sus novelas. Yo, no tanto. Salen los Soldados de Salamina, una mina, en efecto, una mina literaria. Conversamos con Cercas en un quinto piso, desde donde se domina A Coruña y se ve el mar. El mar de olímpicos embates. Llevo tiempo encontrándome con escritores, pero es la primera vez con Cercas. Tanto tiempo después. Acaba de publicar en Mondadori Las leyes de la frontera: “es un título de novela del oeste”, me dice. Nos dice. A Cercas le gustan mucho las novelas del oeste, las películas del oeste: “son mi educación sentimental”, asegura. Hablamos de Flaubert, que odiaba a Madame Bovary, pero terminó diciendo que era ella misma. Han dicho algunos que Cercas teminó odiando Soldados de Salamina, la novela que le lanzó a la fama. Me mira, detrás de sus gafas, con cierta socarrona perpejidad. Si tal cosa es posible. Esta es una novela de quinquis que, como dice Rober G, recuerda mucho al Vaquilla. Es una historia de los años inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, en el que el Zarco construye su mito como gran delincuente de la época. Y está el Gafitas, y está Tere. Y está el amor. La destrucción y el amor. Hablo con Cercas acerca de sí mismo. Llueve furiosamente fuera y el mar azota la espalda de la ciudad con saña. Si Cercas pudiera leer mi cerebro, aquí arriba, en este quinto piso, mientras pienso esto de la espalda azotada por el mar, me diría que dejase de hacer frases bonitas. Leí en alguna parte que Cercas aleja cualquier frase bonita que le pueda surgir, como quien fumiga cucarachas. Porque ama la realidad como gran combustible y la realidad casi no tiene frases bonitas. En la realidad dices vaya mierda, y cosas así. La realidad es el combustible, y por eso reuslta incendiaria. La realidad es el gran motor de la ficción. “Todo nace de la realidad”, me dice, más o menos. Nos dice, más o menos. En unas copas muy transparentes servimos agua. Concluyo que a Cercas le subyuga el poliperspectivismo y la ambiguedad. Volvemos a recordar esa frase suya: “la novela es el territorio de la ambiguedad”. Quizás la frase no es así, pero se le parece. Cercas, de cerca, es distinto de como me lo imaginaba. Tímido, quizás. Vamos desmenuzando la novela, que, en efecto, está contada desde tres perspectivas distintas. Se ve que a Javier Cercas le gusta eso de las miradas diferentes, y meter un periodista o escritor, que, por supuesto, es él. Le digo que tal vez le influyó Paul Auster, pero me lo desmiente mucho. Sí reconoce que Vargas LLosa le dió el espaldarazo con sus elogios. Y que ahora Vargas Llosa lee sus novelas, porque él se las manda. No recuerdo si me dio permiso para comentar esto. Creo que sí. Lo que no me dijo es que pensaba Vargas Llosa de Las leyes de la fontera. Rober G coincide que el autor vuelve aqui al espíritu de Salamina. Pero al novela es de amor y de muerte, como casi todo lo que nos pasa. Es de derrota, sobre todo de derrota. Javier Cercas se va a un acto y nos quedamos en quinto piso con la sensación de que podríamos haber hablado un par de horas más. Tengo la sensación de que sólo he iniciado la conversación, de que apenas había empezado cuando alguien nos avisó de que el escritor tenía que partir. Sucede que no es fácil capturar el instante. Seguimos hablando.

Javier Cercas, con quien converso junto a Rober G, acaba de publicar ‘Las leyes de la frontera’ en Mondadori. Olvidé hacerle foto, pardiez.

10 diciembre, 2012
por Miguel Giráldez
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Andrés Pérez Domínguez regresa con sus tramas cinematográficas

ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ

“En una novela tienen que pasar cosas”

Entrevista con el escritor sevillano, que publica El silencio de tu nombre, en Plaza & Janés.

Una entrevista de José Miguel Giráldez 

La nueva obra del sevillano Andrés Pérez Domínguez, viejo amigo, responde exactamente a sus premisas favoritas en el mundo literario: toda novela debe contar, al menos, una historia. Aunque, en realidad, El silencio de tu nombre, presenta varias vidas que se cruzan, varios argumentos, varios itinerarios. Tras éxitos como El violinista de Mauthausen o El factor Einstein, donde siempre palpitan los elementos históricos y los paisajes que en se ha preocupado de conocer, desemboca ahora Andrés Pérez Domínguez en una historia poblada de misterios, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Como siempre, habla con pasión de sus mundos literarios. Y reconoce, también como en otras ocasiones, el padrinazgo indiscutible del gran José María Merino, coruñés de nacimiento y leonés de adopción. Precisamente en estos días Pérez Domínguez presenta la nueva novela de Merino en Sevilla.

Mientras María Arias, anfitriona hoy en el Hotel Virxe da Cerca, ultima la sesión de fotos de entrevistador y entrevistado, Andrés habla fuera de micrófono de sus numerosas visitas galaicas, de su pasión por recorrer las calles de Compostela, que conoce casi tan bien como las de las ciudades del sur. Pérez Domínguez es un gran arquitecto de tramas, un certero cazador de sorpresas. Y el cine, por supuesto, su gran sentido de lo cinematográfico, siempre está presente. Desde la primera línea. También aquí, en El silencio de tu nombre, publicada por Plaza y Janés (Random House, Mondadori). Es ésta su novela más larga, y, de nuevo, aparecen en ella las atmósferas oscuras de otras historias, atmosferas terribles del nazismo, combinadas en esta ocasión con la posguerra española y con la grisura de los años 50. “En efecto, hay una mezcla curiosa de personajes e ideologías: un periodista, un exiliado comunista, dos nazis, una mujer misteriosa, una rica beata…. No está mal. Yo creo que en una novela tienen que pasar cosas y que esas cosas interesen al lector. También creo que es necesario que una historia ofrezca una reflexión moral, y desde luego aquí la hay, como la hay en otras novelas mías. Y lo que creo más necesario de todo es la calidad literaria. Pero, sin duda, lo importante es la emoción, la pasión que puedas transmitir al lector. Sin eso, no hay nada. Yo me preocupo mucho, como tú dices, en que no falte nunca el entretenimiento. Hay que lograr que el lector atraviese sin desmayo las más de seiscientas páginas de la novela”, explica el autor pormenorizadamente.

A veces da la sensación de que decimos estas cosas, lo de la importancia de la trama, para ocultar una novela no demasiado bien escrita. Es decir, hablemos de la trama, ya que no podemos hablar del estilo. Pero este no es el caso. Andrés Pérez Domínguez emplea el lenguaje con eficacia, con soltura. Más allá de cualquier concepto peyorativo de bestseller, como tantas veces ocurre, las novelas de Pérez Domínguez están muy bien escritas. José María Merino lo ha dicho muchas veces. No ha tenido empacho por tanto en volver al críptico y oscuro mundo del nazismo, cuyas traumáticas huellas tan a fondo analizó en sus viajes por Alemania. Pérez Domínguez es un buen conocedor del país germano donde se mueve con soltura. “He estado varias veces allí, desde hace veinte años vengo visitando ese país. Conozco también su lengua, y eso ayuda”, explica. “No es imprescindible hacer localizaciones, visitar los exteriores como un director de cine, pero sin duda influye a la hora de convencer al lector, a la hora de ser creíble con la construcción de la historia”, dice. Leer más →

18 noviembre, 2012
por Miguel Giráldez
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Con Mara Torres, periodista, en el Hostal de los Reyes Católicos

ENTREVISTA CON MARA TORRES, escritora y presentadora de La 2 Noticias, en TVE

“Soy una profunda deudora de mis noches de radio”

“El amor nos hace a todos muy parecidos”

Una entrevista de Miguel Giráldez

Envuelta en esta luz de dulce de membrillo que hay en el Hostal de los Reyes Católicos, en Compostela, la aparentemente frágil figura de Mara Torres sugiere otras tonalidades, ofrece otras sensaciones, diferentes, sin duda, a las del plató profusamente iluminado desde el que cada noche presenta La 2 Noticias. Naturalmente, en La Dos. Entrevisto a Mara Torres por primera vez, porque ella es una escritora novel (y joven), y acaba de aterrizar en este mundo misterioso e impredecible de la ficción. Hablé varias veces de mi fascinación por su informativo: lo hice ayer mismo, en este diario, sin ir más lejos. La 2 Noticias es un informativo peculiar, casi poético, como la propia Mara Torres reconoce. Un informativo lleno de humanidad y de humanismo, de verdes y azules. Y Mara, esta mañana, bajo las tenues luces de la cafetería de este edificio histórico, semeja cercana e intensa, aunque uno no pueda evitar la comparación con tantas noches ante la pantalla, cuando ni siquiera sospechaba que esta mujer escribía novelas. Y aunque no pueda evitar que persista en la memoria aquella voz, la voz de Hablar por hablar, en la Ser, que presentó también: cuando apenas conocíamos su rostro. Sólo su voz. Y por su voz supimos, como hoy me repite aquí, en esta cercanía envuelta en luz de harina, que Ángel González es uno de los autores a los que más debe, y uno de los que tiene muy presentes cuando escribe. Mara Torres mira con intensidad, construye las frases con energía, con un acabado perfecto, nítido, que viene, sin duda, de las técnicas de su profesión, pero también de su propia energía. Una energía que brota del acto de descubrir, de imaginar. De no conformarse jamás con los lados más oscuros y tristes de la realidad.

Le pregunto cómo se siente, habiendo aterrizado en el Planeta. Qué cómo es eso de llegar y besar el santo. Y me dice que ella ha entendido la vida siempre en dos dimensiones, la real y la imaginaria. Y que lo que ocurrió en la noche del premio Planeta fue que las dos realidades convergieron, se unieron en un mismo punto. “Ya se había publicado la lista de los finalistas, como recordarás”, me dice. “Así que sabía que Pilar Otero, mi pseudónimo, estaba ahí; y sólo yo sabía que esa era yo, evidentemente. Así que cuando se escuchó el nombre fue como si las dos vidas se fundieran en una sola”, explica. Mara Torres cuenta las cosas con espíritu didáctico, te da frases que podrías colocar como titulares ahí arriba, pero, después de todo, lo que te interesa de ella es ese sonido de las palabras como golpeando en el cristal, y la transparencia, cristalina también, de algunas ideas, y la explosión de toda su energía semántica, articulada con cierta magia, con cierta rara habilidad. “Una amiga me dijo que La vida imaginaria es hiperrealista”, suelta, sonriendo. “Me parece que es una buena definición. La vida imaginaria es todo lo que pasa por tu cabeza mientras la vida real está sucediendo. ¿Y quién te dice que eso que pasa por tu cabeza no es más real que lo que de verdad está pasando? Que la vida imaginaria no se cumpla no importa, porque tú también la has vivido, forma parte de tu vida”, cuenta, con gran espíritu filosófico, buscando los detalles, apoyando la idea con entusiasmo. Mara Torres lleva días insistiendo que lo más importante para Nata, para Fortunata, la protagonista, es que es capaz de volar. Y, en efecto, vuela. En alguna escena vuela, o eso parece, y sale volando por la ventana, con su cama y todo. Mara se ríe viendo mi retórica voladora (o quizás volátil), ahí al lado. Como la novela es triste, porque es triste, como en la novela hay momentos de duda, de flaqueza, de debilidad (también de humor), como la novela es fieramente humana, le pregunto a Mara Torres si cuando decidió escribir esta historia ella estaba así. Así de triste. Y si Fortunata Fortuna es, finalmente ella misma. Y dice. “Empecé a escribir esto porque me sentía sola. Necesitaba a Fortunata para que me acompañara, era algo así como un amigo invisible. Pero cuando mi vida cambió la encerré en un cajón, y noté que ella me llamaba desde el fondo del cajón. Hasta que un día, empujada también por los amigos, que no dejaban de insistir, la saqué. Y bueno, aquí está. ‘Ya era hora’, supongo que habrá dicho”, cuenta Mara Torres. “Ah, y en cuanto a la tristeza” tercia la autora, “pienso que no queda otro remedio. Es una historia triste porque es la historia de un abandono, y eso siempre es muy triste. Para el que abandona y para el abandonado. Cuando te dejan el mundo se convierte de pronto en otra cosa: los patrones ya no te sirven, la realidad ya no te sirve”, explica con detalle. “Ella no destaca por nada, ni siquiera hay una descripción física, cada uno que se la imagine como quiera. Pero fíjate que termina siendo una persona muy especial. No sabes muy bien cómo es al final: pero sí sabes que vuela”. Leer más →

3 noviembre, 2012
por Miguel Giráldez
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Una mañana con María Dueñas

“El éxito no me va a arrancar los pies del suelo”

MIGUEL GIRÁLDEZ

Sé que estoy de suerte, porque tengo frente a mí a María Dueñas y porque voy a tener la oportunidad de hablar con ella durante casi una hora. Si consideramos el ritmo de entrevistas que lleva la escritora manchega, y las que acumuló en jornadas interminables durante los tres largos años de éxito de El tiempo entre costuras, esta hora que viene a continuación apenas es un pequeño grano de arena en una inmensa playa. Pero María Dueñas se lo toma como si fuera la primera entrevista de su carrera. O la última.

Se lo toma como imagino que se toma cada una de las líneas que escribe: con una energía inusitada. Y con alegría. Cuando le digo que estará harta, saturada, de tantos centenares de entrevistas, me dice: “estoy encantada. ¿Cómo no voy a estarlo?” Y así empieza la mañana. Todo esto sucedía en el hotel Virxe da Cerca, en Compostela, hace casi un mes. Una dedicatoria, un café que terminó frío y abandonado, una conversación que no conoció límites, ni relojes, ni costuras. “Llegaste un día a tu despacho, en la Universidad, y dijiste: quiero escribir. Y abandonaste los proyectos, y las guías docentes”, le digo. Porque quiero hablar de los comienzos, de cómo empezó todo. “No, no llegué a mi despacho como llega Blanca Perea [la protagonista, también profesora universitaria, de Misión Olvido, su nueva novela, publicada por Temas de Hoy]. No llegué en su difícil situación. Pero si es cierto que un día me dije: voy a escribir. Voy a intentarlo. No fui escritora precoz. Pero creo que tengo imaginación. Y mis amigos, los pocos que lo sabían, me animaban. Eso sí: nunca pensé que iba a ocurrir lo que ocurrió”, explica María Dueñas. el éxito. Y lo que ocurrió ya es sabido. Un éxito arrollador. Imparable. Tanto que María comprendió que había empezado un nuevo tiempo, que era necesario replantearse algunas cosas. “Al principio, no tenía ni idea de lo que iba a pasar. De hecho sólo sabía que iba a terminar la novela: la determinación nunca me ha faltado. Me lo ha enseñado la universidad, tú sabes cómo son esas cosas. Pero claro, no tenía ni idea de si querrían publicarla o no. Así que cuando empezaron a aumentar los lectores, cuando se empezaron a acumular las traducciones y las ediciones, yo no hice otra cosa que subirme al carro que me marcaban los acontecimientos. No me sentí raptada, ni abducida, ni devorada”, enfatiza Dueñas. “El libro ya iba solo. Me di cuenta de que había que seguir la corriente. Y no sentí vértigo, porque en realidad lo que me ha sucedido con El tiempo entre costuras no ha sido otra cosa que ir de alegría en alegría. Yo misma me hubiera quitado del medio si me hubiera sentido mal. Pero no. Aunque desde fuera lo parece, no ha sido una bola de nieve que me haya llevado por delante. Mi vida sólo ha cambiado porque viajo mucho más, eso sí, y porque he dejado las clases en la Universidad. Yo no hubiera consentido que esto me arrancara los pies del suelo”, dice, contundente.

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16 octubre, 2012
por Miguel Giráldez
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Antonio Pereira, siempre entre nosotros

 

Úrsula Rodríguez, su mujer, habla de la vida con el escritor, con motivo de la aparición de ‘Todos los cuentos’en editorial Siruela

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

 HA SIDO MUY EMOCIONANTE volver a hablar con Úrsula Rodríguez, la viuda, bueno, la mujer de Antonio Pereira. No me gus­ta decir viuda, porque, de alguna forma, Antonio siempre está ahí. Úrsula habla con él. Me lo dice sin atisbo de mística, sin subrayarlo mucho, como hace ella las cosas. Recuerdo a Úrsula de algunos días de verano en Villafranca del Bier­zo. Con Antonio, claro. Acudí algu­na vez a la Fiesta de la Poesía, que era un motivo espléndido para la fiesta de la palabra y del verso. La última vez que los vi juntos Anto­nio se movía ya con dificultad: apoyado en mí entró en el restau­rante del parador que hoy lleva su nombre. Conocí a Antonio Perei­ra en los años ochenta, cuando entregaba algunos textos para el dominical de La Crónica de León, siempre con ese celo y ese mimo que él tenía por la cosa escrita. Obsesión por el detalle, diría yo. Antonio Pereira peleaba perso­nalmente cada una de las páginas que se publicaban, allá donde fue­ra. Las cuidaba hasta el extremo. Nunca se rendía. Y aunque sabía que no sería nunca un bestseller (ni falta que hacía, añado yo), lo cierto es que, precisamente a par­tir de aquellos años, su producción literaria se hizo más y más cono­cida, sin abandonar, desde luego, ese aire de autor de culto, de autor exquisito, especial y diferente. No es que él lo buscara. No he conoci­do a nadie más sencillo, más cer­cano, más humano. Pero así se construyó su figura, con su forma de escribir y de ver la vida (iróni­ca y retranquera: quizás porque se sentía tan próximo a la forma de ser y de vivir de los gallegos).

Así que llamé a Juan Carlos Mes­tre, el grandísimo poeta villa­franquino, discípulo sin duda del propio Antonio Pereira, para comentar la publicación en Sirue­la de este volumen de casi 900 páginas, Todos los cuentos. Mes­tre (La casa roja) es fascinante, su verbo es único, su pasión, inigua­lable. Creo que es uno de nuestros mejores poetas. Pero sucede que Mestre suele estar a caballo de los aeropuertos y las estaciones de tren, y en esta ocasión no era de otro modo, así que aún no he podido hablar con él de esta colec­ción de cuentos: no sólo magnífica, sino imprescindible. Pronto tuve a Úrsula al teléfono, desde Madrid. La entrevista que mantuvimos, cálida, poblada de esos recuerdos memoriosos de los días azules y el sol del verano, puede escucharse en el página web de este periódi­co, de principio a fin. Lo que cabe en estas líneas no es más que un pequeño apunte. La emoción con­tenida de Úrsula, que guarda, sin embargo, ese punto de sano y divertido escepticismo que tam­bién tenía Antonio, hace que esta charla merezca mucho la pena: se la recomiendo de verdad. Leer más →