21 febrero, 2012
por Miguel Giráldez
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Rosa Montero, regreso al corazón de Madrid

Rosa Montero: “El dolor nunca se borra: se coloca”

La escritora habla en esta entrevista de su nueva vida, en el centro de Madrid, tras la desaparición de su compañero. Y de su novela de ciencia ficción, ‘Lágrimas en la lluvia’ (Seix Barral), un regalo que se ha hecho a sí misma para empezar esta nueva etapa.

Por José Miguel Giráldez

Rosa Montero escucha al otro lado del teléfono la sintonía de Blade Runner,
inconfundible, y sonríe. O eso creo. Esa sintonía está presente en cada una de las líneas de Lágrimas en la lluvia (Seix Barral), una novela que Rosa Montero se ha regalado a sí misma, en un momento de cambio en su vida. Lágrimas en la lluvia, que ya apareció hace algunos meses (ha conocido, incluso, durante este tiempo, una versión como novela gráfica), presenta una visión creíble del futuro, una visión del Madrid de 2109. Rosa habla desde su nueva casa. Ha abandonado la periferia y se ha ido a vivir al centro de Madrid, al mismísimo corazón de la ciudad, cerca del Retiro. Porque quiere reinventarse, dice, pero, por supuesto, sin obviar ni un solo minuto de los días pasados. Sin embargo, la desaparición de su compañero, Pablo Lizcano, ha llevado a Rosa a una especie de reconfiguración del presente. Las cosas serán ahora distintas, pero ahí está, regalándose Lágrimas en la lluvia, viajando al futuro de Madrid, su ciudad de siempre. “Me ha gustado escuchar esa música que me has puesto, la de Vangelis… es que me encanta la película, y termina una salivando al oírla, como los perros de Pavlov”, dice, divertida. La música, ya lo hemos dicho, la música que hemos puesto a Rosa, es la de Blade Runner.

Uno tiene la sensación de que en estos meses, desde la publicación de la novela, quizás, Rosa Montero no ha dejado de dar entrevistas en la que se respiraba una atmósfera de final de etapa, de comienzo de una nueva fase, ahora sí, en solitario. No en solitario, en realidad. Están los amigos, los muchos amigos de Rosa Montero. Pero sí en la ausencia del compañero de viaje. “¿Es una nueva vida?”, le digo. “La vida es una continua crisis. Todo el rato estamos cambiando. Todo el rato estamos ganando cosas o perdiéndolas. Lo que pasa es que en momentos así eres más consciente de las pérdidas. Yo miro hacia atrás y veo mi vida muy agitada. Con un montón de cambios. Pero es cierto que en los últimos tiempos esos cambios se han agudizado. Murió mi marido, en efecto, y, después de veinte años, he vuelto a Madrid. Al centro de la ciudad, que es donde hay que vivir cuando uno se hace mayor. Olvidarse del coche, por ejemplo, es un lujo. Así que estoy feliz”.

Ya sé que esto de las mudanzas implica cierta locura: pierdes la mitad de las cosas (ríe), pero sí, estoy feliz”, explica, de un tirón, Rosa Montero. “Además, lo de ir inventándote la vida es algo habitual”, enfatiza

Le hablo de la crisis, y eso que la palabra es, ahora mismo, tabú. La crisis que es, etimológicamente, la lucha. La lucha por la vida. Como les sucede a los replicantes bajo la lluvia, sabemos que hay que capturar el momento. Nada es para siempre. “Lágrimas en la lluvia”, tercia Rosa “es algo así como un thriller existencial. Hay misterio, hay aventuras, pero al final habla de la vida y de lo efímero y del tiempo que pasa. La tragedia del ser humano es que estamos condenados a morir, a pesar de que estamos llenos de deseos y de ilusiones. La vida es breve. Tengo la teoría de que los novelistas tenemos más conciencia del paso del tiempo y del advenimiento de la muerte… Así que hay que aprovechar el momento, siempre, porque todo termina”, señala Rosa Montero. Y subraya, por si no queda claro: “soy una disfrutona”.

Le digo si estos cambios físicos, el desplazamiento desde el extrarradio a las proximidades del Retiro, en Madrid, responde a un intento de regresar a un punto anterior en su vida, de pasar página, de volver a empezar. Y dice: “no, no tiene sentido ir para atrás. No se puede, ni se debe, borrar lo vivido. Hay que empezar con un avatar nuevo, de los muchos que tenemos. Creo que he aprendido mucho en estos dos últimos años, creo que ahora soy más sabia”. Y entonces le pregunto si eso tiene que ver con borrar el dolor. Y contesta que no, que el dolor no se borra, se coloca. Porque forma parte, inexorablemente, de
la vida. “Uno de los grandes aprendizajes de la vida es dar sentido al dolor. Pero no se borra nada: hay que vivir con todo”, insiste. Sus personajes en Lágrimas en la lluvia se adelantan a algo de lo que dicen que va a ocurrir: poder borrar la memoria emocional, cuando nos hace daño. “Olvidar también es una ambición… ¿para qué te crees que se bebe? (risas)… pero yo no reivindico el sufrimiento, no… no creo que enseñe nada. Lo que sí creo es que el ser humano tiene una capacidad infinita para ser feliz. A pesar de todo”, explica convencida. Le pregunto si es más fácil escribir desde la felicidad o desde la tristeza. Y me dice, contundente: “Yo tardo unos tres años en escribir una novela… y uno no escribe desde la inmediata realidad. Te alejas de  yo biográfico. Del yo que ríe y que llora cada día. Así que uno escribe desde todos los lados, pero vives en esa especie de burbuja que es una novela, una burbuja necesaria. Escribir novelas es la autorización de la esquizofrenia”, concluye.

RosaMontero, que cada semana da su voz a gentes anónimas, en sus artículos de El País, explica que el mal, absurdo, está ahí y que sólo se puede intentar mitigar. “La vida no es justa”, dice, “pero es así. Hay gente maravillosa, con vidas terribles que no merecen. Desde el principio de los tiempos hemos querido entender el mal, negociarlo, colocarlo, y por eso se han inventado las religiones. Lo que cuento en mi novela es, después de todo, muy realista, aunque sea de ciencia ficción. Yo creo que el mundo no será ni feliz ni infeliz. Me gustaría que fuera verdad lo de los Estados Unidos de la Tierra… eso solucionaría muchos problemas de convivencia. Pero el mundo, dentro de cien años, seguirá teniendo, como en mi novela, cosas estupendas y cosas terribles. Y creo que siempre será así”.

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La fotografía de Rosa Montero es de Violeta de Lama. Esta entrevista se publicó, en la edición de papel de ‘El Correo Gallego’, el 12 de febrero de 2012. Existe una versión sonora de la entrevista, que próximamente aparecerá en la web digital del periódico.

16 febrero, 2012
por Miguel Giráldez
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Una mañana con Álvaro Pombo

“Tenemos que escribir como si nos fuéramos a morir mañana”

El escritor cántabro, que se define como un modernista, publica ‘El temblor del héroe’ (Destino), la novela ganadora del Premio Nadal de este año.

Por José Miguel Giráldez

Álvaro Pombo se arrellana en su sillón de época, en la biblioteca del Hostal de los Reyes Católicos. Hay una ligera penumbra: rompiéndola, un haz de luz de cuela a través de las ventanas desde la plaza, envuelta en el aire azul y frío de febrero. Pero aquí el ambiente es cálido. Pombo me recibe con una furtiva mirada al reloj, o no tan furtiva, lo cual no es el mejor de los augurios. Lleva algunas conversaciones encima, pero él adora la conversación. Así que pronto se anima a tratar cosas de este premio Nadal, El temblor del héroe (Destino), una novela intimista, yo diría, que habla de encuentros y desencuentros, de engaños, de las trampas de la vida y de vidas cruzadas. Y del egoísmo, y de la edad madura. Y del crepúsculo de los dioses. La novela se complace en citar a filósofos. En envolverse de un delicado ropaje cultural que, sin embargo, sólo lleva a la desnudez de almas torturadas. Y, al final, se desencadena la tragedia. Nadie sale sin heridas de esta lucha por la vida y los afectos, nadie queda sin su dosis de responsabilidad en esta narración de desorientaciones existenciales. Entonces Álvaro Pombo, hoy con corbata, me recibe a esta temprana hora, pero no lo suficiente como para que haya tenido ya varias charlas sobre el Premio Nadal, sobre su llegada a la política, sobre tantas cosas. Ha pedido algo como tentempié, mientras desgrana su discurso sinuoso, a veces impredecible. En estos vericuetos de la conversación uno atraviesa por todos esos paisajes heterogéneos, llevando a Pombo como guía, demasiado curioso como para llegar a un único objetivo: lo suyo es demorarse en las revueltas del camino, detenerse un rato, tomar rutas alternativas. Y al fin, gozar.

P.- No se puede decir que le queden a usted muchos premios literarios por ganar.

R.- No, ciertamente. Bueno, hombre, he ganado algunos, el Planeta, ahora el Nadal, estupendo, estupendo. Pero como decía Cela, no tengo la Flor natural de Torrelodones, pongamos por caso. También me gustaría ganarla. Como decía Cela, yo querría ganar todos los premios, ya ve usted.

P.- Le recuerdo con ‘La fortuna de Matilde Turpin’, la novela con la que ganó el Planeta. Aquí mismo, en este edificio. Y allí estaba usted, encantado, con su copa de vino, siempre esa copa de vino, bebida lentamente. Y ese título, que mi me parecía un título de folletín francés, un título elegantemente francés.

R.- Y lo es, y lo es (risas). Tiene algo de folletín esa novela, sí.

P.- Si. Pero ahora vuelve usted a los héroes crepusculares, a los dioses caídos, a los que están de vuelta. Quiero decir que vuelve usted a la tortura de las mentes en decadencia, a la crisis. Y eso ya estaba en su obra anterior, no ha dejado de estar, igual que estaba la filosofía imponiéndose sobre la trama, como en ‘Contra natura’. Vamos, que esta novela es muy de usted, si puede decirse.

R.- Sí, suelo presentar personajes en decadencia, eso es verdad. Personajes que están en eso que se llamaba ‘el descrédito del héroe’. Pero yo creo en los héroes. Les doy crédito. Fíjese que en ‘Contra natura’ había un personaje bueno. Y aquí también lo hay. Lo que pasa es que acaba mal.

P.- Al final, aquí se navega en el filo de la navaja, en la frontera entre el bien y el mal… Leer más →

6 febrero, 2012
por Miguel Giráldez
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Regreso al lugar, bajo la gran nevada

Pero no he visto la nieve en todos estos días. Es sólo metáfora. Y mucho telediario. No escribía aquí desde el año pasado (27 de diciembre), cuando el frío era mucho menor que estos días, pero ya el otro frío, el de la crisis, se agudizaba. Muchos habrán pensado que me detuve después de entrevistar al economista Niño Becerra (ver entrada anterior), asustado por lo que se nos venía encima. Hoy, tantos días después, la crisis no sólo no ha menguado, sino que sigue su curso. Pero he regresado animado por el frío, acuciado por los fantasmas infantiles de las planicies nevadas, y por la memoria. El frío nos conserva mejor los pensamientos. He regresado en esta primera semana de febrero, viajando sin hacerlo por todas esas carreteras secundarias, deseando estar por un instante en el lugar donde por primera vez vi nevar. Es una de las cosas que recuerdo con absoluta nitidez. Pero al fin, no he viajado. No he surcado viejos caminos entre nevaradas brutales, ni he vuelto a levantar la pala en el jardín de mi padre, como cuando nos abríamos camino, èl y yo, hacia el portón de hierro, en aquellos días. Lo que para él era una pesada carga de todos los inviernos, para mí era una aventura preñada de peligros y alucinaciones. Y no he vuelto a sentir emoción semejante. Regreso pues hoy, en esta madrugada. El silencio blanco debe convertirse en conversación. Hablemos.

7 diciembre, 2011
por Miguel Giráldez
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En el Instituto Cervantes de Dublin

REGRESO de Dublin, de un evento en el Instituto Cervantes de la ciudad joyceana. Días grises, así es el tiempo irlandés, pero no, desde luego, en el mundo de la cultura. En ese terreno, todo es brillo. El Instituto Cervantes ocupa ahora un hermoso edificio de ladrillo rojo al lado del Trinity College, en la llamada Lincoln House. Tienen un hermoso café literario en la planta baja, donde celebran desde pequeños conciertos hasta presentaciones literarias. El admirado y querido Vila-Matas estuvo aquí recientemente, con su famosa reunión del Bloomsday en el Pub Finnegans, a las afueras de Dublin. Suelo venir a Irlanda con asiduidad: es mi segunda patria. Pero esta vez se trataba de presentar las actividades del Instituto de investigación de Estudios Irlandeses Amergin, dirigido por Antonio de Toro, así que se trató de una reunión académica, pero también de un encuentro entre amigos y colegas del mundo literario. No es la primera vez, ni espero que sea la última, que organizamos algún evento de esta naturaleza en la isla. Se trataba esta vez, como digo, de presentar las muchas actividades que se hacen en esta institución de la Universidad de A Coruña, desde las publicaciones, numerosísimas (muchas pueden encontrarse en la serie Irish Studies, de Netbiblo) hasta la investigación, particularmente de las relaciones entre España, Irlanda y Galicia. La impresión que tengo es que, con la excelente acogida del Instituto Cervantes aquí en Dublin, el acto ha resultado un completo éxito. También acudió a este encuentro Roberto Varela, conselleiro de Cultura de la Xunta de Galicia, para presentar el Camino de Santiago, muy de moda en estos momentos en Irlanda, y la Ciudad de la Cultura de Eisenman, como modelo de una Galicia del siglo XXI que pretende superar los moldes tradicionales, aunque sin olvidarlos, para proyectarse en futuras empresas culturales. De todas formas, el momento más emocionante del día ha sido volver a reencontrarnos con Seamus Heaney, premio Nobel de Literatura, y el más grande poeta irlandés vivo. Leer más →

10 noviembre, 2011
por Miguel Giráldez
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El hombre que predijo la crisis (o el crash)

Leo Más allá del crash (Apuntes para una crisis) del catedrático de Estructura económica de la Ramón Llull Santiago Niño-Becerra. Es una lectura apasionante, pero es una lectura de nuestra destrucción. De nuestro cáncer. Enrique Murillo (Los libros del lince), uno de mis editores de cabecera, buen amigo, me dice que Niño-Becerra se ha convertido en uno de los analistas imprescindibles. El éxito de su libro anterior, El Crash del 2010, es un buen ejemplo. Y seguro que esta nueva entrega no le irá a la zaga. Lo malo de leer sobre el desastre con tanta naturalidad (y con un estilo que, desde luego, engancha como si fuera ficción) es que acabas olvidándote de que eso que cuenta Niño-Becerra te está pasando a ti. No es ficción, claro. No es novela. Y, de serlo, sería una novela de terror. Ayer estuve hablando con el economista una media hora, desde su despacho en la Universidad. El resultado lo podrán escuchar este sábado, a las 11 de la mañana, en mi programa El sábado libro, de www.radioobradoiro.com Santiago Niño-Becerra es magnífico en radio, ya lo saben ustedes. Lo habrán escuchado profusamente, porque lo llaman de todas partes, investido de las telas del gurú que, tal vez, no son las que más le gustan. Lo que le gusta es razonar. Y lo hace sin muchos afeites, de tan manera que este libro, Más allá del Crash, está lleno de preguntas con respuesta sobre lo que nos está pasando, preguntas claras, nítidas. Y respuestas nítidas también: aunque, en general, desesperanzadas. El economista lo ve muy negro. Y lo explica con absoluta claridad. Diagnostica los males, dice que los culpables son todos y ninguno, y, sobre todo, analiza la economía española y sus debilidades estructurales. Claro que hablo con él de todo esto el día en el que Italia estuvo a punto de ser rescatada por la prima de riesgo, si es que Italia fuera rescatable. En todas partes cuecen habas: muchas habas. Niño-Becerra habla de globalidad, de que la crisis no tiene nada que ver con planteamientos localistas, se pongan los políticos como se pongan. Les recomiendo el libro. Tiene sus polémicas. Cómo no va a tener polémicas un libro de esta naturaleza.  Dice Santiago Niño-Becerra, por ejemplo, que hay que colocar la economía en manos de equipos de expertos en el futuro. Expertos “totalmente al margen de la política”. Me pregunto si esto es posible. Y aún hay más: habla de “gobiernos de concertación nacional. Supeditar estructuras subnacionales (…) a objetivos globales”. Es difícil que este economista te dije indiferente. Hay un párrafo en el libro, entre otros muchos, que resulta a la vez revelador e inquietante. Está en la página 63, y el propio autor, en esa conversación que acabo de tener con él, reconoce que es un buen resumen de su tesis. Dice así: “El gran problema de esto-que-está-pasando estriba en que no ha sido fruto de una mala política o de un conjunto de medidas inadecuadas ejecutadas por alguien inepto, sino la evolución lógica de un estado de cosas que se ha ido desarrollando en los últimos cincuenta años del modo como debían desarrollarse debido a que no podían desarrollarse de otra manera. Es decir, y ahí radica lo terrible: esta crisis, la que ahora estamos viviendo, la que vamos a seguir viviendo, era inevitable” (63). Palabra de Santiago Niño-Becerra.

1 noviembre, 2011
por Miguel Giráldez
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Noviembre en el menú

Días oscuros de noviembre. En mi calendario personal, septiembre es el mes dulce de las cosechas, aquellos días ubérrimos de la infancia. Aquellos días azules. Recorríamos el campo en busca de las uvas y las manzanas de oro. Y volvíamos a casa convertidos en seres nuevos, brillantes, poseídos de una extraña energía que nos hacía cercanos a los dioses. Noviembre era el comienzo de las telas negras, de los días envueltos en un sudario de bruma atrabiliaria. Pero he vuelto a ver aquellos territorios, y he descubierto que las choperas aún conservan el amarillo de los locos. Enjambres de árboles en vísperas de su desnudez, caminos sembrados de oro. Hojarasca que cruje como el pan tierno. No hay tanta maldad en noviembre. No es tan cruel. He llenado la casa de nueces, como quien colecciona diamantes, y hay un perfume de nieves primerizas, que anuncia ya la llegada del invierno. Por lo que se refiere a la literatura, las novedades se agolpan. Me perdí en la Casa del Libro de la Gran Vía madrileña, y vi algunos desembarcos. Como lo nuevo de Marta Rivera de la Cruz, con la que acabo de estar, hablando, lentamente. Manuel Rivas, también, regresa: tenemos pendiente la conversación. De estas cosas hablaremos pronto, en medio de las oscuridades de noviembre. Aún queda el fuego de las hojas de otoño sobre los caminos, aun están los ribazos coronados de oro. Pero ya atisbo el azul frío en la cumbres, ya galopa la nevarada, pronto el oro de la tierra dará paso a la memoria de todos los inviernos de la infancia, cuando creíamos que la felicidad podía capturarse en la llanura, como un animal asustadizo.

24 octubre, 2011
por Miguel Giráldez
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John Rutherford y Manuel Rivas, honoris causa por la Universidade da Coruña

El profesor John Rutherford, uno de los grandes galleguistas de nuestro tiempo, acaba de ser propuesto hace apenas una semana, junto al escritor Manuel Rivas, como doctor Honoris Causa por la Universidade da Coruña. Ambos recibirán este alto y merecido reconocimiento en un acto, probablemente conjunto. En su día, con motivo de la publicación de la traducción de ‘El Quijote’, hecha para la conocida editorial británica Penguin Classics, mantuvimos una charla con John Rutherford en Ribadeo, el lugar de Galicia donde la obra de Cervantes fue traducida, prácticamente en su totalidad.

Texto y foto: Miguel Giráldez (jmgiral@orange.es)

 

‘EL QUIJOTE’ SE TRADUJO AL INGLÉS EN GALICIA

John Rutherford, que había acometido la magna obra de traducir ‘La Regenta’, se atrevió con la traducción al inglés de ’El Quijote’ y lo dio a la imprenta en el año 2000. Su texto sustituyó en la conocida editorial Penguin al de J. M. Cohen, que se había publicado allá por los años 50.

Al poco tiempo apareció la edición americana de Edith Grossman.

Trece, catorce, quizás alguna más. Este es el número de veces que, al parecer, se ha traducido El Quijote al inglés. Y no es un dato menor, puesto que dar a conocer la obra más famosa de la historia de la literatura en el idioma más hablado (Chino mandarín aparte) no es cuestión baladí. El inglés, dicen los expertos, siempre ha recogido las andanzas de don Quijote con precisión, pero también es cierto que con escasa brillantez. Las traducciones de la gran obra de Cervantes al inglés, son, por tanto, correctas, exactas, pero sin mucha energía.

Y, sobre todo, son traducciones que no han entendido bien el valor más importante de El Quijote: el humor.

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19 octubre, 2011
por Miguel Giráldez
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Entrevista con John Banville (que visita Getafe Negro como Benjamin Black…)

La novela contemporánea en irlanda

John Banville: “Tenemos éxito en muchos lugares porque los irlandeses estamos obsesionados con contar una y otra vez nuestra historia”
Texto y fotos: José Miguel Giráldez   (jmgiral@orange.es)

Mi visita a Kinsale, en el sur de Irlanda, donde ahora me encuentro, no ha dejado de proporcionarme sorpresas. Para empezar, hoy es un día soleado. Algo no muy habitual en estas tierras verdes. En segundo lugar, decir que vienes del norte de España sigue siendo aquí un plus. No en vano, luchamos en este mismo enclave costero contra los ingleses de Mountjoy, en 1602, al lado de los irlandeses. Ha llovido mucho desde eso, es cierto. Y más aquí, donde la lluvia es el fenómeno meteorológico más habitual. Pero sigue habiendo algunos recuerdos del sur,  y no me refiero solamente a The Spaniard Inn, uno de los pubs más celebrados, en Sicilly, una de las zonas de la villa. No lejos, Bantry y Castletownbere mantienen una larga historia de relaciones personales y comerciales con Galicia. Pero de eso hablaremos en otro lugar.

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18 octubre, 2011
por Miguel Giráldez
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Congreso internacional sobre Francisco Umbral

Entrevisté a Francisco Umbral en tres ocasiones: hacerlo siempre tenía algo de reto personal. En estos días, se celebra en Madrid un Congreso internacional sobre su figura (‘Los placeres literarios: Francisco Umbral como lector’). El Congreso ha comenzado con una dramatización de uno de sus textos fundamentales, Mortal y rosa. Tenido por un maestro del columnismo por muchos, uno admite también su magisterio, y, durante un tiempo, su influencia. Hoy, sacudidas las plumas del umbralismo de todo artista adolescente, me basta con celebrar al genio del lenguaje. Dificil de carácter, conmigo fue siempre cortés y jamás dejó de contestar una sola de las preguntas que le hice. Esta entrevista tuvo lugar dos años antes de su muerte. Hablamos en 2005 (el escritor había pasado un verano con mala salud) y Umbral desapareció un 27 de agosto de 2007. Le costaba hablar, pero sobre todo oír, y, sin embargo, la charla se extendió casi durante una hora. Reproduzco aquí el contenido de aquella entrevista, en la que habló mucho de literatura, pero también de política. Sirva como homenaje al prolífico autor y columnista, que creó una forma nueva de escribir en los periódicos. Y que hizo del artículo diario un ejercicio de estilo, una búsqueda consciente de algo nuevo, más allá de las servidumbres cotidianas.

Después de un verano difícil, Francisco Umbral acaba de publicar en Planeta Días felices en Argüelles, algo así como unas memorias perio­dísticas. Sigue escribiendo sus columnas diarias y se considera en la pomada de la actualidad. Esta semana habló con nosotros.

“NO FUI DURO CON CELA: FUE MI GRAN AMIGO Y MI MAESTRO”

Texto: José Miguel Giráldez   (jmgiral@orange.es)

Francisco Umbral ha regresado del último verano, un verano especialmente duro, con unas memorias perio­dísticas, o memorias escri­tas “a vuelapluma” como él mismo las ha llamado. Un libro de memorias, en efecto, aunque, como suele ser nor­mal en él, totalmente hetero­doxo. En realidad Umbral no ha cesado de reinventarse a sí mismo. No ha dejado de hacer memorias, ni artículos periodísticos, ni glosas de autores, ni estudios litera­rios, ni carnales biografías de Madrid. Ni novelas, claro.

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