En el agujero azul
No me abdujeron, pero casi. Llevo meses desaparecido, y no en combate, pero sí estuve perdido en el interior de un agujero azul. Sí, sí, así como lo oyen, un agujero azul -el color corporativo de la firma en la que viajo y en la que centro este blog- que nada tiene que ver con bigbanes ni gaitas parecidas, aunque sí con la telestransportación. Explico este patatín, patatán. Un día de hace ya casi cinco meses, cuando me dirigía cívicaecológicamente a mi puesto de trabajo en el transporte metropolitano desde Bertamiráns hasta Santiago fue absorvido por la basura y los miles de años del autobús en el que viajaba.
De allí yo y todos los sufridos y cívicos -y también desposeídos- usuarios del cacareado transporte público nos perdimos en el hiperespacio de las decenas de años con que cuentan los autobuses de la empresa Hermanos Ferrín y vagamos, para nuestra desgracia, entre las nubes de polvo, los asientos destartalados, las gélidas mañana sin calefacción y la mucha mierda durante todo este tiempo.
Lo que aún no comprendo -ni yo ni nadie de los que sufrimos tal tribulación- es cómo la Xunta de Galicia puede dar ni un sólo duro de subvención a una empresa que no cuida ya no digo el bienestar de los usuarios, sino también y lo más importante su seguridad. Veo como día tras día se estropean una y otra vez esos autocares -llevan matrículas de tres letras pero han sido rematriculados-, como los conductores se tienen que bajar en ocasiones para rellenar radiadores o reponer líquidos, como…. bueno.
Y ya no hablemos de los olores nauseabundos… Todo, como siempre, a la altura de una Galicia de siglo XXI para usuarios del medievo.





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