Lecciones Jacobeas Internacionales de la USC
Miércoles, 29 de junio de 2011
Antes de nada, pedir disculpas por mi inactividad durante los últimos tiempos. Ha sido por motivos profesionales. Dicho esto, apuntar que la USC trabaja en la organización del IV Lecciones Jacobeas Internacionales, que este año girarán en torno al lema “Los sentidos en el Camino”. Se desarrollarán en Composteladel 20 al 23 de julio. Los distintos especialistas relacionarán la Ruta con el tacto, la vista, el oido, el gusto y el olfato. Los participantes dedicarán la última jornada a recorrer la Costa da Morte. La matrícula puede cursarse en elportal http://www.usc.es/cultura/uveran11index.htm. La cosa promete.





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Soy un gallego trotamundos que dejé la Tierra con diecisiete años para ir a estudiar a Madrid. Por lo que apenas conocía Galicia, cuando volví como Técnico de una multinacional a realizar proyectos de telefonía automática por pueblos de la costa y alguno del interior.
Mientras desempeñaba mi labor en Aguiño, una tarde me desplacé en el coche a Corrubedo, el pueblo de las dunas. Y allí mantuve una conversación con un pescador de bajura, un tal Xoxé, que después de pescar en un congelador toda su vida, ya nadie le quería en el mar por ser viejo. Y sobrevivía a duras penas, pescando sardinas en un bote de remos en la ría. Mientras merendábamos y hablábamos, me contó la siguiente historia: Antiguamente en a Costa da Morte naufragaban muchos barcos, por que eran de madera y el vendaval los rompía contra las rocas. Ocurría con tal frecuencia, que los habitantes del pueblo vivían de espoliar pecios. En una ocasión naufragó un barco ingles, cuyo capitán llegó a la playa medio muerto. Y en vez de socorrerle, los vecinos le amputaron una mano con los dedos llenos de anillos de oro y piedras preciosas. Hay tantos muertos procedentes de los naufrágios enterrados bajo las dunas, que las noches de temporal suenan las capanas por si solas, sin nadie las toque.
Xoxé era un lobo de mar, aunque a penas tenía dientes, los postizos los había perdido. Y hablaba un gallego tan especial, que tenía que esforzarme para entenderle.
A pesar de su pobreza, era un hombre con gran dignidad. No pirmitió que le invitara a chorizos (asados a la brasa envueltos en papel de periódico) hasta que acepté sardinas de las suyas. Que para invitar a los amigos guardaba en la cámara del bar. Un saludo.