VERSOS, SUDOR Y DINERO (XEOGRAFÍA DA AUSENCIA)

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Teimudo se incorporó en la cama de madrugada empapado en sudor. Una capa fría de húmeda transpiración recorría cada rincón de todo su cuerpo. Una fragorosa y estucada pesadilla acababa de despertarlo. Una de esas pesadillas que rompe reciamente el esquema vital del humano más sensato, una de esas pesadillas perturbadoras e inopinadas y que surca con habitual deleite la mente de cualquier tiránico del optimismo. Teimudo, desde hace tiempo, desconocía la tranquilidad.  Una amalgama de impulsividad, iracunda y colérica, habitaba por tiempo indefinido en las entrañas de nuestro protagonista.
Teimudo llevaba varios meses sin dormir bien. Llevaba mucho tiempo trasnochando y absorbido mentalmente por un trabajo que él consideraba inaplazable. Mi pobreza de reconocimiento precisa un esfuerzo titánico y colosal, a la par que terapéutico, farfullaba enraizado en un bucle de obsesivo atrevimiento. Llevaba varios meses robándole infinitas horas al sueño por una ilusión que provocaba la hilaridad en sus amigos, familiares y conocidos: darles a conocer su obra a los personajes más destacados de la cultura nacional.
Teimudo llevaba varios meses con esta teima (obsesión, en gallego). Él creía ciegamente en las palabras que leía un día sí y otro también en la prensa y que escuchaba en la radio y en la televisión. “Desde nuestra empresa vamos a ayudar a los autores que no tienen espacio en las grandes editoriales”. “Mi editorial… no va a publicar a los de siempre”. “Esta casa se va a sumergir en el mundo de los desconocidos y a desempolvar libros de autores que viven el sueño del olvido y que no tienen suerte en las grandes editoriales”.
Cada vez que leía una frase semejante a estas, allá iba Teimudo; y como un testarudo seducido por una más que falaz fantasmagoría no paraba hasta que no encontraba la dirección de tal personaje o de tal editorial. ¡Otro libro más! ¡Otro paquete más! ¡Más dinero para sellos, carallo!… Pero le daba lo mismo. El ímprobo esfuerzo cabalgaba a lomos de una esperanza abotonada de ciega ficción.
─Este seguro que contesta.
─Esta mujer sabe lo que es luchar en silencio desde la distancia y que nadie vea el esfuerzo volcado en cada palabra escrita.
Otro paquete más, y van ya… ¡Otro libro más!
Teimudo, de este desquiciante y contumaz modo, pasaba las noches que otros dedicaban al más absoluto de los sueños. Cerca de doscientos paquetes (¡se dice bien pronto!) con libros escritos por él y cartas reclamando un hueco en esa maldita lista de “poetas nuevos” que nunca mostraba la cara en los periódicos o revistas especializadas.
Con el paso del tiempo, Teimudo se llegó a conformar, un día que echó las sangrantes cuentas de tal voluntariosa afición, y ante el silencio que escupía su correo electrónico, con una opinión o con una simple frase de cobijo literario. Sólo eso. Saberme leído, incubaba su dolor. ¿La publicación? ¡Cuán largo me lo fiais, amigo!
Y esa noche, la mágica noche de los libros, entre escalofríos y náuseas, despertó sudando, como se dice en gallego, los siete mares. Acababa de soñar que el cartero dejaba la carta de un bueno amigo en su buzón.
Y después Teimudo soñó que soñaba.
Y al siguiente día, otra noche más, se puso a hacer otro paquete de libros.

filoso@filoso.gal

Author: José María Máiz Togores

Profesor e escritor. O primeiro, de seguro. O segundo, iso creo.

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